Carmen Maura: “Creo que ahora no sería capaz de trabajar con Almodóvar, me daría mucha pereza”

Aunque, a sus ochenta años, dice que se cansaba de repetir las escenas tanto como le pedía la directora, Maryam Touzani, muy perfeccionista, para Carmen Maura fue una alegría el papel protagonista en Calle Málaga, una película donde está en todos los planos y, por primera vez en su larga trayectoria, aparece desnuda. El estreno, hace un par de semanas, ha coincidido con el de Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, por lo que la actriz no pierde la ocasión de hablar del director que catapultó su fama y del que se ha ido distanciando con el tiempo: “Yo creo que no nos apetece a ninguno de los dos”, reflexiona sobre la posibilidad de volver a trabajar a sus órdenes.

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 La actriz explica su experiencia en ‘Calle Málaga’, de Maryam Touzani, donde se desnuda por primera vez  

Aunque, a sus ochenta años, dice que se cansaba de repetir las escenas tanto como le pedía la directora, Maryam Touzani, muy perfeccionista, para Carmen Maura fue una alegría el papel protagonista en Calle Málaga, una película donde está en todos los planos y, por primera vez en su larga trayectoria, aparece desnuda. El estreno, hace un par de semanas, ha coincidido con el de Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, por lo que la actriz no pierde la ocasión de hablar del director que catapultó su fama y del que se ha ido distanciando con el tiempo: “Yo creo que no nos apetece a ninguno de los dos”, reflexiona sobre la posibilidad de volver a trabajar a sus órdenes.

En Calle Málaga se nota que la cámara la quiere incluso en esas escenas de intimidad, rodadas con gran sutileza en la iluminación, y Carmen Maura se muestra orgullosa de que sea así: “Es que la cámara, si tú la respetas, es fantástica. Como no la respetes, es una hija de puta”, empieza explicando, sin pelos en la lengua, e ironiza sobre los actores que van a cursos de interpretación donde les dicen que la cámara no existe: “La cámara existe, pero, vamos, es la princesa del rodaje”.

“Me gustó tanto el guion que le hubiera dicho que sí a cualquier cosa, la verdad. Yo había visto su obra anterior, El caftán azul, que es maravillosa. Y, claro, pues no sabía que iba a ser tan pesada, tan de repetir, pero estoy tan contenta con el éxito de la película que le perdono todo lo que me hizo sufrir”, recuerda.

“Yo, como he leído tantos guiones, porque siempre leo todo, soy buena lectora para saber si un guion es bueno. No puedo decir que se van a vender entradas, porque eso nunca se sabe, pero el guion era fantástico. Los guiones buenos los veo enseguida. Y este era un guión muy bonito y un papel precioso. El hecho de que ella sea libre, que haga lo que le dé la gana…”, analiza sobre su personaje, al que se le ven “todas las arrugas”.

“El mérito se lo doy a la directora. Porque muchas veces he hecho lo que ella quería, no lo que yo quería. Insistía, insistía. Estaba haciendo su película clarísimamente. Así  que le digo que si me dan un premio de interpretación, la mitad es para ella”, elogia a Maryam Touzani, que también en la secuencia del desnudo le hizo “repetir como cuatro veces el disco entero”.

“Al principio le odio profundamente cuando está en mi casa diciendo: este mueble me gusta, este mueble no me gusta. Lo habría matado. Pero luego, cuando empezamos a llevarnos bien, está muy bien hecho. Y muy bien rodado. Porque empieza solo con miraditas. Muy sutil todo. Que si te arreglo un cajón, que si… y luego el detalle de que ella ya caiga completamente rendida porque le trae su disco a las tantas de la mañana. Eso es muy bonito. Tiene un toque infantil que me gusta mucho. Es una historia muy bonita”, analiza sobre la relación de amor que mantiene con el personaje interpretado por Ahmed Boulane.

A la directora no le intimidaban sus enfados, recuerda Carmen Maura del rodaje, en el que pasó miedo y quiso parar la escena del coche descapotable a toda velocidad por la carretera de la costa de Tánger: “Al día siguiente llegaba con su sonrisa encantadora. Ha sido siempre muy educada conmigo y me ha aguantado mis caras de yo no quiero hacerlo más. ¡Es que eran doce tomas a veces! ¡Alguien sabe lo que es eso!”, se queja, aunque admite que no había ensayos previos y rodaban del tirón: “Si encima hubiéramos ensayado, habría sido la muerte”.

Sobre la promoción y los festivales, después del de Málaga, donde estuvo, Maura ya no quiere viajar más: “Me llaman para que vaya a todos los sitios donde se estrena. Pero es que yo ya no puedo más de viajes. Eso es lo bueno de ser mayor, que puedes decir: estoy mayor, ya no puedo viajar”.

“No la he visto; iba a ir a verla, pero pensé: es mejor que no la vea antes de las entrevistas, porque me van a preguntar”

Y como el estreno de Calle Málaga ha coincidido con el de Amarga Navidad, la última película de Pedro Almodóvar, a Carmen Maura la circunstancia le viene como anillo al dedo para hablar del director que propulsó su carrera en los años ochenta: “No la he visto. Iba a ir a verla, pero pensé: es mejor que no la vea antes de las entrevistas. Porque me van a preguntar y para mí es más cómodo decir que no la he visto. A lo mejor podía haberla visto y mentir, que eso lo he hecho a veces, pero no me apetecía. Yo ya soy mayor y lo de decir mentiras…”, se escuda.

Así las cosas, y después del largo desencuentro con el director manchego, no se plantea volver a trabajar con Almodóvar: “Es que yo creo que no nos apetece a ninguno de los dos. Cuando ya eres mayor, coges la vida en plan positivo y recuerdas las cosas antiguas y, sin embargo, no sabes dónde has dejado las llaves. Y para mí Almodóvar es el chico que yo conocí y el de ahora es otra persona”, argumenta sobre su prolífica colaboración.

“Yo tengo unas vivencias de años con el otro Pedro, que él tiene que tenerlo dentro, no sé dónde, porque ahora no se ve nada, pero que es el Pedro que yo recuerdo. Yo creo que no sabría incluso trabajar con él cuando hablan los actores de lo difícil que es y todo eso. El Pedro con el que yo trabajé era muy fácil. Venía, te decía haz esto y tú lo hacías”, rememora. 

“Yo tengo el recuerdo del Pedro que yo conocí, que me encanta y que además me ayudó muchísimo en una época en la que yo tenía muchísimos problemas. Y lo primero que me conquistó de él es que me hacía reír. Y luego me escuchaba. Fue el que me presentó a Bibi, a Alaska, que son dos mujeres a las que admiro profundamente, y aprendí mucho con todo ese grupo. Ahora veo lo difícil que es trabajar con él y pienso que no sería capaz. Aparte que me daría una pereza enorme hacer una película en la que hay que pensar mucho”, sentencia sin morderse la lengua.

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