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Como casi todo en la vida, en el fútbol hay altibajos, no una línea plana de actuación: en temporadas estás mejor y en otras, peor. Y mucho tiene que ver que la composición de los equipos no es siempre la misma.
En la semifinal contra Francia pudimos ver sentados en el palco a cuatro de los jugadores que hace 16 años formaban parte de la selección que conquistó la hasta ahora única Copa del Mundo para España. Ellos se retiraron por la lógica del tiempo y les sustituyeron.
Tampoco el entrenador es el mismo. Por esas fechas Luis de la Fuente estaba formándose como técnico hasta que asumió la dirección de la selección española Sub-19, donde nació el embrión de lo que hoy es la composición de este equipo. Ese recorrido ha durado 10 años, mucho tiempo para que De la Fuente conozca de sobra, personal y técnicamente, a muchos de los futbolistas que hoy son titulares indiscutibles y forman parte de su núcleo duro.
Las audiencias de hoy lunes van a ser apoteósicas. Si en los últimos partidos los números han subido del 70% de espectadores, llegando casi a un 80% en algunos momentos, excuso decirte lo que puede alcanzarse con la final ayer domingo. Si la memoria no me falla en la única final que ha disputado España, la de 2010, el share medio del partido llegó al 85%.
Y siempre me hago la misma pregunta. Cuando un acontecimiento de esta naturaleza se emite por una televisión al alcance de todos, sin coste, con una programación de radio, televisión y prensa dedicada exclusivamente a vender el producto, que parece que se va a acabar el mundo si no lo seguimos, me viene a la cabeza esta cuestión, ¿qué estará haciendo o viendo en esas dos horas el 15% restante que no disfruta del partido?: ¿viendo series?, ¿de paseo por el parque?, ¿en el atasco de regreso del fin de semana?, ¿paseando al perro por la playa?…
El resto de cadenas se preparan para no desperdiciar un producto de estreno ante la más que probable pérdida de espectadores en la misma franja horaria. Sería un error de programación pensar que la gente se va a decantar por tu emisión cuando un acontecimiento de tal envergadura se está emitiendo en la cadena de al lado. Y no lo hacen, claro que no.
En ellas podremos encontrar refritos de programas emitidos una y otra vez y desgastados. No merece la pena emitir algo para que nadie lo vea y así hacen: pasan de puntillas sobre esas dos o tres horas y aguantan lo mejor que pueden los datos, regulares o malos, que les llegarán al día siguiente cuando los medidores de audiencias hagan su cálculo de cuántos, quiénes, desde dónde, sus edades, su sexo, su población y demás datos valorados, han seguido la final.
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