España es uno de los países más longevos del mundo, con una esperanza de vida que supera los 84 años. La medicina, la tecnología, el ejercicio, las relaciones familiares, y como no, la dieta, son algunos de los ingredientes que contribuyen a vivir más y mejor . No obstante debemos tener en cuenta también que el envejecimiento es algo contextual , y no solo depende de la genética, sino también dónde te haces mayor, en qué sociedad te desarrollas, cómo es el entorno en el que te mueves y las decisiones que tomas.En este contexto se manifiesta el dietista-nutricionista Julio Basulto (Barcelona, 1971), que destaca en una entrevista con María Merino, conocida divulgadora nutricional detrás del proyecto Comiendo con María, que las desigualdades sociales e incluso el código postal tiene un papel determinante para saber el tiempo que nos pasaremos en este mundo. «El código postal influye casi más que el código genético en tu longevidad», sostiene.Las desigualdades económicas determinan, en parte, la salud y los hábitos alimentariosProfesor y autor de referencia en el ámbito de la nutrición basada en la evidencia científica, Basulto utiliza el término ‘pobresidad’ – una fusión que intenta hacer patente el vínculo entre recursos económicos y salud – para describir cómo las desigualdades económicas determinan, en gran medida, la salud y los hábitos alimentarios.«Vivir en un barrio u otro puede restarte hasta once años de vida», afirma el experto, que cita estudios recientes realizados en Madrid y Barcelona por expertos como la doctora Cristina Cavero y el epidemiólogo Miguel Ángel Royo-Bordonada . En ellos se constata que la publicidad de productos ultraprocesados dirigida a niños es el doble en los barrios más pobres que en los más acomodados . Una sentencia que concuerda con la de otros expertos como el psiquiatra y psicoterapeuta José Luis Marín , que recientente en una entrevista en el podcast Zzen Labs, aportó datos que sorprenden: «Entre Pozuelo de Alarcón y el municipio de Parla, en línea recta puede haber quince kilómetros. Hay dos años de diferencia de expectativa de vida. Eso son determinantes sociales».El experto explica en una grabación que aparece en las plataformas digitales como Instagram, que factores como la pobreza, la alimentación y el acceso temprano a la educación infantil, que dependen en buena parte de la capacidad económica de cada persona y de cada familia, inciden de manera directa en la salud física y mental. «La comida sana es más cara y la comida malsana es más barata, pero es que además tiene menos información y tiene más publicidad depredadora para los niños y para los adultos», sostiene en la entrevista Basulto.«Cuanta menos cultura, más vulnerabilidad ante la manipulación de la industria alimentaria»Esta brecha no solo se manifiesta en los escaparates o en los hábitos alimentarios, sino también en el acceso al ejercicio físico, la educación en salud y el tiempo disponible. En palabras del autor del libro ‘Todos gordos (con perdón)’ o ‘Dieta y cáncer’: «Yo puedo permitirme practicar CrossFit porque cuesta 90 euros al mes, pero no todo el mundo tiene ese dinero». Añade que la falta de recursos y los largos horarios laborales impiden, a menudo, que las familias puedan organizarse para cocinar de forma saludable o practicar actividad física de manera regular. «Si tú trabajas de lunes a sábado, de 8 de la mañana a 8 de la tarde, cuando llegas a tu casa, que estás harto de currar y que no llegas para pagarte el alquiler, qué escoges ¿una zanahoria o una palmera de chocolate? », se pregunta Basulto.Las claves del dietista-nutricionista Julio Basulto La longevidad española no depende solo de la genética ni de la dieta mediterránea. Factores como el nivel socioeconómico y el lugar de residencia influyen decisivamente en la salud y esperanza de vida. El código postal pesa más que el código genético. Según Basulto, vivir en un barrio u otro puede restar hasta once años de vida, reflejando una clara desigualdad social en salud. Los barrios más pobres están más expuestos a la publicidad de ultraprocesados. Los estudios citados indican que los