Los precios más altos del petróleo son la consecuencia más visible de la guerra en Irán, pero también son significativos los aumentos en el gas natural licuado (GNL) y en los precios de los alimentos, las interrupciones en los flujos turísticos, la reducción de las remesas regionales y una mayor incertidumbre.
“Los subsidios a los combustibles, aunque políticamente atractivas, son costosas, están mal dirigidas, son difíciles de revertir y fomentan un mayor consumo, lo que eleva más los precios globales”, señala el Fondo
Los precios más altos del petróleo son la consecuencia más visible de la guerra en Irán, pero también son significativos los aumentos en el gas natural licuado (GNL) y en los precios de los alimentos, las interrupciones en los flujos turísticos, la reducción de las remesas regionales y una mayor incertidumbre.
El Fondo Monetario Internacional resume así la alerta por la potencial sacudida a las finanzas públicas a nivel mundial en su Monitor Fiscal, presentado este miércoles en Washington durante la reunión de primavera del FMI y el Banco Mundial, en el que se proyecta que la deuda global crezca bastante más de lo previsto y sea históricamente alta.
Aunque la economía global mostró resiliencia, la situación fiscal ha empeorado. El déficit fiscal global se mantuvo en el 5% del producto interior bruto (PIB) el pasado año. La deuda pública bruta mundial aumentó hasta casi el 94% del PIB en el 2025, y, según las tendencias actuales, alcanzará el 100% en el 2029, un año antes de lo augurado hace un año, un nivel que solo se había topado previamente tras la Segunda Guerra Mundial.
Las finanzas públicas en muchos países son más débiles que antes de la pandemia. El gasto en intereses ha aumentado rápidamente, del 2% a casi el 3% del PIB en solo cuatro años.
Las perspectivas fiscales han empeorado aún más desde el Monitor Fiscal de abril del 2025. La deuda global en riesgo a tres años vista se sitúa ahora cerca del 117% del PIB, con una brecha de aproximadamente 20 puntos porcentuales entre la proyección mediana y la cola derecha o la de valores más altos, lo que subraya unos riesgos a la baja más elevados.
La debilidad ya no es cíclica, sino estructural, remarca el documento. En este contexto, cada decisión sobre ingresos y gasto tiene consecuencias más duraderas. Esperar que el crecimiento por sí solo haga el trabajo es una propuesta muy arriesgada, insiste.
Los tipos de interés más altos y una mayor sensibilidad de los mercados a las noticias fiscales sugieren que el margen para acomodar esta trayectoria se está reduciendo. La brecha fiscal global —la diferencia entre los saldos primarios proyectados y los niveles necesarios para estabilizar la ratio de deuda— prácticamente ha desaparecido, pasando de un colchón de más del 1% del PIB hace una década a casi cero en la actualidad.
El conflicto en Oriente Medio podría tensar todavía más las finanzas públicas mediante mayores precios de alimentos y combustibles, condiciones financieras más restrictivas, menor actividad y un aumento del gasto en defensa. En una situación de conflicto prolongado, la deuda global en riesgo podría aumentar en cuatro puntos porcentuales adicionales.
Por separado, una corrección en las valoraciones de los activos relacionados con la inteligencia artificial, en la que las acciones estadounidenses caen un 20% con efectos de contagio sobre las condiciones financieras globales, podría elevar la deuda global en riesgo en otros 2,4 puntos porcentuales.
Las presiones proteccionistas y la fragmentación geoeconómica siguen empujando a los gobiernos hacia subsidios industriales y apoyos relacionados con el comercio que tienen resultados inciertos en términos de productividad. Esta circunstancia aumenta el riesgo de que los saldos primarios no alcancen los niveles necesarios para estabilizar la deuda si el crecimiento es menor de lo esperado. La inestabilidad interna también intensifica las presiones fiscales.
