La ex congresista, muy señalada desde la renuncia de su mano derecha atacando al presidente por la guerra de Irán, alega razones personales por una grave enfermedad de su marido Leer La ex congresista, muy señalada desde la renuncia de su mano derecha atacando al presidente por la guerra de Irán, alega razones personales por una grave enfermedad de su marido Leer
La responsable de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, ha presentado su dimisión este viernes al asumir la pérdida de confianza del presidente Donald Trump. Gabbard, una excongresista de 45 años muy cuestionada durante su proceso de nominación para ponerse al frente de las agencias de espionaje por sus simpatías hacia Bashar Asad, China o Rusia, había quedado muy señalada tras la dimisión de quien fuera su número dos, Joe Kent, en marzo.
Gabbard dejará el puesto el 30 de junio debido al reciente diagnóstico de su marido de una forma agresiva de cáncer óseo. «Lamentablemente, debo presentar mi renuncia. A mi esposo, Abraham, le diagnosticaron recientemente una forma extremadamente rara de cáncer de hueso. Se enfrenta a grandes desafíos en las próximas semanas y meses. En este momento, debo apartarme del servicio público para estar a su lado y brindarle todo mi apoyo durante esta lucha», ha explicado en una misiva.
«Lamentablemente, tras haber realizado una labor excepcional, Tulsi Gabbard dejará la Administración el 30 de junio. Su querido esposo, Abraham, ha sido diagnosticado recientemente con una forma rara de cáncer de hueso, y ella, con toda razón, desea estar a su lado, ayudándolo a recuperarse mientras luchan juntos contra esta dura enfermedad. No me cabe duda de que pronto estará mejor que nunca. Tulsi ha hecho un trabajo increíble y la echaremos de menos. Su muy respetado Subdirector Principal de Inteligencia Nacional, Aaron Lukas, asumirá el cargo de Director Interino de Inteligencia Nacional», ha escrito Trump en sus redes sociales haciendo pública la carta de renuncia.
Su mano derecha, Kent, director del Centro Nacional Antiterrorista de Estados Unidos, se marchó de forma sonada como protesta por la «Tercera Guerra del Golfo» en Irán, asegurando no solo que no existía ninguna amenaza inminente para el país, sino que la Casa Blanca se había visto arrastrada por las presiones y mentiras de Benjamin Netanyahu y sus grupos de influencia, que habrían «engañado» al presidente apartándolo del que había sido su principio rector en política exterior: America First. Trump, muy molesto, ha cargado una y otra vez contra él desde entonces, pero también expresó en privado su rabia hacia Gabbard.
Gabbard tuvo un papel secundario en las conversaciones previas a la guerra con Irán, a pesar de ser la responsable de Inteligencia. Según diversas crónicas, no estaba alineada con la visión del presidente y sostenía que Estados Unidos e Israel «tenían objetivos diferentes» y que Teherán no había hecho ningún esfuerzo por reconstruir su programa nuclear desde los ataques estadounidenses contra tres instalaciones nucleares el año pasado.
La carrera de Gabbard es una de las más extrañas y controvertidas de la política estadounidense reciente. Nacida en Samoa y criada en Hawái, veterana de la guerra de Irak, saltó a la fama como joven estrella del Partido Demócrata y llegó a ser congresista por las islas entre 2013 y 2021. Era progresista en la mayoría de temas sociales y profundamente anti intervencionista en política exterior, en la línea del hoy vicepresidente JD Vance.
En 2016 rompió con la dirección demócrata al posicionarse con Bernie Sanders, el candidato más a la izquierda del partido, frente a Hillary Clinton, y desde entonces fue girando políticamente hasta acabar llegando al trumpismo. Voz cada vez más habitual en los medios conservadores, se volvió una crítica feroz de las guerras, del FBI y a las agencias de inteligencia, de Ucrania y elaboró un discurso lleno de conspiraciones woke y de diversidad, censura y el papel del deep state, el «estado profundo».
En su ajustada confirmación en el Senado, que sólo superó por la presión brutal de la Casa Blanca, mostró sus simpatías hacia Edward Snowden, refugiado en Moscú tras sus filtraciones. También negó, en contra de las evaluaciones de la inteligencia estadounidense, que el dictador sirio Bashar Asad hubiera usado armas químicas contra su propio pueblo. Además, según denunciaron senadores demócratas, «se reunió a sabiendas con un clérigo sirio que ha amenazado públicamente con perpetrar atentados con bomba en serie contra Estados Unidos e intentó culpar a Estados Unidos y a la OTAN de la invasión ilegal de Ucrania por parte del presidente ruso Vladimir Putin«.
Durante la campaña, Gabbard logró situarse muy cerca del círculo de Trump. Y el presidente confió en ella para una de sus principales prioridades y obsesiones: demostrar que ganó las elecciones de 2020 y que hubo un fraude masivo en su contra, a pesar de que nunca han aparecido pruebas concluyentes y de que todos los pleitos impulsados por él y los republicanos fueron desestimados.
Aunque no tiene competencias electorales, Gabbard sí tenía, según el presidente, responsabilidad para garantizar que no hubiera injerencias en las votaciones. Sobre esa base cuestionable, dedicó mucho tiempo a «investigar» todo tipo de teorías de fraude electoral. El caso más llamativo se produjo hace unas semanas, cuando se presentó en un centro electoral del condado de Fulton, en Georgia, acompañada por agentes del FBI que confiscaron máquinas de votación y cientos de cajas relacionadas con las elecciones de 2020. Durante la operación, Gabbard llamó desde su móvil al presidente, lo puso en altavoz y este agradeció personalmente a los agentes su trabajo.
«Si bien hemos logrado avances significativos en la ODNI, promoviendo una transparencia sin precedentes y restaurando la integridad de la comunidad de inteligencia, reconozco que aún queda mucho trabajo por hacer. Me comprometo plenamente a garantizar una transición fluida y completa en las próximas semanas para que usted y su equipo no experimenten ninguna interrupción en el liderazgo ni en el ritmo de trabajo.Gracias por su comprensión durante este momento tan personal y difícil para nuestra familia. Siempre estaré agradecida a usted y al pueblo estadounidense por el profundo honor de servir a nuestra nación como Directora de Inteligencia Nacional», dice la carta de renuncia.
La salida de Gabbard llega después de la de la ex fiscal general Pam Bondi, acusada de no perseguir a los enemigos políticos del presidente al ritmo que él deseaba, de no haber gestionado el caso Epstein a gusto de Trump y de oponerse al fondo de 1.800 millones de dólares anunciado esta semana para compensar a aliados del presidente que se consideraban perseguidos por administraciones demócratas. También abandonó el cargo Kristi Noem, responsable de Interior y de las agencias migratorias.
Asimismo, han dejado sus puestos el mencionado Kent o la ministra de Empleo Lori Chavez, salpicada por escándalos y denuncias contra su familia por acoso sexual y abusos laborales. En la lista de los más señalados siguen el director del FBI, Kash Patel, acusado de emborracharse constantemente y de descuidar su trabajo; o el secretario de Defensa, Pete Hegseth, a quien el presidente ordenó rectificar ayer mismo su polémica decisión de no desplegar 4.000 soldados en Polonia.
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