Artemis II será la primera misión tripulada de la NASA desde el Programa Apolo que llevará personas a la Luna. No obstante, ninguno de sus cuatro tripulantes, Reid Wiseman, Victor Glover , Christina Koch y Jeremy Hansen, llegarán a bajarse de la nave, plantar sus huellas sobre el regolito lunar o hacerse fotos o vídeos flotando sobre la superficie, con la Tierra de fondo. Aún así, la misión vuelve a poner el foco en una pregunta que parecía enterrada en el siglo XX: ¿quién ha pisado realmente la Luna? La respuesta sigue siendo tan breve como contundente: doce hombres, todos estadounidenses, todos astronautas de la NASA, y ninguno desde 1972.Entre 1969 y 1972, en plena Guerra Fría, el programa Apolo convirtió la conquista lunar en una cuestión de prestigio geopolítico, una carrera entre EE.UU. y la ya desaparecida URSS. En total, seis misiones de la NASA lograron alunizar —Apolo 11, 12, 14, 15, 16 y 17— y en cada una de ellas, dos astronautas descendieron a la superficie. Neil Armstrong fue el primero en dar «un pequeño paso para el hombre» en julio de 1969, seguido por su compañero de misión Buzz Aldrin. Después vendrían más viajes y otros nombres menos recordados -a veces desconocidos e incluso negados- por el gran público, pero igual de decisivos: Charles ‘Pete’ Conrad, Alan Bean, Alan Shepard, Edgar Mitchell, David Scott, James Irwin, John Young, Charles Duke, Eugene Cernan y Harrison Schmitt. Ellos son las únicas personas que, de momento, han pisado la Luna. Noticia relacionada general No No Los astronautas de Artemis II, a punto de ir a la Luna: «Estamos preparados para cualquier desafío» Judith de JorgeLas pruebas de que pisaron la LunaTodos ellos pisaron nuestro satélite entre el 69 y el 72 con diferentes objetivos: aparte de demostrar la superioridad estadounidense en el espacio, tomando más de 8.000 fotografías de sus incursiones lunares (no solo existe la famosa foto de la bandera ‘ondeante’ en la que muchos se apoyan para calificar de mentira la llegada del hombre a la Luna ), llevaron a cabo recogidas de muestras y experimentos in situ que demuestran que estuvieron allí. La prueba más rotunda son los casi 400 kilos de rocas lunares que trajeron a la Tierra, accesibles hoy en día para la comunidad científica internacional, y que sirvieron, sirven y servirán para miles de estudios que intentan comprender cómo se formó la Luna y su evolución a través de miles de millones de años. Aún así, hay quien intenta desprestigiar tales pruebas, afirmando que tan solo son rocas terrestres. Un argumento fácil de desmentir, ya que debido a que la Luna dejo de ser geológicamente activa hace millones de años, cualquier roca traída de nuestro satélite, por joven que sea, será mucho más antigua que la más antigua de nuestro planeta. Además, allí dejaron experimentos sobre la superficie que no solo han sido retratadas por otras misiones, sino que pueden ser medibles desde la Tierra. Por ejemplo, las misiones 11, 12, 14, 15 y 16 instalaron sismógrafos lunares, algunos de los cuales transmitieron datos a la Tierra hasta el año 1977. También llevaron varios retroreflectores de rango láser (LRRR por sus siglas en inglés), una suerte de ‘espejos’ que los astronautas colocaron sobre la superficie lunar apuntando hacia la Tierra con el fin de medir la distancia entre la Tierra y nuestro satélite a partir de un rayo láser instalado en un telescopio. Este ingenio es el único experimento desplegado por las misiones Apolo que todavía se utiliza. Las historias personales de los únicos visitantesTambién, por supuesto, hay historias personales recogidas por los cronistas y contadas por los mismos protagonistas a su vuelta. En el Apolo 11, Buzz Aldrin tomó la comunión en silencio dentro del módulo lunar, un gesto íntimo retransmitido sin contexto al mundo. En el Apolo 12, Pete Conrad rompió la solemnidad con una broma nada más pisar la superficie. «¡Yupiiii!», exclamó para asombro de sus jefes en la Tierra, para rematar: «Para Neil habrá sido un pequeño paso, pero para mi es uno grande», en referencia a su pequeña estatura. Se