Desde la antigüedad, el viento ha supuesto algo más que un fenómeno natural y ha sido visto por diversas civilizaciones como un dios o un presagio, en cualquier caso una fuerza narrativa capaz de desencadenar acontecimientos. Si la mitología griega humanizó los diferentes vientos, del devastador Bóreas al suave Céfiro pasando por Eolo, guardián o castigo de los navegantes, la creación contemporánea se ocupa del fenómeno de modo poliédrico, desde la literatura, el cine, las artes plásticas, el teatro o la música, haciéndole simbolizar la libertad, el desarraigo, la amenaza… Las canciones de Bob Dylan o Raimon, las películas de catástrofes, los molinos del Quijote, las esculturas de Chillida o las obras de teatro de Jon Fosse conforman un mundo al la que el viento dota de sentido.
Los libros, las canciones, las películas, el arte y el teatro han reflejado este fenómeno meteorológico de modo muy diverso
Desde la antigüedad, el viento ha supuesto algo más que un fenómeno natural y ha sido visto por diversas civilizaciones como un dios o un presagio, en cualquier caso una fuerza narrativa capaz de desencadenar acontecimientos. Si la mitología griega humanizó los diferentes vientos, del devastador Bóreas al suave Céfiro pasando por Eolo, guardián o castigo de los navegantes, la creación contemporánea se ocupa del fenómeno de modo poliédrico, desde la literatura, el cine, las artes plásticas, el teatro o la música, haciéndole simbolizar la libertad, el desarraigo, la amenaza… Las canciones de Bob Dylan o Raimon, las películas de catástrofes, los molinos del Quijote, las esculturas de Chillida o las obras de teatro de Jon Fosse conforman un mundo al la que el viento dota de sentido.
Literatura
Un ventoso viaje desde Oz hasta el Empordà
El viento en la literatura a menudo invita a los lectores a soñar. ¿Acaso Dorothy podría haber llegado a la mágica tierra de Oz sin ser arrastrada por un tornado? Las ventadas suelen venir con simbolismo, como cuando en El viento en los sauces, de Kenneth Grahame, se vuelve más frío y cortante después de que sus personajes se adentren en el Bosque Salvaje; mientras que en La casa de los espíritus, de Isabel Allende, se asocia a presagios o a desórdenes emocionales, y algo parecido sucede en los páramos de Cumbres borrascosas, de Emily Brontë. En la literatura castellana podemos pensar por ejemplo en Don Quijote de la Mancha y su icónica escena de los molinos, o más recientemente en La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón.

En la literatura catalana el viento es un elemento casi fundacional, especialmente en la poesía, y no hay más que pensar en Ausiàs Marc y su Veles e vents, o en imprescindibles como Josep Carner o Joan Vinyoli en libros como respectivamente La paraula en el vent o Vent d’aram. Y en este Any Clementina Arderiu hay que recordar el célebre poema que empieza “Passa, vent, cosa sinistra, / qui et pogués mai deturar!”.
Es también una pieza importante en obras como El vent de la nit de Joan Sales, Vent de grop de Aurora Bertrana, o, más actual, Ànima de tramuntana de Núria Esponellà. No hemos citado la tramontana en vano, que en el Empordà más que un viento es casi un mito, como asegura Xavier Febrés en Elogi i refutació de la tramuntana, donde por supuesto también hablar de Josep Pla, al que el viento le marcó el carácter y lo reflejó en toda su literatura, como en El vent de garbí i la tramuntana.
Cine
Generador de locura y escenas de acción
Ideal para recrear silencios o augurar que algo gordo va a suceder, en la gran pantalla el viento también es a menudo generador de locura. “Es el maldito viento solano, que saca a la gente de quicio”, dice Raimunda de Volver (2006), de Pedro Almodóvar. “El viento de los cojones”, dice antes, en ese principio de película en el que las mujeres del pueblo barren la arena de las tumbas que arrastra el solano. En todo caso, su presencia no es solo un acompañamiento visual; es, de hecho, el fenómeno que desencadena la tragedia.

Ocurre en muchas otras películas que el viento es protagonista. Ya con el cine mudo. Un ejemplo, El viento (1928), un clásico. De tanto soplar en las llanuras de Texas, la gente enloquece. Pero sin duda, en el primer largometraje que el espectador piensa cuando se habla de viento es Twister (1996), o la versión del 2024, Twisters. Aquí es directamente motor de acción. En ocasiones el título no da lugar a dudas. Pasa en Balandrau, viento salvaje, basada en la ventisca que sorprendió a unos excursionistas en el 2000 en los Pirineos. Un filme que se estrenará el 20 de febrero. En otros, el viento es parte del título como mera metáfora: Lo que el viento se llevó (1939). En las dos partes de las Dune (2021 y 2024) de Denis Villeneuve y en Mad Max, la del 2015, condiciona las batallas. En otro plano está la pluma que planea con la brisa en Forrest Gump.
El cine tiene un plus: el espectador tiene la opción de sufrir fenómenos meteorológicos, en las llamadas salas 4D.
Música
Vientos que responden y protestan
Cuando Richard Wagner embarcó en Riga camino de Londres en 1839 para huir de las deudas no sabía que el viento convertiría su viaje de ocho días en un suplicio de tres semanas, y mucho menos que de allí saldría la idea que dio pie a El holandés errante. Y es que el viento, imprescindible para buena parte de los instrumentos, ha servido tanto de inspiración como de metáfora para la música.
Lo sabe bien Raimon, que en 1963 publicaba Al vent a raíz de un viaje como paquete en Vespino, un relato sin segundas que se convirtió por obra y arte de la época en himno antifranquista sin que su letra incluyera una sola referencia a la política o la dictadura.

