El Gobierno castrista busca apuntalar su legitimidad en plena oleada de protestas y ante el cerco político y energético de Washington Leer El Gobierno castrista busca apuntalar su legitimidad en plena oleada de protestas y ante el cerco político y energético de Washington Leer
La revolución cubana ha pasado al contraataque en un intento de sacudirse la presión agobiante de las protestas diarias de sus ciudadanos y del cerco político y energético de Washington. El objetivo del régimen castrista es vender la idea de que no está dispuesto a abandonar la utopía de los barbudos de Sierra Maestra y de que pretende defender con todo al pueblo cubano, pese a la evidente pérdida de apoyo popular.
La última encuesta del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) lo ha plasmado en cifras: el 92% de los cubanos están en contra de las medidas gubernamentales.
«Hay temas para dialogar con Washington, pero el modelo cubano no está en discusión«, aseguró sin firmeza Carlos Fernández de Cossío, el mismo vicecanciller que negó en un principio las negociaciones entre el Departamento de Estado y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el Cangrejo, nieto favorito de Fidel Castro.
Parecidas explicaciones repartió el señalado Miguel Díaz-Canel, presidente cubano cuya cabeza se negocia entre ambos bandos, a sus invitados internacionales, integrantes de la llamada «Caravana de la Dignidad», entre los que se encuentran los españoles Pablo Iglesias y Gerardo Pisarello. El cofundador de Podemos, pertinaz defensor de las dictaduras americanas, protagonizó una polémica al difundir un vídeo en defensa del régimen desde un hotel de lujo de La Habana, lo que provocó la indignación de un ejército de activistas que le recriminaron en las redes sociales.
«Cuba es un desastre y es por su Gobierno comunista que no funciona. Es la peor situación que jamás se haya vivido», criticó Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos. Economistas y expertos le dan la razón: la isla sufre un infierno provocado por la crisis multisistémica de un sistema fracasado, incrementada además por el bloqueo energético estadounidense, que, en primera instancia, ha impedido que el chavismo siguiera regalando petróleo a sus aliados.
Las protestas comenzaron hace dos semanas en La Habana y se han repetido desde entonces por distintos puntos de la isla, entre tinieblas y con parecidas demandas de libertad. El 89% de los hogares viven en pobreza, agobiados por la falta de electricidad, la escasez de alimentos y el desabastecimiento de medicinas y productos básicos.
Ante semejante tesitura, activistas y opositores han reaccionado con firmeza tras la llegada de los amigos internacionales de la dictadura. «La ayuda humanitaria podía venir como tantas veces con iglesias, grupos, en silencio, con modestia; en anonimato absoluto han entregado ayuda. Pero esta izquierda caviar y racista armó el circo para compensar a los sectores duros, demostrar que la utopía vacía puede ser ocupada por una izquierda ruidosa, sin sustancia ni contenido, que intenta rescatar una utopía liquidada más por sí misma, más que la presión estadounidense», explica a EL MUNDO el líder opositor progresista Manuel Cuesta Morúa, presidente del Consejo para la Transición Democrática en Cuba (CTDC).
«¿Izquierda racista? Nos enfrentamos al doble racismo atávico de cierta izquierda, un doble racismo que nos ve a nosotros como los buenos salvajes a los que hay que ayudar; un racismo profundo que la izquierda europea tiende a reproducir. En su mirada, ninguna de esta izquierda caviar y radical incluye los problemas de los afrodescendientes, los más vulnerables entre la mucha gente que sufre. Su ayuda es básicamente para el Gobierno cubano, para reflotar la idea de que la izquierda es solidaria son ciertos gobiernos y no con el pueblo«, remacha Cuesta Morúa sin ambages.
De momento, la tensión aflora entre ambos gobiernos. La Embajada de Estados Unidos en La Habana mantiene vigente la alerta roja ante posibles manifestaciones gubernamentales en el Malecón, donde está situada. Además, The Washington Post confirmó que el Gobierno castrista ha impedido que la legación diplomática importe combustible para sus generadores.
Una situación que recuerda a la de otras épocas con Fidel, cuando el gran líder de la revolución ordenó levantar la famosa Tribuna Antiimperialista frente a la Embajada para convertirla en manifestódromo nacional. Para ello contará con otra arma propagandística: el fusil de combate AKM entregado al cantautor Silvio Rodríguez, dispuesto, a sus 79 años, a derramar su sangre frente al Imperio.
El Gobierno escenificó, con todo su boato revolucionario, la entrega del arma al cantante de la trova, llevada a cabo en presencia de Díaz-Canel y durante otro Día de Defensa Nacional, con los que se pretende entrenar al pueblo de cara a un posible enfrentamiento.
«Cuando Silvio le es más útil a la dictadura con un AKM que con una guitarra, quiere decir que ya se ha quedado sin banda sonora», lamenta a este diario el escritor Camilo Venegas. «Es la misma puesta en escena de siempre: un poder que necesita escenificar enemigos para camuflar lo más posible la inminente capitulación. La revolución se está muriendo y Silvio presiente que el sentido de sus canciones también, por eso la boutade del AKM. Debe ser muy triste pasarse toda una vida convidando a creer en el futuro y acabar tus días en un país que sólo tendrá futuro si toda tu obra lo pierde», concluye Venegas.
Internacional // elmundo
