¿Hegemonía alemana?

La guerra abierta en Oriente Medio, y la ausencia de una respuesta creíble desde la UE, vuelve a poner de relieve la crítica cuestión de si seremos capaces de hacer frente al nuevo mundo que está emergiendo. Porque la UE presenta, cada vez más, profundas disfunciones, como el choque entre España y Alemania a propósito de Trump y del gasto en defensa ha puesto de relieve. Y ello en momentos en los que se otea el final del orden neoliberal y su sustitución por otro parecido al existente antes de 1914: alianzas entre poderes de magnitud y orden distinto y lenta, pero aparentemente imparable, deriva hacia un conflicto global.

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 La guerra abierta en Oriente Medio, y la ausencia de una respuesta creíble desde la UE, vuelve a poner de relieve la crítica cuestión de si seremos capaces de hacer frente al nuevo mundo que está emergiendo. Porque la UE presenta, cada vez más, profundas disfunciones, como el choque entre España y Alemania a propósito de Trump y del gasto en defensa ha puesto de relieve. Y ello en momentos en los que se otea el final del orden neoliberal y su sustitución por otro parecido al existente antes de 1914: alianzas entre poderes de magnitud y orden distinto y lenta, pero aparentemente imparable, deriva hacia un conflicto global.Seguir leyendo…  

La guerra abierta en Oriente Medio, y la ausencia de una respuesta creíble desde la UE, vuelve a poner de relieve la crítica cuestión de si seremos capaces de hacer frente al nuevo mundo que está emergiendo. Porque la UE presenta, cada vez más, profundas disfunciones, como el choque entre España y Alemania a propósito de Trump y del gasto en defensa ha puesto de relieve. Y ello en momentos en los que se otea el final del orden neoliberal y su sustitución por otro parecido al existente antes de 1914: alianzas entre poderes de magnitud y orden distinto y lenta, pero aparentemente imparable, deriva hacia un conflicto global.

En este contexto, a la UE se le acumulan problemas no menores. Entre los más relevantes, la creciente falla existente entre regulación (y, en particular, la climática) y competitividad. Esta diferencia no es menor en absoluto: afecta al núcleo duro de lo que ha defendido la Unión las últimas décadas. Estos días, ello se traduce en la “Industrial Accelerator Act” de la Comisión, destinada a proteger la industria europea incluso con subvenciones públicas y que encontraría en el “Compre Europeo” su máxima expresión. Ahí choca la visión francesa, defensora de un cierto proteccionismo, con la de Alemania y sus socios nórdicos y centroeuropeos, mucho más preocupados por los aumentos de costos que la norma pueda implicar y las penalizaciones de socios comerciales como Estados Unidos, Japón o China.

Se otea el final del orden neoliberal y su sustitución por otro como el de antes de 1914

Pero ese conflicto se manifiesta en otros ámbitos. Por ejemplo, en la decisión francesa de reducir los objetivos de producción de energía eólica y solar para favorecer la nuclear; o en el choque entre la Comisión y algunos miembros (en particular, Alemania e Italia) por los efectos de los derechos de emisión de carbono, un frente en el que se suman críticas por la excesiva regulación y el aumento de costes empresariales; o, finalmente, en la pugna del Parlamento Europeo y Francia, entre otros países, por el acuerdo Mercosur: la dificultad para su aprobación obligaría a Von der Leyen a aplicarlo provisionalmente, emergiendo de nuevo las conocidas diferencias de los intereses industriales alemanes y los agrícolas de Francia.

Choques internos de cada vez mayores proporciones y sobre aspectos esenciales de la Unión, que no hacen más que traducir concepciones muy distintas sobre su futuro. Habrá quien crea, todavía, que la UE ha aprovechado siempre las crisis para avanzar, argumentando que siempre que han aparecido hemos conseguido salir adelante. No es del todo cierto. Y menos hoy, cuando las disfunciones de la UE son existenciales, el mundo ha cambiado y, de no modificar nuestro rumbo, la propia Unión está amenazada.

En esta tesitura, ¿qué hacer? Francia, nunca demasiado pro-UE, no puede liderarnos. Alemania quizás, pero ello implicaría que aceptáramos su hegemonía. ¿Estaríamos dispuestos? Que haya suerte para todos.

 Economía

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