No fue así en el caso de Bob Dylan y Blowin’ in the wind, un tema aparecido el año anterior en cuyos versos pueden leerse proclamas a favor de la libertad y la paz y en contra de la hipocresía, que rápidamente se convirtió en canción de cabecera del movimiento hippie gracias también a una melodía que, con otras letras, ha sonado en infinidad de lugares, con especial predilección por las iglesias. Más explícita es Vientos del pueblo donde Víctor Jara lamentaba a quienes querían “manchar mi tierra con sangre obrera”, un grito que sonó en 1974, cuando el cantautor chileno yacía muerto, torturado y asesinado por Pinochet.
El viento resonó con menos trascendencia en piezas como The wind cries Mary con la que Jimi Hendrix comenzó a cimentar su fama, o en Wind of change, tema que los Scorpions publicaron en 1991 tras pasear a la orilla del río Moscova, en la capital rusa. Muchos han sido los intentos de encontrarle un sentido político a este tema, aunque probablemente sea tan etéreo como las letras que Robe Iniesta encerró en Se nos lleva el aire.
Arte
De la brisa de la Barceloneta al órgano de Tramontana de Dalí
En las abarrotadas estanterías del Magazzino dei Venti, en Trieste, hay brisa marina de la Barceloneta en un frasco de perfume, Mistral furioso en una botella de plástico y ráfagas de Tramontana en un bote de mostaza. La ciudad de la temida Bora cuenta con su propio museo dedicado al viento. Un proyecto que Rino Lombardi, su director, comenzó hace 25 años casi como una broma y ha acabado convirtiéndose en una insólita colección de 400 vientos enviados desde todo el mundo.
En el viento encontró Eduardo Chillida la inspiración poética para una de sus obras públicas más memorables, los majestuosos Peines del Viento, un grupo de tres enormes formas lineales de hierro instaladas en las rocas azotadas por olas el Cantábrico en la bahía de San Sebastián. A lo largo de la historia son muchos los pintores que han tratado de plasmar un elemento invisible pero cuyos efectos ase plasman en la humareda de una hoguera (Juana la Loca, de Francisco Pradilla, las ramas dobladas de los sauces de La ráfaga de viento, de Corot o los hombres que avanzan encorvados para protegerse de la ventisca invernal en La nevada de Goya).

El propio Dalí concibió la idea de un órgano funcional impulsado por la Tramontana en el Alt Empordà, integrando el viento en su visión surrealista; los móviles de Calder estaban pensados para moverse a merced del viento y César Manrique integró los alisios en muchas de sus obras… Porque hace mucho que los artistas ya no solo tratan de atraparlo en el lienzo sino que se alían con él para creaciones de las que es protagonista. Es el caso del holandés Theo Jansen, que ha desarrollado medio centenar de gigantescas esculturas cinéticas, una suerte de animales marinos que se desplazan por las playas de forma autónoma bajo el impulso del viento. O el del estadounidense John Grzinich, cuyas arpas de viento dan voz a una fuerza que no podemos ver, mientras que Anthony Howe crea deslumbrantes criaturas con vida propia.

Teatro
El cierzo y el escenario imposible
En un teatro, cuesta representar el viento. Se requieren proyecciones o ventiladores para llevar a un escenario su fuerza, como hace la creadora belga Miet Warlop en Inhale Delirium Exhale, que se pudo ver en el último Temporada Alta: unos ventiladores gigantes movían 4.000 metros de ropa de seda.
Ahora bien, normalmente en teatro el viento se utiliza de un modo más metafórico que real, y se suple con la convención que se establece con el público desde la Grecia clásica. Es el caso de La tempestad, de Shakespeare, fenómeno meteorológico que desencadena Próspero, el duque de Milán desterrado con su hija, Miranda.

Del noruego Jon Fosse, Marc Chornet Artells dirigió una versión de la pieza Soc el vent en el teatro Akadèmia en el 2021, antes de que el autor fuera reconocido con el premio Nobel, donde dos hombres en una barca hablan sobre lo que son, sobre lo que pasó o, quizá, sobre lo que pasará.
Maria Aurèlia Capmany escribió Vent de garbí i una mica de por, que se pudo ver en el TNC en el 2023, donde retrata el inmovilismo de la burguesía catalana de vacaciones, mientras pasan cosas importantes, como una guerra civil, un poco más allá de su veraneo.
En Esperando a Godot, Samuel Beckett utiliza el viento para remarcar la ausencia y el vacío que caracterizan esta obra icónica, que está presente en la cultura occidental cada vez que hay una conmoción. Así fue con el Katrina en Nueva Orleans: la primera obra representada después del huracán, al aire libre, fue esta, y en la recreación que hace la serie Treme, un espectador, superado por la tragedia, exclama a media función: “Este hijo de puta no vendrá”.
Cultura