había jugado 500 dólares con la periodista Oriana Fallaci a que era capaz de decir algo fuera de protocolo al llegar a la Luna. Mítico es el gesto de Alan Shepard, del Apolo 14, quien llevó un palo de golf improvisado y lanzó dos pelotas en la baja gravedad lunar. David Scott, en el Apolo 15, dejó caer simultáneamente un martillo y una pluma para demostrar la teoría de Galileo: ambos tocaron el suelo al mismo tiempo.Algunos dejaron su rastro allí para siempre. John Young, en Apolo 16, llevaba en el bolsillo una foto familiar que nunca enseñó a cámara. Charles Duke dejó sobre el regolito una imagen plastificada de su familia, que aún sigue en la Luna. Y Eugene Cernan, antes de subir por última vez al módulo en Apolo 17, dibujó con el dedo las iniciales de su hija en el polvo lunar. Él fue el último hombre en abandonar la Luna en diciembre de 1972 y allí dijo que se marchaba sabiendo que pasarían muchos años antes de que alguien regresara. No se equivocó.Hombres blancos estadounidensesTodos los astronautas que pisaron la Luna eran pilotos de pruebas militares, formados en la élite de la aviación estadounidense. Ingenieros, disciplinados, acostumbrados a operar en condiciones límite y a tomar decisiones en fracciones de segundo. La NASA los seleccionaba bajo criterios de resistencia física, estabilidad emocional, capacidad técnica y una frialdad quirúrgica ante el riesgo.Hay un rasgo clave que todos compartían: eran hombres blancos. Aunque hubo algún conato por parte de la NASA para incluir a las mujeres (el Programa Mercury 13 seleccionó a una docena de féminas que, en algunos casos, incluso mejoraron los resultados de las pruebas masculinas, pero que vieron cómo se cancelaba antes siquiera de despegar una vez), lo cierto es que la agencia estadounidense no contempló en los años 60 y 70 la diversidad actual. Ni mujeres, ni personas racializadas, ni astronautas de otras nacionalidades, ni perfiles ajenos al ámbito militar lograron formar parte de ese club exclusivo que, más de medio siglo después, acaba de ser ampliado gracias a Artemis II.Porque, aunque otros países han alcanzado hitos espaciales impresionantes —desde las estaciones orbitales hasta las sondas que han explorado Marte o el espacio profundo—, nadie fuera de Estados Unidos ha logrado llevar a un ser humano hasta la superficie lunar. Ni la Unión Soviética en su momento, ni Rusia después, ni China en la actualidad (de momento).La Luna, tan cercana en el cielo nocturno, continúa siendo un territorio casi virgen para la humanidad. Y, por ahora, un lugar donde solo han caminado doce hombres de un mismo país, en una ventana histórica que duró apenas tres años. Todo lo que está a punto de venir será, inevitablemente, otra historia. Artemis II será la primera misión tripulada de la NASA desde el Programa Apolo que llevará personas a la Luna. No obstante, ninguno de sus cuatro tripulantes, Reid Wiseman, Victor Glover , Christina Koch y Jeremy Hansen, llegarán a bajarse de la nave, plantar sus huellas sobre el regolito lunar o hacerse fotos o vídeos flotando sobre la superficie, con la Tierra de fondo. Aún así, la misión vuelve a poner el foco en una pregunta que parecía enterrada en el siglo XX: ¿quién ha pisado realmente la Luna? La respuesta sigue siendo tan breve como contundente: doce hombres, todos estadounidenses, todos astronautas de la NASA, y ninguno desde 1972.Entre 1969 y 1972, en plena Guerra Fría, el programa Apolo convirtió la conquista lunar en una cuestión de prestigio geopolítico, una carrera entre EE.UU. y la ya desaparecida URSS. En total, seis misiones de la NASA lograron alunizar —Apolo 11, 12, 14, 15, 16 y 17— y en cada una de ellas, dos astronautas descendieron a la superficie. Neil Armstrong fue el primero en dar «un pequeño paso para el hombre» en julio de 1969, seguido por su compañero de misión Buzz Aldrin. Después vendrían más viajes y otros nombres menos recordados -a veces desconocidos e incluso negados- por el gran público, pero igual de decisivos: Charles ‘Pete’ Conrad, Alan Bean, Alan Shepard, Edgar Mitchell, David