niños de zonas desfavorecidas reciben el doble de impactos publicitarios de este tipo que los de zonas ricas. Combatir la desigualdad requiere políticas públicas. No basta con promover dietas sanas o ejercicio individual: se necesitan medidas sociales y urbanas que igualen oportunidades en salud.La paradoja, apunta, es que en los barrios con menor nivel educativo y económico la comida ultraprocesada es más barata y accesible, mientras que los alimentos frescos y saludables -frutas, verduras, pescado o frutos secos- se perciben como productos de lujo.Esta realidad se agrava con la exposición a mensajes publicitarios y a la influencia de redes sociales repletas de soluciones mágicas para perder peso, promovidas por famosos e influencers que, según el experto, distorsionan la percepción de lo que significa una vida saludable. «Las personas con menos cultura o menos tiempo son más vulnerables frente a la manipulación de la industria alimentaria», concluye Basulto. España es uno de los países más longevos del mundo, con una esperanza de vida que supera los 84 años. La medicina, la tecnología, el ejercicio, las relaciones familiares, y como no, la dieta, son algunos de los ingredientes que contribuyen a vivir más y mejor . No obstante debemos tener en cuenta también que el envejecimiento es algo contextual , y no solo depende de la genética, sino también dónde te haces mayor, en qué sociedad te desarrollas, cómo es el entorno en el que te mueves y las decisiones que tomas.En este contexto se manifiesta el dietista-nutricionista Julio Basulto (Barcelona, 1971), que destaca en una entrevista con María Merino, conocida divulgadora nutricional detrás del proyecto Comiendo con María, que las desigualdades sociales e incluso el código postal tiene un papel determinante para saber el tiempo que nos pasaremos en este mundo. «El código postal influye casi más que el código genético en tu longevidad», sostiene.Las desigualdades económicas determinan, en parte, la salud y los hábitos alimentariosProfesor y autor de referencia en el ámbito de la nutrición basada en la evidencia científica, Basulto utiliza el término ‘pobresidad’ – una fusión que intenta hacer patente el vínculo entre recursos económicos y salud – para describir cómo las desigualdades económicas determinan, en gran medida, la salud y los hábitos alimentarios.«Vivir en un barrio u otro puede restarte hasta once años de vida», afirma el experto, que cita estudios recientes realizados en Madrid y Barcelona por expertos como la doctora Cristina Cavero y el epidemiólogo Miguel Ángel Royo-Bordonada . En ellos se constata que la publicidad de productos ultraprocesados dirigida a niños es el doble en los barrios más pobres que en los más acomodados . Una sentencia que concuerda con la de otros expertos como el psiquiatra y psicoterapeuta José Luis Marín , que recientente en una entrevista en el podcast Zzen Labs, aportó datos que sorprenden: «Entre Pozuelo de Alarcón y el municipio de Parla, en línea recta puede haber quince kilómetros. Hay dos años de diferencia de expectativa de vida. Eso son determinantes sociales».El experto explica en una grabación que aparece en las plataformas digitales como Instagram, que factores como la pobreza, la alimentación y el acceso temprano a la educación infantil, que dependen en buena parte de la capacidad económica de cada persona y de cada familia, inciden de manera directa en la salud física y mental. «La comida sana es más cara y la comida malsana es más barata, pero es que además tiene menos información y tiene más publicidad depredadora para los niños y para los adultos», sostiene en la entrevista Basulto.