Eduardo García Llama, jefe de controladores de vuelo de ingeniería en el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston (Texas), ha perdido la cuenta de las horas de trabajo en los últimos días. Este físico e ingeniero de Alcobendas (Madrid) es uno de los responsables técnicos de Artemis II , la primera misión tripulada al vecindario de la Luna desde el programa Apolo, hace ya más de cincuenta años. Antes del intento de despegue, previsto para el 1 de abril tras varios aplazamientos, el ritmo es frenético, con operaciones y simulaciones que se llevan a cabo día y noche. Las más importantes ocurren durante el ‘Wet Dress Rehearsal’ o ‘ensayo en frío’, durante la cual el cohete se carga de combustible y se simula la cuenta regresiva completa sin encendido en el Centro Espacial Kennedy, Florida.Algunas de esas pruebas dependen del equipo de García Llama. Y en cuanto se enciendan los motores del cohete SLS, el mayor jamás construido, con la cápsula Orión Integrity en su punta, estará a cargo de los sistemas de guiado, control y actividades de aproximación y atraque (RPOD) de la nave. Si algo va mal, sucede algo inesperado o surge una emergencia antes del despegue o durante el vuelo, el español tendrá la última palabra. Es una enorme responsabilidad por «el importante significado histórico de esta misión pero, sobre todo, porque nuestra gran preocupación es la seguridad de los astronautas», dice. Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Autónoma de Madrid, García Llama logró una beca para formarse en el Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espacial (ESTEC) en Noordwijk, Países Bajos, durante dos años. Cuando acabó, la Agencia Espacial Europea (ESA) le seleccionó para trabajar en un equipo integrado con la NASA en el Centro Johnson para el desarrollo de una nave de rescate de astronautas llamada X38. El proyecto no siguió adelante, pero el madrileño debió de causar una muy buena impresión en la NASA, porque le propusieron quedarse. De eso hace ya más de dos décadas.Noticia Relacionada Si Carlos García-Galán, el malagueño al que la NASA ha puesto al mando de la primera colonia en la Luna Patricia Biosca Ocupará uno de los puestos de mayor responsabilidad en el Programa ArtemisEn Johnson ha desarrollado su trabajo hasta hoy. Incluso recibió el reconocimiento ‘Eagle Eye Award’ (Premio Ojo de Águila) de la agencia. «El día antes del lanzamiento de Artemis I (la misión sin tripulación que rodeó la Luna en 2022 y que sirvió de ensayo para Artemis II ), hicimos una prueba en la nave de la que mi equipo era responsable. Todo iba realmente muy bien, pero cuando iba a terminarse vi por el rabillo del ojo un cambio de color en el monitor. De verde pasaba de forma intermitente al amarillo, lo que señalaba que podía haber un problema. Fue una fracción de segundo, pero lo advertí y se descubrió un fallo en el software que, aunque no era un gran contratiempo, había que arreglar. Esos son los estándares altísimos con los que trabajamos. Cualquier cosa que no encaje en lo que esperamos, se investiga», asegura.Pese a esa luz de advertencia, García Llama decidió seguir adelante y dar su visto bueno al lanzamiento de Artemis I, que finalmente se pospuso por otras cuestiones. ¿Saldría Artemis II, con cuatro vidas a bordo, si se observara un fallo similar? «Creo que sí, pero es una situación hipotética que es difícil de contestar. Con Artemis I, como finalmente se pospuso, tuvimos la oportunidad de investigar lo que vi con mayor profundidad. Y esa investigación confirmó el criterio de mi decisión», responde.«Antes del lanzamiento de Artemis I vi con el rabillo del ojo una luz de cambiaba de verde a amarillo y descubrí un fallo de software. Me dieron un premio»Una bomba controlada Cuando Artemis II despegue, el ingeniero vivirá varios momentos en los que contendrá el aliento. «El lanzamiento y la reentrada siempre son delicados. La nave tiene que atravesar un periodo en el que está sometida a muchas vibraciones y tensiones, cambios de temperatura, de presión… En el lanzamiento, además, está encima de un cohete cargado con centenares de miles de galones de combustible. Es como una bomba controlada», explica. Además, durante el segundo día de misión, «hay