En un tiempo en que el mercado del arte tiende a medir el valor en cifras y firmas, la voz de Celso González-Falla, considerado uno de los diez mayores coleccionistas de fotografía del mundo, rompe este esquema y defiende una vuelta a la esencia: no importa la firma ni el autor de la imagen; lo único que tiene importancia es que la fotografía hable. “Las imágenes tienen que hablarte”, señalaba el viernes en el transcurso de una charla con Pepe Font de Mora, exdirector de la Fundación Colectania. El encuentro tuvo lugar en la Fundació Tony Catany, en Llucmajor, que estos días exhibe un centenar de obras de la amplia colección que poseen González-Falla y su mujer, ya fallecida, Sondra Gilman.“No somos dueños de las fotos, somos sus curadores”, matizó el coleccionista cubano.
El cubano Celso González-Falla explica en la Fundació Tony Catany el sentido de la que está considerada una de las colecciones más importantes del mundo
En un tiempo en que el mercado del arte tiende a medir el valor en cifras y firmas, la voz de Celso González-Falla, considerado uno de los diez mayores coleccionistas de fotografía del mundo, rompe este esquema y defiende una vuelta a la esencia: no importa la firma ni el autor de la imagen; lo único que tiene importancia es que la fotografía hable. “Las imágenes tienen que hablarte”, señalaba el viernes en el transcurso de una charla con Pepe Font de Mora, exdirector de la Fundación Colectania. El encuentro tuvo lugar en la Fundació Tony Catany, en Llucmajor, que estos días exhibe un centenar de obras de la amplia colección que poseen González-Falla y su mujer, ya fallecida, Sondra Gilman.“No somos dueños de las fotos, somos sus curadores”, matizó el coleccionista cubano.

El anhelo de González-Falla es que las fotografías sean vistas y que entablen otras conversaciones con quienes las observan. Para ello, busca un espacio en Nueva York donde crear un museo que albergará más de 1.500 obras de autores que forman parte de la historia de la fotografía. Hasta Mallorca ha viajado un centenar, reunidas bajo el título From our hearts (hasta el 17 de abril). El visitante se encuentra con una exposición ecléctica y con un repertorio de autores que difícilmente conviven en un mismo espacio. Desde pioneros como Eugène Atget o Julia Margaret Cameron, hasta grandes nombres del siglo XX como Henri Cartier-Bresson, Man Ray o Robert Mapplethorpe. Junto a ellos, miradas contemporáneas que amplían el discurso hacia nuevas sensibilidades, con especial atención a la fotografía latinoamericana y a autoras emergentes. Todas tienen en común una cierta mirada al pasado y están expuestas de manera que también dialoguen entre ellas ,además de con el espectador.
El coleccionista, que proyecta abrir un museo en Nueva York, expone un centenar de obras en Llucmajor
Hay un principio en ese vínculo con la fotografía: González-Falla relató cómo comenzó tomando imágenes de las vacas y toros propiedad de su padre en una hacienda en su Cuba natal, pero su transformación al mundo del coleccionismo llegó una vez que se trasladó a Nueva York tras la revolución cubana, cuando conoció a su mujer, Sondra Gilman, que para entonces ya había adquirido sus tres primeras imágenes de Eugène Atget. El coleccionista detalló cómo cada fotografía que entra en su colección pasa por un cuidadoso proceso de selección: el matrimonio tenía que verla hasta seis veces y compraban aquellas en las que los dos estaban de acuerdo.
Su primera adquisición fue una instantánea de Robert Mapplethorpe, de quien asegura que él y su esposa fueron sus descubridores, los primeros en reconocer su talento. La última fotografía que adquirieron es una obra de Hiroshi Sugimoto. Lo hicieron apenas 15 días antes de que muriera su esposa, a quien González-Falla recuerda con enorme emoción. Ella tenía una regla infalible para comprar:sabía que una fotografía era buena cuando le “revolvía el estómago. Esa fue su última vez que le sucedió. La pudo disfrutar apenas 15 días”, relató.
Entre esa primera y ultima compra, la colección se fue ampliando como un organismo vivo. Su antigua casa en Nueva York se articulaba como un museo con la escalera com eje central desde donde irradiaban las obras fotográficas. Las obras no permanecían estáticas, sino que se reordenaban para entablar nuevas conversaciones con los espectadores. El proceso de elegir una ubicación definitiva también pasa por un ritual. “Las fotografías también deben entablar un diálogo entre ellas”, aseguró. Ahora es él quien sigue ampliando su colección en solitario, con un ojo puesto en autores jóvenes y siempre atento a lo que se está haciendo en países como México.
Esa manera de mirar y de entender la fotografía como un diálogo es la que ha convertido su colección en un referente internacional y explica su convicción más repetida por González-Falla durante la charla: que una fotografía no se posee, se escucha. Y, si de verdad es buena, nunca deja de hablar.
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