Scott, James Irwin, John Young, Charles Duke, Eugene Cernan y Harrison Schmitt. Ellos son las únicas personas que, de momento, han pisado la Luna. Noticia relacionada general No No Los astronautas de Artemis II, a punto de ir a la Luna: «Estamos preparados para cualquier desafío» Judith de JorgeLas pruebas de que pisaron la LunaTodos ellos pisaron nuestro satélite entre el 69 y el 72 con diferentes objetivos: aparte de demostrar la superioridad estadounidense en el espacio, tomando más de 8.000 fotografías de sus incursiones lunares (no solo existe la famosa foto de la bandera ‘ondeante’ en la que muchos se apoyan para calificar de mentira la llegada del hombre a la Luna ), llevaron a cabo recogidas de muestras y experimentos in situ que demuestran que estuvieron allí. La prueba más rotunda son los casi 400 kilos de rocas lunares que trajeron a la Tierra, accesibles hoy en día para la comunidad científica internacional, y que sirvieron, sirven y servirán para miles de estudios que intentan comprender cómo se formó la Luna y su evolución a través de miles de millones de años. Aún así, hay quien intenta desprestigiar tales pruebas, afirmando que tan solo son rocas terrestres. Un argumento fácil de desmentir, ya que debido a que la Luna dejo de ser geológicamente activa hace millones de años, cualquier roca traída de nuestro satélite, por joven que sea, será mucho más antigua que la más antigua de nuestro planeta. Además, allí dejaron experimentos sobre la superficie que no solo han sido retratadas por otras misiones, sino que pueden ser medibles desde la Tierra. Por ejemplo, las misiones 11, 12, 14, 15 y 16 instalaron sismógrafos lunares, algunos de los cuales transmitieron datos a la Tierra hasta el año 1977. También llevaron varios retroreflectores de rango láser (LRRR por sus siglas en inglés), una suerte de ‘espejos’ que los astronautas colocaron sobre la superficie lunar apuntando hacia la Tierra con el fin de medir la distancia entre la Tierra y nuestro satélite a partir de un rayo láser instalado en un telescopio. Este ingenio es el único experimento desplegado por las misiones Apolo que todavía se utiliza. Las historias personales de los únicos visitantesTambién, por supuesto, hay historias personales recogidas por los cronistas y contadas por los mismos protagonistas a su vuelta. En el Apolo 11, Buzz Aldrin tomó la comunión en silencio dentro del módulo lunar, un gesto íntimo retransmitido sin contexto al mundo. En el Apolo 12, Pete Conrad rompió la solemnidad con una broma nada más pisar la superficie. «¡Yupiiii!», exclamó para asombro de sus jefes en la Tierra, para rematar: «Para Neil habrá sido un pequeño paso, pero para mi es uno grande», en referencia a su pequeña estatura. Se había jugado 500 dólares con la periodista Oriana Fallaci a que era capaz de decir algo fuera de protocolo al llegar a la Luna. Mítico es el gesto de Alan Shepard, del Apolo 14, quien llevó un palo de golf improvisado y lanzó dos pelotas en la baja gravedad lunar. David Scott, en el Apolo 15, dejó caer simultáneamente un martillo y una pluma para demostrar la teoría de Galileo: ambos tocaron el suelo al mismo tiempo.Algunos dejaron su rastro allí para siempre. John Young, en Apolo 16, llevaba en el bolsillo una foto familiar que nunca enseñó a cámara. Charles Duke dejó sobre el regolito una imagen plastificada de su familia, que aún sigue en la Luna. Y Eugene Cernan, antes de subir por última vez al módulo en Apolo 17, dibujó con el dedo las iniciales de su hija en el polvo lunar. Él fue el último hombre en abandonar la Luna en diciembre de 1972 y allí dijo que se marchaba sabiendo que pasarían muchos años antes de que alguien regresara. No se equivocó.Hombres blancos estadounidensesTodos los astronautas que pisaron la Luna eran pilotos de pruebas militares, formados en la élite de la aviación estadounidense. Ingenieros, disciplinados, acostumbrados a operar en condiciones límite y a tomar decisiones en fracciones de segundo. La NASA los seleccionaba bajo criterios de resistencia física, estabilidad emocional, capacidad