Xarim Aresté: “Todos estamos muertos ya, esta vida es un regalo”

El misterio forma parte de la ciencia desde que el tiempo es tiempo, es la escafandra que da oxígeno cuando nos adentramos en las profundidades, las alas que nos animan a ir a donde nadie había ido, el latín que ocultaba a los fieles la simpleza de la oración, o un bordado de punto de cruz que la abuela decide colgar para decorar la pared del hogar.

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 El cantautor se adentra en los grandes interrogantes de la existencia a golpe de guitarra en ‘Punt de creu’  

El misterio forma parte de la ciencia desde que el tiempo es tiempo, es la escafandra que da oxígeno cuando nos adentramos en las profundidades, las alas que nos animan a ir a donde nadie había ido, el latín que ocultaba a los fieles la simpleza de la oración, o un bordado de punto de cruz que la abuela decide colgar para decorar la pared del hogar.

Fue en la casa familiar de Flix, en una habitación que también fue una peluquería, donde Xarim Aresté grabó Punt de creu, un disco donde la relación con la muerte se cuela entre los diez temas que cabalgan al ritmo de la guitarra. Melodías folk, blues, country y rock donde el cantautor adquiere el protagonismo vocal y instrumental que dejó de lado en sus anteriores trabajos. Lo presenta hoy en un concierto en la sala Apolo (20.30 h)

El bordado de flores de la abuela decora ahora la portada del disco, primera de las metáforas que sobresale en esta obra para representar “esa sensación de cruce donde todos vivimos, y la conciencia de que todos cargamos con una cruz, la familia, el pueblo, incluso cada paíz tiene una cruz”, razona Aresté durante su visita a la redacción de La Vanguardia. Más allá de los cristales amenaza un día nublado y ventoso que parece acompañar este mensaje a priori fatalista, “pero esta cruz que todos llevamos es el poder más grande que tenemos”, explica el cantautor dándole la vuelta al significado. “Sólo debemos descubrirlo, muchas veces lo enterramos porque es doloroso, pero hay un poder oculto en la fragilidad de cada uno”.

Son varias las fragilidades, las cruces que aparecen cuando Aresté rebusca en su memoria, donde rescata una adolescencia traumática con problemas de comunicación. “Me expresaba mucho mejor con la música o la poesía que con las personas, no sabía tratar con personas” reconoce con el sosiego de quien ha superado una etapa. Porque con el tiempo aprendió a relacionarse aunque mantiene una parte ermitaña. “Necesito una intimidad radical para poderme mostrar tal como soy” explica, y acude a una frase apócrifa que dice que el alma, o te la come alguien o te la comes tú solo, “y yo necesito comérmela solo durante un tiempo”.

Cuando este tiempo de soledad pasa, el cantautor y antiguo estudiante de filosofía puede mezclarse con la gente, con sus amigos, aunque siempre carga con una cierta soledad “por ver más allá de las cosas”, explica. “Supongo que es por no haber tenido una tribu, aquello que se busca en la adolescencia. Tengo amigos, pero son como francotiradores que no se conocen entre ellos, me he tenido que construir una tribu más abstracta”.

Aunque sólo se trate de una metáfora, el dibujo que ilustra la portada -y que podría formar parte de la decoración de cualquier casa antigua- es bien real, carga con su propia historia. Xarim lo descubrió tras el fallecimiento de sus abuelos, cuando vaciaron la casa de todos aquellos objetos que llevaban décadas a la vista de todo el mundo sin que nadie los mirase. “He visto este cuadro desde que era un niño, pero nunca me fijé en él hasta que lo ví mientras quitábamos trastos”, recuerda. “De golpe tenía un valor incalculable, este disco también es una metáfora de las cosas valiosas que nos rodean pero no vemos porque nos negamos a darle valor”.

Como los dibujos que hace la aguja sobre la tela, Aresté añade capas a un disco donde también habla de cómo el amor llega donde él nunca ha llegado, idea que oculta una teoría astrofísica: “creo que la eternidad está creada para que pueda caber el amor, podríamos cerrar el mundo entero en una caja, pero necesitas el infinito para albergar un solo amor, o una sola melodía, son cosas que trascienden el espacio. Estoy seguro que este verbo que crea el universo es justamente el amor” añade para hacer suya la idea bíblica de que el verbo es el principio de todo. “No es la única tradición esotérica que lo afirma, parece que todos llegaron a la misma conclusión desde diferentes partes del mundo”.

