Todos hemos soñado en algún momento con tener un plan B. Empezar desde cero en otro lugar, a ser posible seguro, con calidad de vida y buenos servicios. Partiendo de la premisa de que disponemos de capital más que suficiente para elegir destino en el mapa. Incluso si tuviéramos que irnos lejos, muy lejos…
Nueva Zelanda promueve en Barcelona su permiso de residencia
Todos hemos soñado en algún momento con tener un plan B. Empezar desde cero en otro lugar, a ser posible seguro, con calidad de vida y buenos servicios. Partiendo de la premisa de que disponemos de capital más que suficiente para elegir destino en el mapa. Incluso si tuviéramos que irnos lejos, muy lejos…
El pasado mes de junio se celebró en Barcelona un acto organizado por Greener Pastures, una agencia de asesoramiento migratorio que buscaba clientes a los que vender, precisamente, este sueño. En su caso, la llave de entrada es la visa Active Investor Plus, un programa diseñado para establecerse en Nueva Zelanda. El principio básico es que para conseguir el permiso de residencia en el país austral primero hay que invertir.
El menú ofrece dos opciones. La primera es destinar el dinero a inversiones de mayor riesgo, como fondos gestionados o inversión directa en empresas neozelandesas. Requiere un desembolso mínimo de unos 2,5 millones de euros durante al menos tres años. Como curiosidad, existe la posibilidad de invertir en uno de los activos más icónicos del país: los kiwis, a través del Kiwi Fruit Fund, que promete unos rendimientos de entre el 8% y el 12%. La segunda opción dirige el capital hacia activos de menor riesgo, lo que incluye bonos, promociones inmobiliarias e incluso actividades filantrópicas. En este caso, el peaje asciende a un mínimo de cinco millones de euros durante un lustro.
El trámite es rápido: el tiempo promedio de aprobación es de apenas 36 días laborables. Una vez comprobado que la inversión se ha mantenido íntegra durante los plazos previstos, se pueden liquidar los fondos (o no) y solicitar la residencia permanente de por vida, sin la obligación de pasar un número mínimo de días al año en el país.
El país austral necesita captar capital y ofrece un visado a cambio de inversiones
Con esta normativa, las islas han captado en poco más de un año un total de 2.130 millones de euros. La primera categoría (la de mayor riesgo) ha acaparado el 83,3% de las solicitudes totales, frente al 16,7% de la modalidad equilibrada (bonos e inmobiliario). En volumen, se han recibido 734 solicitudes. El mapa por nacionalidades lo lidera con diferencia Estados Unidos (252 solicitudes), seguido de China (125). De momento, unos seis ciudadanos españoles han demostrado interés por establecer sus raíces en Nueva Zelanda.
Mischa Mannix-Opie, representante de Greener Pastures, recuerda que se prevé que unos 165.000 millonarios en el mundo se trasladen este año, lo que marcaría el mayor ciclo de migración de patrimonio privado de la historia moderna. “Las familias acomodadas buscan cada vez más la diversificación geográfica y un mayor abanico de opciones para las generaciones futuras”, explica. “Al encuentro de Barcelona asistieron altos ejecutivos de diversas empresas, muchos de ellos con sede en Europa y habituados a trabajar con los programas de captación de residencia por inversión, como los de Portugal o Malta. El evento iba a celebrarse en Dubái, pero con el conflicto en Oriente Medio se trasladó a Barcelona”.
¿Buscan estos inversores un paraíso fiscal o hay algo más? “Estos ciudadanos tienen acceso a nuestro sistema educativo pagando las tasas de matrícula como residentes y a nuestro sistema sanitario público gratuito. A la mayoría de ellos, lo que realmente les atrae es el estilo de vida de Nueva Zelanda: un ritmo un poco más tranquilo, más equilibrado, donde se vive mucho al aire libre”, apunta Mannix-Opie.
Se va de un mínimo de 2,5 millones a 5 millones, desde fondos agrícolas hasta el inmobiliario
Para Nueva Zelanda, este sistema migratorio es un negocio redondo. “Captamos empresarios de éxito que cuentan con redes de contactos que ayudan a crecer a un país pequeño. Como nación exportadora y con unos recursos financieros limitados, necesitamos atraer ese capital”, señala la asesora.
“El aislamiento y nuestra ubicación son un auténtico atractivo, porque estamos lejos de todo lo que está pasando en el mundo”. Pagar para creer.
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