un momento muy crítico, cuando decidimos el ‘go’ para ir a la Luna». Este encendido, que se llama Inyección Translunar (TLI), implica extender la misión a los diez días de duración programados y enviar a la tripulación al vecindario lunar, sin vuelta atrás. «Tenemos que estar muy seguros antes de hacerlo», subraya. Otro momento clave sucederá a unas cinco o seis horas de la reentrada de la nave en la atmósfera de la Tierra, cuando el ingeniero decidirá si es necesario realizar una maniobra de corrección de la trayectoria «para asegurarnos de que entre de forma segura con el ángulo adecuado y en el lugar adecuado». Gran parte del vuelo estará automatizado, aunque los astronautas , con el comandante Reid Wiseman a la cabeza, tienen la opción de ejecutar muchas de las operaciones de forma manual, para lo que han sido entrenados. «Si lo necesitaran, por cualquier razón técnica, podrían tomar el control de la nave. Además, también realizarán muchas pruebas a bordo», explica García Llama.García Llama, con el Saturno V al fondo en el Centro Espacial Johnson de la NASA Eduardo García Llama / NASAPor ejemplo, el primer día de vuelo para Artemis II, cuando la nave esté en una órbita muy elíptica alrededor de la Tierra, la tripulación ejecutará una de las pruebas de control manual de la nave en las cercanías de la última etapa del lanzador. «Eso no se hizo en Apolo 8», destaca el ingeniero. Otra de las diferencias con la misión de los años 60 es que «en vez de dar varias órbitas alrededor de la Luna, Integrity tendrá una trayectoria de circunvalación. Vamos a ir por detrás (del satélite) y volver en una trayectoria que llamamos de retorno libre. No hay que hacer necesariamente ninguna maniobra para que la nave pueda regresar a la Tierra desde la Luna», describe.Reconoce haber aprendido muchas lecciones de Artemis I, tanto en los aspectos técnicos como de organización. «Los estándares son muy altos y el objetivo es siempre mejorar, ser mejores para la siguiente», subraya. Nunca temió que el programa se cancelara por los recortes de la administración Trump. «Tenemos mucho apoyo desde las instituciones. Por otro lado, es algo que no sigo mucho. No me quiero distraer. Sé cuál es mi cometido y no pienso en escenarios que no puedo controlar», dice con diplomacia. MÁS INFORMACIÓN noticia Si Trump quiere volver a la Luna y crear la primera colonia lunar noticia Si La NASA despliega el mayor cohete de la Historia para enviar a cuatro astronautas a la LunaGarcía Llama confía en seguir al cargo en Artemis III, cuando la humanidad vuelva a pisar la Luna en 2028, y en «muchas más misiones Artemis que ya están planificadas», pero no espera dirigir un vuelo a Marte. «Se contempla dentro de mucho tiempo y yo creo que para entonces ya estaré felizmente jubilado», afirma. Eduardo García Llama, jefe de controladores de vuelo de ingeniería en el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston (Texas), ha perdido la cuenta de las horas de trabajo en los últimos días. Este físico e ingeniero de Alcobendas (Madrid) es uno de los responsables técnicos de Artemis II , la primera misión tripulada al vecindario de la Luna desde el programa Apolo, hace ya más de cincuenta años. Antes del intento de despegue, previsto para el 1 de abril tras varios aplazamientos, el ritmo es frenético, con operaciones y simulaciones que se llevan a cabo día y noche. Las más importantes ocurren durante el ‘Wet Dress Rehearsal’ o ‘ensayo en frío’, durante la cual el cohete se carga de combustible y se simula la cuenta regresiva completa sin encendido en el Centro Espacial Kennedy, Florida.Algunas de esas pruebas dependen del equipo de García Llama. Y en cuanto se enciendan los motores del cohete SLS, el mayor jamás construido, con la cápsula Orión Integrity en su punta, estará a cargo de los sistemas de guiado, control y actividades de aproximación y atraque (RPOD) de la nave. Si algo va mal, sucede algo inesperado o surge una emergencia antes del despegue o durante el vuelo, el español tendrá la última palabra. Es una enorme responsabilidad por «el importante significado histórico de esta misión pero, sobre todo, porque nuestra gran preocupación es la seguridad de los astronautas», dice. Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Autónoma de Madrid, García Llama logró una beca para formarse en el Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espacial (ESTEC) en Noordwijk, Países Bajos, durante dos años. Cuando acabó, la Agencia Espacial Europea (ESA) le seleccionó para trabajar en un equipo integrado con la NASA en el Centro Johnson para el desarrollo de una nave de rescate de astronautas llamada X38. El proyecto no siguió adelante, pero el madrileño debió de causar una muy buena impresión en la NASA, porque le propusieron quedarse. De eso hace ya más de dos décadas.Noticia Relacionada Si Carlos García-Galán, el malagueño al que la NASA ha puesto al mando de la primera colonia en la Luna Patricia Biosca Ocupará uno de los puestos de mayor responsabilidad en el Programa ArtemisEn Johnson ha desarrollado su trabajo hasta hoy. Incluso recibió el reconocimiento ‘Eagle Eye Award’ (Premio Ojo de Águila) de la agencia. «El día antes del lanzamiento de Artemis I (la misión sin tripulación que rodeó la Luna en 2022 y que sirvió de ensayo para Artemis II ), hicimos una prueba en la nave de la que mi equipo era responsable. Todo iba realmente muy bien, pero cuando iba a terminarse vi por el rabillo del ojo un cambio de color en el monitor. De verde pasaba de forma intermitente al amarillo, lo que señalaba que podía haber un problema. Fue una fracción de segundo, pero lo advertí y se descubrió un fallo en el software que, aunque no era un gran contratiempo, había que arreglar. Esos son los estándares altísimos con los que trabajamos. Cualquier cosa que no encaje en lo que esperamos, se investiga», asegura.Pese a esa luz de advertencia, García Llama decidió seguir adelante y dar su visto bueno al lanzamiento de Artemis I, que finalmente se pospuso por otras cuestiones. ¿Saldría Artemis II, con cuatro vidas a bordo, si se observara un fallo similar? «Creo que sí, pero es una situación hipotética que es difícil de contestar. Con Artemis I, como finalmente se pospuso, tuvimos la oportunidad de investigar lo que vi con mayor profundidad. Y esa investigación confirmó el criterio de mi decisión», responde.«Antes del lanzamiento de Artemis I vi con el rabillo del ojo una luz de cambiaba de verde a amarillo y descubrí un fallo de software. Me dieron un premio»Una bomba controlada Cuando Artemis II despegue, el ingeniero vivirá varios momentos en los que contendrá el aliento. «El lanzamiento y la reentrada siempre son delicados. La nave tiene que atravesar un periodo en el que está sometida a muchas vibraciones y tensiones, cambios de temperatura, de presión… En el lanzamiento, además, está encima de un cohete cargado con centenares de miles de galones de combustible. Es como una bomba controlada», explica. Además, durante el segundo día de misión, «hay un momento muy crítico, cuando decidimos el ‘go’ para ir a la Luna». Este encendido, que se llama Inyección Translunar (TLI), implica extender la misión a los diez días de duración programados y enviar a la tripulación al vecindario lunar, sin vuelta atrás. «Tenemos que estar muy seguros antes de hacerlo», subraya. Otro momento clave sucederá a unas cinco o seis horas de la reentrada de la nave en la atmósfera de la Tierra, cuando el ingeniero decidirá si es necesario realizar una maniobra de corrección de la trayectoria «para asegurarnos de que entre de forma segura con el ángulo adecuado y en el lugar adecuado». Gran parte del vuelo estará automatizado, aunque los astronautas , con el comandante Reid Wiseman a la cabeza, tienen la opción de ejecutar muchas de las operaciones de forma manual, para lo que han sido entrenados. «Si lo necesitaran, por cualquier razón técnica, podrían tomar el control de la nave. Además, también realizarán muchas pruebas a bordo», explica García Llama.García Llama, con el Saturno V al fondo en el Centro Espacial Johnson de la NASA Eduardo García Llama / NASAPor ejemplo, el primer día de vuelo para Artemis II, cuando la nave esté en una órbita muy elíptica alrededor de la Tierra, la tripulación ejecutará una de las pruebas de control manual de la nave en las cercanías de la última etapa del lanzador. «Eso no se hizo en Apolo 8», destaca el ingeniero. Otra de las diferencias con la misión de