“El mensaje de este Monitor Fiscal es claro. La alta deuda, los tipos de interés más elevados y las presiones persistentes del gasto dejan poco margen para la complacencia”, señala Rodrigo Valdés, director del departamento de finanzas públicas del FMI. “Los países que reconstruyan sus colchones fiscales en periodos de calma estarán mejor posicionados para proteger a sus ciudadanos cuando lleguen los choques”, escribe en el prefacio del documento.
La previsión de referencia del Fondo en la cuestión fiscal asume que las perturbaciones de la guerra se moderarían hacia mediados de 2026. Pero esa suposición es incierta, reconoce.
Para evaluar las implicaciones, este informe fiscal considera el escenario severo de las perspectivas económicas mundiales, que presentaron este martes, en el que los precios del petróleo se mantienen un 100% más altos de lo proyectado para el 2027, reaparecen presiones inflacionarias y las condiciones de financiación se endurecen.
En esta panorámica, la deuda global en riesgo, definida como el percentil 95 de la distribución proyectada de la deuda a tres años vista y captando un resultado extremo plausible, superaría el 120% del PIB, frente al 117% en el escenario de referencia del citado informe de proyecciones.
Más allá de este conflicto bélico, se vislumbran otros riesgos importantes, cita el documento. La fragmentación del comercio y las finanzas puede reducir el crecimiento y aumentar los costes de financiación. La inestabilidad política puede debilitar las reformas y la recaudación de ingresos. Y una reevaluación brusca en los mercados, incluidos los ahora valores dominantes de la IA, podría endurecer rápidamente las condiciones financieras.
Si los gobiernos deciden ayudar a las empresas y familias que afrontan mayores costes de energía o alimentos, aconseja que este apoyo sea específico y temporal, centrado en quienes están más expuestos y menos capaces de absorber las subidas de precios. Muchos países construyeron redes de protección social eficaces durante la pandemia y estos mecanismos pueden volver a utilizarse, relata.
Las políticas deben evitar un estímulo de la demanda no deseado en un momento en el que la política monetaria está abordando los efectos inflacionarios de la perturbación. Una respuesta fiscal, más allá de los estabilizadores automáticos y de algún apoyo específico, incluso con amplio margen fiscal, conduciría a una inflación y tipos de interés persistentemente más altos.
Los países con un margen fiscal reducido habrían de evitar financiar las medidas de apoyo mediante endeudamiento adicional. Un mejor enfoque es reasignar el gasto dentro de los mismos límites y priorizar el gasto relacionado con la crisis (lo que podría ser más viable políticamente). La alternativa es consolidar una mayor deuda y mayores costes de intereses, lo que finalmente obligará a tomar decisiones más difíciles, o, peor aún, podría desestabilizar los mercados de deuda pública y empeorar las condiciones actuales, avisa ese análisis.
“Además, las medidas generales como los subsidios a los combustibles, aunque son políticamente atractivas, son costosas, están mal dirigidas, son difíciles de revertir y fomentan un mayor consumo cuando la oferta está limitada, lo que eleva aún más los precios globales”, indica. El informe sostiene, además, que “son distorsionadores, fiscalmente costosos, regresivos y generan importantes efectos de contagio internacional”.
Las turbulencias a corto plazo no han de distraer del objetivo más amplio, afirma el FMI. “Restablecer la resiliencia fiscal requiere una consolidación creíble a medio plazo. Esto implica medidas concretas y una secuenciación realista, no objetivos lejanos o cambiantes. Las presiones del gasto deben afrontarse directamente, las ineficiencias reducirse y las demandas en competencia armonizarse”, describe.
“Reconstituir los colchones fiscales una vez que las condiciones se estabilicen es más importante que nunca. Las crisis exigen, con razón, apoyo de emergencia, pero la capacidad de respuesta depende de manera crítica del espacio fiscal existente previamente”, remarca.
En el lado de los ingresos, “ampliar las bases impositivas, simplificar las exenciones y fortalecer la administración tributaria puede aumentar la recaudación incluso en contextos restrictivos”.
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