Mira tú por dónde, ya ha pasado un año desde que la estación de bomberos Fahrenheit 451 levantó la persiana. Con anterioridad, esta crónica literaria de la semana se titulaba Tinta fresca y, antes de antes, Superglú. Es justo ahora, transcurridos doce meses, cuando comprendemos hasta el tuétano por qué la escritora Llucia Ramis escogió semejante epígrafe: el quid de la sección radica en pegar actos que nada tienen que ver entre sí para que el texto adquiera cierta coherencia. Pero a veces no hay pegamento ni tutía ni forma alguna de encontrar el alma común de las cosas. Algunas semanas el alioli no acaba de cuajar, y esta podría ser una de ellas, aunque estemos de aniversario.
Mira tú por dónde, ya ha pasado un año desde que la estación de bomberos Fahrenheit 451 levantó la persiana. Con anterioridad, esta crónica literaria de la semana se titulaba Tinta fresca y, antes de antes, Superglú. Es justo ahora, transcurridos doce meses, cuando comprendemos hasta el tuétano por qué la escritora Llucia Ramis escogió semejante epígrafe: el quid de la sección radica en pegar actos que nada tienen que ver entre sí para que el texto adquiera cierta coherencia. Pero a veces no hay pegamento ni tutía ni forma alguna de encontrar el alma común de las cosas. Algunas semanas el alioli no acaba de cuajar, y esta podría ser una de ellas, aunque estemos de aniversario.Seguir leyendo…
Mira tú por dónde, ya ha pasado un año desde que la estación de bomberos Fahrenheit 451 levantó la persiana. Con anterioridad, esta crónica literaria de la semana se titulaba Tinta fresca y, antes de antes, Superglú. Es justo ahora, transcurridos doce meses, cuando comprendemos hasta el tuétano por qué la escritora Llucia Ramis escogió semejante epígrafe: el quid de la sección radica en pegar actos que nada tienen que ver entre sí para que el texto adquiera cierta coherencia. Pero a veces no hay pegamento ni tutía ni forma alguna de encontrar el alma común de las cosas. Algunas semanas el alioli no acaba de cuajar, y esta podría ser una de ellas, aunque estemos de aniversario.

Xavier Cervera
El lunes Eva Baltasar se preguntó por el sentido último de estos saraos librescos, despojados de vino y croquetas desde la crisis del ladrillo. Lo hizo leyendo un fragmento de su novísima novela, Peixos (Club Editor): “Estar en un auditorio acompañada por desconocidos, hablando con desconocidos, es estar sola, absolutamente sola. Por más que la charla se vuelva conversación, y la conversación, digresión”. Razón no le falta, pues la escritura requiere aislamiento e introspección, pero sea como fuere la autora y la guionista Leticia Dolera se metieron en el bolsillo al público que abarrotaba el Texas de la calle Bailèn. Los bomberos pillamos muy buenas localidades, junto a la editora Maria Bohigas .
Eva Baltasar celebra la publicación de ‘Peixos’ y el estreno de la versión teatral de ‘Permagel’
Ambas autoras se juntaron para platicar sobre los mundos narrativos de Baltasar con motivo del inminente debut, en ese espacio felizmente recuperado, de la versión teatral de Permagel, la exitosa novela sobre el deseo lésbico y el suicidio con que la escritora debutó en el 2018 (se estrena el 8 de abril y las entradas se están agotando como los boquerones frescos). Se dio la circunstancia de que Dolera acudió al evento con una pulserita hospitalaria en la muñeca y, en la otra mano, un esparadrapo por la punción de un sedante, pues venía de hacerse una gastroscopia: “Si en algún momento notáis que se me va la olla, es por los efectos del propofol”.

Nacho Vera / Propias
Hombre, pues no estaría nada mal transitar por la vida anestesiado, sobre todo cuando toca bregar con asuntos incómodos. Como hablar del presidente argentino, Javier Milei, el de la motosierra, quien salió a la palestra de forma inevitable durante la presentación en Finestres, el miércoles, de Una casa sola (Random House), la nueva novela de su compatriota Selva Almada . La ultraderecha lo está desmontando todo allí. “Es un momento muy doloroso, ahora que se cumplen 50 años de un golpe de Estado que también nos destrozó como país”, dijo. Los genocidas de la dictadura desaparecieron a 30.000 personas, y justamente sobre eso versa la novela, sobre una familia, los Lucero, a la que se traga la tierra. Narra los hechos la misma casa, con sus paredes de adobe y una voz mítica.
Por lo demás, el martes asistimos a una vindicación del diálogo en la librería Ona, con Joan Armangué , exalcalde (socialista) de Figueres, y el veterano periodista Xavier Febrés , autores ambos de Converses de sobretaula al Motel (Editorial Gavarres), una serie de charlas del après-repas mantenidas en el Motel Empordà, que frecuentaba Josep Pla, sobre los problemas que aquejan a la plana riallera: prostitución, falta de trenes, monocultivo turístico. “La mitad de toda conversación es escuchar”, aseveró Febrés, y lo aplaudimos. Eso venimos necesitando: mucho diálogo y un poco de anestesia. O alguna sobremesa con armañac.
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