“Los cinco habéis ganado ya”, dice Rosa Montero, presidenta del jurado. Tiene el sobre en la mano. Un sobre que, como en una película de intriga, lleva hora y media sobre el escenario. La gala ha ido cogiendo tono poco a poco, sobre todo cuando las novelas finalistas han cobrado vida con performances musicales, pictóricas o una bailarina ucraniana que ha danzado la bomba que mató a su compatriota y escritora Victoria Amelina frente a uno de los finalistas, Héctor Abad Faciolince. Los cinco han ganado, pero Rosa Montero abre el sobre. Samanta Schweblin. La escritora argentina habla: “Estoy en shock, qué puedo decir”. Pero lo dice. Un discurso que ya querrían en otros premios. Habla de los lectores, esas personas increíbles que cogen ese objeto cerrado llamado libro. Habla de la declaración de principios de que el primer premio Aena sea a un libro de relatos. Podría añadir que a una mujer y de la América del Sur. Y se enfrenta a la actualidad: “No es un momento cualquiera. Parece que el mundo se cae a pedazos y que insistimos en seguir celebrando la literatura. Pero no hay ser humano que no esté cruzado por historias”. “Celebramos la conexión con los otros, la empatía, el sentido común”. Y concluye: “Peor que ponerse a escribir en un momento como éste sería no ponerse a escribir en un momento como éste”.
“Los cinco habéis ganado ya”, dice Rosa Montero, presidenta del jurado. Tiene el sobre en la mano. Un sobre que, como en una película de intriga, lleva hora y media sobre el escenario. La gala ha ido cogiendo tono poco a poco, sobre todo cuando las novelas finalistas han cobrado vida con performances musicales, pictóricas o una bailarina ucraniana que ha danzado la bomba que mató a su compatriota y escritora Victoria Amelina frente a uno de los finalistas, Héctor Abad Faciolince. Los cinco han ganado, pero Rosa Montero abre el sobre. Samanta Schweblin. La escritora argentina habla: “Estoy en shock, qué puedo decir”. Pero lo dice. Un discurso que ya querrían en otros premios. Habla de los lectores, esas personas increíbles que cogen ese objeto cerrado llamado libro. Habla de la declaración de principios de que el primer premio Aena sea a un libro de relatos. Podría añadir que a una mujer y de la América del Sur. Y se enfrenta a la actualidad: “No es un momento cualquiera. Parece que el mundo se cae a pedazos y que insistimos en seguir celebrando la literatura. Pero no hay ser humano que no esté cruzado por historias”. “Celebramos la conexión con los otros, la empatía, el sentido común”. Y concluye: “Peor que ponerse a escribir en un momento como éste sería no ponerse a escribir en un momento como éste”. Seguir leyendo…
“Los cinco habéis ganado ya”, dice Rosa Montero, presidenta del jurado. Tiene el sobre en la mano. Un sobre que, como en una película de intriga, lleva hora y media sobre el escenario. La gala ha ido cogiendo tono poco a poco, sobre todo cuando las novelas finalistas han cobrado vida con performances musicales, pictóricas o una bailarina ucraniana que ha danzado la bomba que mató a su compatriota y escritora Victoria Amelina frente a uno de los finalistas, Héctor Abad Faciolince. Los cinco han ganado, pero Rosa Montero abre el sobre. Samanta Schweblin. La escritora argentina habla: “Estoy en shock, qué puedo decir”. Pero lo dice. Un discurso que ya querrían en otros premios. Habla de los lectores, esas personas increíbles que cogen ese objeto cerrado llamado libro. Habla de la declaración de principios de que el primer premio Aena sea a un libro de relatos. Podría añadir que a una mujer y de la América del Sur. Y se enfrenta a la actualidad: “No es un momento cualquiera. Parece que el mundo se cae a pedazos y que insistimos en seguir celebrando la literatura. Pero no hay ser humano que no esté cruzado por historias”. “Celebramos la conexión con los otros, la empatía, el sentido común”. Y concluye: “Peor que ponerse a escribir en un momento como éste sería no ponerse a escribir en un momento como éste”.

Solo esa frase ya justifica una nueva ceremonia que celebra los libros. Una ceremonia que premia la literatura hispanoamericana y que el presidente de Aena, Maurici Lucena, anuncia que se celebrará cada año en Barcelona. El president Salvador Illa remata la jugada: recuerda que la capital catalana es la capital editorial de Hispanoamérica. Y va más allá. “Queremos ir hacia una renovada fraternidad entre Catalunya, España y Latinoamérica como con el premio, jugando a fondo la condición de Catalunya de puente con Latinoamérica y Europa. Y hacerlo sin complejos, con la máxima ambición”. Los tiempos, sí, están cambiando.
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