Alan Daitch es un influencer con más de 256.000 seguidores que, según proclama en su página web, se dedica a hacer que la inteligencia artificial trabaje para las personas y los negocios. “Con transparencia, claridad y sin humo”, recalca. Uno de sus vídeos más virales, basado en un texto de Peter Girnus, cuenta cómo se vende la IA sin que a veces nadie la acabe usando y, en algunos casos, ni siquiera entendiendo. En él recrea la vida de un empleado que vende la transformación digital a su empresa sin que los empleados comprendan lo que les dice, con KPIs (indicadores) inventados, gráficos que siempre disparan el negocio hacia arriba y una adopción que solo existe en la presentación PowerPoint que se muestra. El resultado: a pesar de que nadie tenía claro lo que se vendía, no hubo ninguna oposición para aprobarlo.
Palabras técnicas que nadie entiende, indicadores inexistentes y gráficos de crecimiento de dudosa credibilidad. La solución: regulación y formación ciudadana
Alan Daitch es un influencer con más de 256.000 seguidores que, según proclama en su página web, se dedica a hacer que la inteligencia artificial trabaje para las personas y los negocios. “Con transparencia, claridad y sin humo”, recalca. Uno de sus vídeos más virales, basado en un texto de Peter Girnus, cuenta cómo se vende la IA sin que a veces nadie la acabe usando y, en algunos casos, ni siquiera entendiendo. En él recrea la vida de un empleado que vende la transformación digital a su empresa sin que los empleados comprendan lo que les dice, con KPIs (indicadores) inventados, gráficos que siempre disparan el negocio hacia arriba y una adopción que solo existe en la presentación PowerPoint que se muestra. El resultado: a pesar de que nadie tenía claro lo que se vendía, no hubo ninguna oposición para aprobarlo.
“No ha habido una adopción paulatina, y su uso no tiene precedentes en la historia reciente. Tecnologías como el BlockChain o el Metaverso prometían mucho, pero se han acabado quedando fuera. La IA, en cambio, te permite hacer de todo, está en todas partes”. Cristina Aranda, consultora de inteligencia artificial y fundadora de Mujeres Tech, apunta directamente a la brusca aparición de estas nuevas tecnologías como una de las principales causas del fenómeno. “El techwashing es muy similar al greenwashing : generan narrativas paralelas para poner el foco en la transparencia y en aquello que genera un compromiso social, mientras hacen otra cosa”.

En la misma línea apunta Orencio Vázquez, coordinador del Observatorio de Responsabilidad Social (ORS): “El tema tecnológico es utilizado en muchas ocasiones para perpetuar modelos insostenibles desde una perspectiva climática y ambiental”. Es el caso de las empresas que, aludiendo a la adopción de nuevas tecnologías respetuosas con el planeta, crean un discurso que, si se analiza al detalle, no se sostiene por ningún lado. “En muchas ocasiones se utiliza vocabulario y eslóganes que generan confusión y una percepción distinta en cuanto a la estrategia real de la empresa en ámbitos ambientales”.
Un informe de la Comisión Europea revela que el 53% de los productos etiquetados como respetuosos con el medio ambiente en la Unión Europea carecen de fundamentos verificables, y hasta un 40% no están respaldados por prueba alguna. La tecnología sirve, hoy, como una herramienta más en este sentido.
La Ley para el Buen Uso y la Gobernanza de la IA prevé sanciones desde los 7,5 hasta los 35 millones de euros
El fenómeno, que no solo afecta a los discursos sobre sostenibilidad, nace de esta demanda cada vez más acusada de innovación tecnológica, sea en el sector que sea. Y, a mayor demanda, mayor posibilidad de fraude. Además, se trata de una situación inédita. “Es la primera vez en la historia de la humanidad que no se sabe del todo cómo trabaja una tecnología. Y eso conduce a problemas éticos de transparencia y responsabilidad”, cuenta Aranda en una entrevista con La Vanguardia .
Según datos del INE, el 21% de las empresas de más de 10 empleados ya usan IA en su operativa diaria. La experta destaca casos prácticos como el de las hipotecas. “Ahora, quien decide en el banco si te la van a dar o no es un algoritmo. Cuando les pides explicaciones de por qué no has podido acceder a ella, te reconocen que ni ellos mismos saben en qué se basa ni cómo funciona la tecnología que usan”.
El 21% de las empresas que cuentan con más de 10 empleados en plantilla ya usan la IA en su operativa diaria
También se utiliza para justificar despidos masivas, como en el caso de Amazon, que entre el 2025 y el 2026 llevará a cabo una reestructuración masiva que eliminará hasta 30.000 puestos de trabajo. Algunos de los motivos se basan en la mayor autonomía y la reducción de niveles jerárquicos gracias a la inteligencia artificial.
“Están robando muchísima información de propiedad intelectual, hasta tesis doctorales”, prosigue Aranda. Y es que las demandas a empresas de IA por violación de este tipo de derechos se han multiplicado en los últimos meses. De ahí nace el movimiento contra el copyright iniciado por grandes magnates tecnológicos como el cofundador de X, Jack Dorsey, y el propio Elon Musk (OpenAI también se sumó al carro). Recientemente, el Tribunal Regional de Múnich condenó a OpenaAI por violar derechos de autor musicales, dando la razón a la Sociedad de Gestión de Derechos Musicales de Alemania (GEMA). Esta sentencia es, para desgracia de los creadores, un rara abis, ya que muchos de los fallos han acabado dando la razón a empresas de IA.
Más de la mitad de los productos marcados como respetuosos con el medio ambiente no lo son
Si nos ceñimos a los últimos precedentes, queda claro que la respuesta al techwashing no puede venir solo desde las empresa. La clave está en la regulación: “Las empresas ni están ni se les espera”, afirma Aranda con contundencia. En ese sentido, valora positivamente la normativa europea de IA –el EU AI Act– como “un muy buen primer paso”, y apunta al papel que debe jugar la primera Secretaría de Estado de Inteligencia Artificial en España, cuya misión debería ser auditar y obligar a las compañías a desarrollar una IA justa y responsable “sin escudarse en el discurso tecnológico para esquivar compromisos reales”. Está previsto que se apruebe, próximamente, la Ley para el Buen Uso y la Gobernanza de la Inteligencia Artificial, cuyas sanciones irán desde los 7,5 hasta los 35 millones de euros (o el 7% de la facturación global anual).
“La regulación, por sí sola, no basta. Debemos fomentar una ciudadanía más informada y exigente, capaz de interpelar a sus representantes políticos”. la fundadora de Mujeres Tech pone el foco en un cambio que considera imprescindible: acabar con la opacidad del lenguaje técnico. “Hay que hacer más legible todo este lenguaje”, defiende. “Las empresas deben estar obligadas a explicar qué algoritmos usan y para qué, porque esa oscuridad deliberada es, en sí misma, una forma de eludir la responsabilidad sobre decisiones que afectan directamente a las personas”.
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