técnica y una frialdad quirúrgica ante el riesgo.Hay un rasgo clave que todos compartían: eran hombres blancos. Aunque hubo algún conato por parte de la NASA para incluir a las mujeres (el Programa Mercury 13 seleccionó a una docena de féminas que, en algunos casos, incluso mejoraron los resultados de las pruebas masculinas, pero que vieron cómo se cancelaba antes siquiera de despegar una vez), lo cierto es que la agencia estadounidense no contempló en los años 60 y 70 la diversidad actual. Ni mujeres, ni personas racializadas, ni astronautas de otras nacionalidades, ni perfiles ajenos al ámbito militar lograron formar parte de ese club exclusivo que, más de medio siglo después, acaba de ser ampliado gracias a Artemis II.Porque, aunque otros países han alcanzado hitos espaciales impresionantes —desde las estaciones orbitales hasta las sondas que han explorado Marte o el espacio profundo—, nadie fuera de Estados Unidos ha logrado llevar a un ser humano hasta la superficie lunar. Ni la Unión Soviética en su momento, ni Rusia después, ni China en la actualidad (de momento).La Luna, tan cercana en el cielo nocturno, continúa siendo un territorio casi virgen para la humanidad. Y, por ahora, un lugar donde solo han caminado doce hombres de un mismo país, en una ventana histórica que duró apenas tres años. Todo lo que está a punto de venir será, inevitablemente, otra historia.
Artemis II será la primera misión tripulada de la NASA desde el Programa Apolo que llevará personas a la Luna. No obstante, ninguno de sus cuatro tripulantes, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, llegarán a bajarse de la nave, plantar sus … huellas sobre el regolito lunar o hacerse fotos o vídeos flotando sobre la superficie, con la Tierra de fondo. Aún así, la misión vuelve a poner el foco en una pregunta que parecía enterrada en el siglo XX: ¿quién ha pisado realmente la Luna? La respuesta sigue siendo tan breve como contundente: doce hombres, todos estadounidenses, todos astronautas de la NASA, y ninguno desde 1972.
Entre 1969 y 1972, en plena Guerra Fría, el programa Apolo convirtió la conquista lunar en una cuestión de prestigio geopolítico, una carrera entre EE.UU. y la ya desaparecida URSS. En total, seis misiones de la NASA lograron alunizar —Apolo 11, 12, 14, 15, 16 y 17— y en cada una de ellas, dos astronautas descendieron a la superficie. Neil Armstrong fue el primero en dar «un pequeño paso para el hombre» en julio de 1969, seguido por su compañero de misión Buzz Aldrin. Después vendrían más viajes y otros nombres menos recordados -a veces desconocidos e incluso negados- por el gran público, pero igual de decisivos: Charles ‘Pete’ Conrad, Alan Bean, Alan Shepard, Edgar Mitchell, David Scott, James Irwin, John Young, Charles Duke, Eugene Cernan y Harrison Schmitt. Ellos son las únicas personas que, de momento, han pisado la Luna.
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Las pruebas de que pisaron la Luna
Todos ellos pisaron nuestro satélite entre el 69 y el 72 con diferentes objetivos: aparte de demostrar la superioridad estadounidense en el espacio, tomando más de 8.000 fotografías de sus incursiones lunares (no solo existe la famosa foto de la bandera ‘ondeante’ en la que muchos se apoyan para calificar de mentira la llegada del hombre a la Luna), llevaron a cabo recogidas de muestras y experimentos in situ que demuestran que estuvieron allí. La prueba más rotunda son los casi 400 kilos de rocas lunares que trajeron a la Tierra, accesibles hoy en día para la comunidad científica internacional, y que sirvieron, sirven y servirán para miles de estudios que intentan comprender cómo se formó la Luna y su evolución a través de miles de millones de años.
Aún así, hay quien intenta desprestigiar tales pruebas, afirmando que tan solo son rocas terrestres. Un argumento fácil de desmentir, ya que debido a que la Luna dejo de ser geológicamente activa hace millones de años, cualquier roca traída de nuestro satélite, por joven que sea, será mucho más antigua que la más antigua de nuestro planeta.
