Deliciosos profetas: los Nabis en la Pedrera

A menudo confundimos arte con la historia de la historia del arte: variaciones de una melodía básica, sea en tono mayor y optimista (la vanguardia en arte es pareja al progreso de las ciencias y el conocimiento), o menor y pesimista (el arte ha muerto, la pintura ha muerto, ya nadie pinta como Velázquez, nos asomamos a un abismo de vulgaridad…)

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 A menudo confundimos arte con la historia de la historia del arte: variaciones de una melodía básica, sea en tono mayor y optimista (la vanguardia en arte es pareja al progreso de las ciencias y el conocimiento), o menor y pesimista (el arte ha muerto, la pintura ha muerto, ya nadie pinta como Velázquez, nos asomamos a un abismo de vulgaridad…)Seguir leyendo…  

A menudo confundimos arte con la historia de la historia del arte: variaciones de una melodía básica, sea en tono mayor y optimista (la vanguardia en arte es pareja al progreso de las ciencias y el conocimiento), o menor y pesimista (el arte ha muerto, la pintura ha muerto, ya nadie pinta como Velázquez, nos asomamos a un abismo de vulgaridad…)

Ascienda o descienda, esa narración va de periodo en periodo, de genio en genio, y de obra maestra en obra maestra: los genios anónimos de Altamira, las antiguas civilizaciones, la inimitable y tan imitada Grecia clásica, la espiritualidad de la Edad Media, la aparición del hombre-medida-de-todas-cosas del Renacimiento con la perspectiva, cuestionada por los impresionistas, disuelta por el cubismo, olvidada por la abstracción para llegar al minimalismo, el conceptual… y la resolución de todo ello en la ironía posmoderna.

Fue el primer grupo en disfrutar de las libertades conquistadas por los impresionistas

Así recorremos museos y exposiciones como quien pasa un arroyo saltando de piedra en piedra, preocupados por si las obras están a la altura de su fama y nosotros a la altura de las obras. Agotador. Con el riesgo añadido de que, saltando de las maravillas del impresionismo y el postimpresionismo directamente a la aventura intelectual del fauvismo y el cubismo, pasamos por encima de joyas como los Nabis, que se exponen en La Pedrera hasta el 28 de junio.

Este grupo de artistas variopintos, entre los cuales Vuillard y Bonnard, Sérusier y Valloton, Maurice Denis y Aristides Maillol, apareció a finales del XIX, en un momento en que París era la indisputada meca de la pintura. Más que un grupo rompedor y vanguardista, cohesionado y dogmático con un programa para cambiar el curso del arte, fue el primero en disfrutar de las libertades conquistadas por los impresionistas y usarlas con toda naturalidad en temas que no eran distintos de los anteriores. Menos interesados en la representación de la luz descomponiéndola (como harían los puntillistas) que en el uso de los campos de color practicado por Gauguin (y que nos regalaría unos años más tarde los papeles recortados de Matisse), asombra la desenvoltura con la que crean el espacio, sea paisaje o íntimo, con colores puros y dibujo muy gráfico, influido por el auge de la prensa escrita y el uso de la ilustración, así como por la llegada de las estampas japonesas de Ukio-ye. No hay temas heroicos, melodramáticos ni escatológicos, no se busca sorprender, epatar ni provocar. Su profecía era modesta y razonable: el arte que había sorprendido hasta la ofensa unos años antes había pasado a ser la normalidad. Tampoco buscaron el halago, pero se nota en lo que pintan y en cómo lo pintan, que contaban con un público aficionado que jaleaba sus alegres experimentos.

Una visitante pasa delante de dos obras en la exposición de La Pedrera
Una visitante pasa delante de dos obras en la exposición de La PedreraMané Espinosa

El mérito y la delicia de esta exposición está en el rigor del planteamiento, en la variedad de los registros, de grandes obras a bocetos pasando por obra gráfica, ilustración de prensa y libros, carteles y pasquines, trasladándonos a uno de esos momentos afortunados de la historia y de la historia del arte en la que la relación entre los artistas y su público parece natural y fluida, ahorrándonos manifiestos y proclamas. Una delicia que nos permite hincarle el diente a la Belle Époque, quizás no tan bella como su nombre sugiere, pero rica en cultura y muy bien representada por este grupo de artistas muy serios que se lo pasaron muy bien.

Así que no se la pierdan, y no se compliquen la vida: déjense atrapar un ratito por las obras que les atraen y mírenlas cara a cara. Ellas harán su trabajo y horas después seguirán hablando con ustedes. Disfruten.

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