También Aresté llegó a la conclusión de que la palabra está en el origen, aunque lo hizo desde la experiencia, “para mi no es una cuestión de fe” aunque sí de creer en ti, en lo que haces y en lo que te rodea. “Creencia y creación tienen la misma raíz, parecen la misma palabra, creas creyendo y, si no crees en nada, te crean a ti. Cuando dejas de creer pierdes la creatividad” razona para adentrarse a continuación en los vericuetos de definir el alma humana, que él cree imposible de encerrar en un mundo físico y, al mismo tiempo, unida al cuerpo humano. “Que una cosa sea subjetiva no significa que no sea objetivable, es un tema que ha tocado la religión más que la ciencia a partir de cierta época, pero antes era la principal investigación de la ciencia” apunta. “Vinculamos la palabra alma a lo religioso, pero desde la pura observación empírica lo primero de lo que tengo conciencia es de mi alma, de que existo y existen los otros”, cogito ergo sum. “Es tan santa la materia como el alma, la cultura nos ha hecho pensar que el cuerpo es el demonio y el alma, Dios. Pero creo que son la misma sustancia con diferente grado, como el hielo y el vapor”.

Elaborado mano a mano con Josep Munar, el disco arranca con piezas acústicas que le dan ese toque country, aunque Aresté considera que es uno de sus trabajos más dinámicos donde se mezcla la intensidad de El descens, donde afronta la idea de la muerte como un renacimiento con fuerza rockera, y otros más calmados como la inicial Qui sap? donde manda la guitarra sola. “Cualquier arte tiene que ver con el contraste, ya sea la pintura, o la fotografía, blancos y negros, oscuridad y luz, en la música va de flojo a fuerte, si todo es flojo o fuerte resulta aburrido”. Esta mezcla surgió de una meditación lenta para elegir los temas que no practicaba en sus inicios. “Antes creaba y publicaba, necesitaba que fuera espontáneo, en cambio ahora siento que tengo todo el tiempo del mundo, es curioso lo que hace la edad” explica el músico de 42 años.

Xarim Aresté ha trabajado con Jaume Munar en un disco entre el folk, el blues y el country
Xarim Aresté ha trabajado con Jaume Munar en un disco entre el folk, el blues y el countryIgnasi Vera

“Vamos agudizando el instinto, aquello que va más allá de la lógica, y que es lo que nos hace humanos. No confiar en las intuiciones es lo más loco que puedes hacer, creo que un loco es alguien a quien sólo le queda la razón” explica ejemplificándolo con quien se cree Napoleón “y te lo demuestra con una racionalidad hiriente, si solo te queda la razón te convertirás en Napoleón”. Es para evitar el exceso de reflexión que Aresté se puso en manos de Munar, confiando en él para encontrar la senda de la música, “cuando toco la guitarra soy puro fuego, no hay juicio, pero después me juzgo muy fuerte”. Por eso le ha ayudado tanto la compañía de alguien en quien confía tanto para decidir cuándo un tema estaba acabado.

La naturaleza es otra gran protagonista del disco, “es la manera más integral de hacer metáforas”, explica, “en todo momento hablo del alma humana, la nube negra son nuestros propios fantasmas” comenta sobre Núvol negre, “y cuando hablo de un valle me refiero a la fertilidad”. La analogía y la metáfora son sus métodos para acercarse a la verdad, “y la metáfora es pródiga en estos arquetipos” que le permiten hablar del misterio del mismo modo que Saint-Exupéry dibujaba a las ovejas. “Olvidamos que la vida es un milagro, un misterio que nunca sabremos descifrar aunque vivimos como si lo hubiéramos descifrado. Hablamos del Big Bang, de los átomos, pero en realidad no tenemos ni idea de lo que significa. Todavía nos quedamos embobados al mirar una puesta de sol, ni siquiera podemos explicar un do mayor, lo más sencillo de la música, es un misterio que estas tres notas juntas creen tanta belleza”.

Tal vez el poder oculto del músico nacido a orillas del Ebro sea adentrarse en aquellas tierras que la mayoría evita por miedo, aunque él lo vea como otra de sus cruces, “siento que he venido a poner luz sobre cosas dolorosas que dejan de serlo cuando las iluminas, como la muerte”. La reciente muerte de su abuelo, una semana antes de mantener esta entrevista, le reconfirmó en sus pensamientos. “Nuestra comunicación ha sido más profunda y significativa después de su muerte, lo he sentido mucho más en mi interior, en mi experiencia, he notado su alma mucho más completa que cuando tenía carne y huesos. La muerte descompone la forma como veíamos a las personas, y por eso la unión es más pura”.

Porque en su opinión el sentido de la vida es “prepararse para marchar en paz, igual que el sentido de cada día es ir a dormir en paz con uno mismo, perdonándose”, de ahí que imagine el infierno como la muerte sin encontrar esta paz. “Siento que todos hemos muerto ya y esta vida es como un regalo. Al saber que hemos muerto, que nuestro nombre y hechos serán olvidados, convierte la vida en un bello paseo”. 

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