los años 60 es que «en vez de dar varias órbitas alrededor de la Luna, Integrity tendrá una trayectoria de circunvalación. Vamos a ir por detrás (del satélite) y volver en una trayectoria que llamamos de retorno libre. No hay que hacer necesariamente ninguna maniobra para que la nave pueda regresar a la Tierra desde la Luna», describe.Reconoce haber aprendido muchas lecciones de Artemis I, tanto en los aspectos técnicos como de organización. «Los estándares son muy altos y el objetivo es siempre mejorar, ser mejores para la siguiente», subraya. Nunca temió que el programa se cancelara por los recortes de la administración Trump. «Tenemos mucho apoyo desde las instituciones. Por otro lado, es algo que no sigo mucho. No me quiero distraer. Sé cuál es mi cometido y no pienso en escenarios que no puedo controlar», dice con diplomacia. MÁS INFORMACIÓN noticia Si Trump quiere volver a la Luna y crear la primera colonia lunar noticia Si La NASA despliega el mayor cohete de la Historia para enviar a cuatro astronautas a la LunaGarcía Llama confía en seguir al cargo en Artemis III, cuando la humanidad vuelva a pisar la Luna en 2028, y en «muchas más misiones Artemis que ya están planificadas», pero no espera dirigir un vuelo a Marte. «Se contempla dentro de mucho tiempo y yo creo que para entonces ya estaré felizmente jubilado», afirma.

Eduardo García Llama, jefe de controladores de vuelo de ingeniería en el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston (Texas), ha perdido la cuenta de las horas de trabajo en los últimos días. Este físico e ingeniero de Alcobendas (Madrid) es uno de los responsables técnicos de Artemis II, la primera misión tripulada al vecindario de la Luna desde el programa Apolo, hace ya más de cincuenta años. Antes del intento de despegue, previsto para el 1 de abril tras varios aplazamientos, el ritmo es frenético, con operaciones y simulaciones que se llevan a cabo día y noche. Las más importantes ocurren durante el ‘Wet Dress Rehearsal’ o ‘ensayo en frío’, durante la cual el cohete se carga de combustible y se simula la cuenta regresiva completa sin encendido en el Centro Espacial Kennedy, Florida.
Algunas de esas pruebas dependen del equipo de García Llama. Y en cuanto se enciendan los motores del cohete SLS, el mayor jamás construido, con la cápsula Orión Integrity en su punta, estará a cargo de los sistemas de guiado, control y actividades de aproximación y atraque (RPOD) de la nave. Si algo va mal, sucede algo inesperado o surge una emergencia antes del despegue o durante el vuelo, el español tendrá la última palabra. Es una enorme responsabilidad por «el importante significado histórico de esta misión pero, sobre todo, porque nuestra gran preocupación es la seguridad de los astronautas», dice.
Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Autónoma de Madrid, García Llama logró una beca para formarse en el Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espacial (ESTEC) en Noordwijk, Países Bajos, durante dos años. Cuando acabó, la Agencia Espacial Europea (ESA) le seleccionó para trabajar en un equipo integrado con la NASA en el Centro Johnson para el desarrollo de una nave de rescate de astronautas llamada X38. El proyecto no siguió adelante, pero el madrileño debió de causar una muy buena impresión en la NASA, porque le propusieron quedarse. De eso hace ya más de dos décadas.
Noticia Relacionada
En Johnson ha desarrollado su trabajo hasta hoy. Incluso recibió el reconocimiento ‘Eagle Eye Award’ (Premio Ojo de Águila) de la agencia. «El día antes del lanzamiento de Artemis I (la misión sin tripulación que rodeó la Luna en 2022 y que sirvió de ensayo para Artemis II ), hicimos una prueba en la nave de la que mi equipo era responsable. Todo iba realmente muy bien, pero cuando iba a terminarse vi por el rabillo del ojo un cambio de color en el monitor. De verde pasaba de forma intermitente al amarillo, lo que señalaba que podía haber un problema. Fue una fracción de segundo, pero lo advertí y se descubrió un fallo en el software que, aunque no era un gran contratiempo, había que arreglar. Esos son los estándares altísimos con los que trabajamos. Cualquier cosa que no encaje en lo que esperamos, se investiga», asegura.