Además, allí dejaron experimentos sobre la superficie que no solo han sido retratadas por otras misiones, sino que pueden ser medibles desde la Tierra. Por ejemplo, las misiones 11, 12, 14, 15 y 16 instalaron sismógrafos lunares, algunos de los cuales transmitieron datos a la Tierra hasta el año 1977.
También llevaron varios retroreflectores de rango láser (LRRR por sus siglas en inglés), una suerte de ‘espejos’ que los astronautas colocaron sobre la superficie lunar apuntando hacia la Tierra con el fin de medir la distancia entre la Tierra y nuestro satélite a partir de un rayo láser instalado en un telescopio. Este ingenio es el único experimento desplegado por las misiones Apolo que todavía se utiliza.
Las historias personales de los únicos visitantes
También, por supuesto, hay historias personales recogidas por los cronistas y contadas por los mismos protagonistas a su vuelta. En el Apolo 11, Buzz Aldrin tomó la comunión en silencio dentro del módulo lunar, un gesto íntimo retransmitido sin contexto al mundo. En el Apolo 12, Pete Conrad rompió la solemnidad con una broma nada más pisar la superficie. «¡Yupiiii!», exclamó para asombro de sus jefes en la Tierra, para rematar: «Para Neil habrá sido un pequeño paso, pero para mi es uno grande», en referencia a su pequeña estatura. Se había jugado 500 dólares con la periodista Oriana Fallaci a que era capaz de decir algo fuera de protocolo al llegar a la Luna.
Mítico es el gesto de Alan Shepard, del Apolo 14, quien llevó un palo de golf improvisado y lanzó dos pelotas en la baja gravedad lunar. David Scott, en el Apolo 15, dejó caer simultáneamente un martillo y una pluma para demostrar la teoría de Galileo: ambos tocaron el suelo al mismo tiempo.
Algunos dejaron su rastro allí para siempre. John Young, en Apolo 16, llevaba en el bolsillo una foto familiar que nunca enseñó a cámara. Charles Duke dejó sobre el regolito una imagen plastificada de su familia, que aún sigue en la Luna. Y Eugene Cernan, antes de subir por última vez al módulo en Apolo 17, dibujó con el dedo las iniciales de su hija en el polvo lunar. Él fue el último hombre en abandonar la Luna en diciembre de 1972 y allí dijo que se marchaba sabiendo que pasarían muchos años antes de que alguien regresara. No se equivocó.
Hombres blancos estadounidenses
Todos los astronautas que pisaron la Luna eran pilotos de pruebas militares, formados en la élite de la aviación estadounidense. Ingenieros, disciplinados, acostumbrados a operar en condiciones límite y a tomar decisiones en fracciones de segundo. La NASA los seleccionaba bajo criterios de resistencia física, estabilidad emocional, capacidad técnica y una frialdad quirúrgica ante el riesgo.
Hay un rasgo clave que todos compartían: eran hombres blancos. Aunque hubo algún conato por parte de la NASA para incluir a las mujeres (el Programa Mercury 13 seleccionó a una docena de féminas que, en algunos casos, incluso mejoraron los resultados de las pruebas masculinas, pero que vieron cómo se cancelaba antes siquiera de despegar una vez), lo cierto es que la agencia estadounidense no contempló en los años 60 y 70 la diversidad actual. Ni mujeres, ni personas racionalizadas, ni astronautas de otras nacionalidades, ni perfiles ajenos al ámbito militar lograron formar parte de ese club exclusivo que, más de medio siglo después, acaba de ser ampliado gracias a Artemis II.
Porque, aunque otros países han alcanzado hitos espaciales impresionantes —desde las estaciones orbitales hasta las sondas que han explorado Marte o el espacio profundo—, nadie fuera de Estados Unidos ha logrado llevar a un ser humano hasta la superficie lunar. Ni la Unión Soviética en su momento, ni Rusia después, ni China en la actualidad (de momento).
La Luna, tan cercana en el cielo nocturno, continúa siendo un territorio casi virgen para la humanidad. Y, por ahora, un lugar donde solo han caminado doce hombres de un mismo país, en una ventana histórica que duró apenas tres años. Todo lo que está a punto de venir será, inevitablemente, otra historia.
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