Pese a esa luz de advertencia, García Llama decidió seguir adelante y dar su visto bueno al lanzamiento de Artemis I, que finalmente se pospuso por otras cuestiones. ¿Saldría Artemis II, con cuatro vidas a bordo, si se observara un fallo similar? «Creo que sí, pero es una situación hipotética que es difícil de contestar. Con Artemis I, como finalmente se pospuso, tuvimos la oportunidad de investigar lo que vi con mayor profundidad. Y esa investigación confirmó el criterio de mi decisión», responde.
«Antes del lanzamiento de Artemis I vi con el rabillo del ojo una luz de cambiaba de verde a amarillo y descubrí un fallo de software. Me dieron un premio»
Una bomba controlada
Cuando Artemis II despegue, el ingeniero vivirá varios momentos en los que contendrá el aliento. «El lanzamiento y la reentrada siempre son delicados. La nave tiene que atravesar un periodo en el que está sometida a muchas vibraciones y tensiones, cambios de temperatura, de presión… En el lanzamiento, además, está encima de un cohete cargado con centenares de miles de galones de combustible. Es como una bomba controlada», explica. Además, durante el segundo día de misión, «hay un momento muy crítico, cuando decidimos el ‘go’ para ir a la Luna». Este encendido, que se llama Inyección Translunar (TLI), implica extender la misión a los diez días de duración programados y enviar a la tripulación al vecindario lunar, sin vuelta atrás. «Tenemos que estar muy seguros antes de hacerlo», subraya. Otro momento clave sucederá a unas cinco o seis horas de la reentrada de la nave en la atmósfera de la Tierra, cuando el ingeniero decidirá si es necesario realizar una maniobra de corrección de la trayectoria «para asegurarnos de que entre de forma segura con el ángulo adecuado y en el lugar adecuado».
Gran parte del vuelo estará automatizado, aunque los astronautas, con el comandante Reid Wiseman a la cabeza, tienen la opción de ejecutar muchas de las operaciones de forma manual, para lo que han sido entrenados. «Si lo necesitaran, por cualquier razón técnica, podrían tomar el control de la nave. Además, también realizarán muchas pruebas a bordo», explica García Llama.

(Eduardo García Llama / NASA)
Por ejemplo, el primer día de vuelo para Artemis II, cuando la nave esté en una órbita muy elíptica alrededor de la Tierra, la tripulación ejecutará una de las pruebas de control manual de la nave en las cercanías de la última etapa del lanzador. «Eso no se hizo en Apolo 8», destaca el ingeniero. Otra de las diferencias con la misión de los años 60 es que «en vez de dar varias órbitas alrededor de la Luna, Integrity tendrá una trayectoria de circunvalación. Vamos a ir por detrás (del satélite) y volver en una trayectoria que llamamos de retorno libre. No hay que hacer necesariamente ninguna maniobra para que la nave pueda regresar a la Tierra desde la Luna», describe.
Reconoce haber aprendido muchas lecciones de Artemis I, tanto en los aspectos técnicos como de organización. «Los estándares son muy altos y el objetivo es siempre mejorar, ser mejores para la siguiente», subraya. Nunca temió que el programa se cancelara por los recortes de la administración Trump. «Tenemos mucho apoyo desde las instituciones. Por otro lado, es algo que no sigo mucho. No me quiero distraer. Sé cuál es mi cometido y no pienso en escenarios que no puedo controlar», dice con diplomacia.
García Llama confía en seguir al cargo en Artemis III, cuando la humanidad vuelva a pisar la Luna en 2028, y en «muchas más misiones Artemis que ya están planificadas», pero no espera dirigir un vuelo a Marte. «Se contempla dentro de mucho tiempo y yo creo que para entonces ya estaré felizmente jubilado», afirma.
RSS de noticias de ciencia