«Cuanta menos cultura, más vulnerabilidad ante la manipulación de la industria alimentaria»Esta brecha no solo se manifiesta en los escaparates o en los hábitos alimentarios, sino también en el acceso al ejercicio físico, la educación en salud y el tiempo disponible. En palabras del autor del libro ‘Todos gordos (con perdón)’ o ‘Dieta y cáncer’: «Yo puedo permitirme practicar CrossFit porque cuesta 90 euros al mes, pero no todo el mundo tiene ese dinero». Añade que la falta de recursos y los largos horarios laborales impiden, a menudo, que las familias puedan organizarse para cocinar de forma saludable o practicar actividad física de manera regular. «Si tú trabajas de lunes a sábado, de 8 de la mañana a 8 de la tarde, cuando llegas a tu casa, que estás harto de currar y que no llegas para pagarte el alquiler, qué escoges ¿una zanahoria o una palmera de chocolate? », se pregunta Basulto.Las claves del dietista-nutricionista Julio Basulto La longevidad española no depende solo de la genética ni de la dieta mediterránea. Factores como el nivel socioeconómico y el lugar de residencia influyen decisivamente en la salud y esperanza de vida. El código postal pesa más que el código genético. Según Basulto, vivir en un barrio u otro puede restar hasta once años de vida, reflejando una clara desigualdad social en salud. Los barrios más pobres están más expuestos a la publicidad de ultraprocesados. Los estudios citados indican que los niños de zonas desfavorecidas reciben el doble de impactos publicitarios de este tipo que los de zonas ricas. Combatir la desigualdad requiere políticas públicas. No basta con promover dietas sanas o ejercicio individual: se necesitan medidas sociales y urbanas que igualen oportunidades en salud.La paradoja, apunta, es que en los barrios con menor nivel educativo y económico la comida ultraprocesada es más barata y accesible, mientras que los alimentos frescos y saludables -frutas, verduras, pescado o frutos secos- se perciben como productos de lujo.Esta realidad se agrava con la exposición a mensajes publicitarios y a la influencia de redes sociales repletas de soluciones mágicas para perder peso, promovidas por famosos e influencers que, según el experto, distorsionan la percepción de lo que significa una vida saludable. «Las personas con menos cultura o menos tiempo son más vulnerables frente a la manipulación de la industria alimentaria», concluye Basulto.
España es uno de los países más longevos del mundo, con una esperanza de vida que supera los 84 años. La medicina, la tecnología, el ejercicio, las relaciones familiares, y como no, la dieta, son algunos de los ingredientes que contribuyen a vivir más y … mejor. No obstante debemos tener en cuenta también que el envejecimiento es algo contextual, y no solo depende de la genética, sino también dónde te haces mayor, en qué sociedad te desarrollas, cómo es el entorno en el que te mueves y las decisiones que tomas.
En este contexto se manifiesta el dietista-nutricionista Julio Basulto (Barcelona, 1971), que destaca en una entrevista con María Merino, conocida divulgadora nutricional detrás del proyecto Comiendo con María, que las desigualdades sociales e incluso el código postal tiene un papel determinante para saber el tiempo que nos pasaremos en este mundo. «El código postal influye casi más que el código genético en tu longevidad», sostiene.
Las desigualdades económicas determinan, en parte, la salud y los hábitos alimentarios
Profesor y autor de referencia en el ámbito de la nutrición basada en la evidencia científica, Basulto utiliza el término ‘pobresidad’ – una fusión que intenta hacer patente el vínculo entre recursos económicos y salud – para describir cómo las desigualdades económicas determinan, en gran medida, la salud y los hábitos alimentarios.
«Vivir en un barrio u otro puede restarte hasta once años de vida», afirma el experto, que cita estudios recientes realizados en Madrid y Barcelona por expertos como la doctora Cristina Cavero y el epidemiólogo Miguel Ángel Royo-Bordonada. En ellos se constata que la publicidad de productos ultraprocesados dirigida a niños es el doble en los barrios más pobres que en los más acomodados. Una sentencia que concuerda con la de otros expertos como el psiquiatra y psicoterapeuta José Luis Marín, que recientente en una entrevista en el podcast Zzen Labs, aportó datos que sorprenden: «Entre Pozuelo de Alarcón y el municipio de Parla, en línea recta puede haber quince kilómetros. Hay dos años de diferencia de expectativa de vida. Eso son determinantes sociales».
El experto explica en una grabación que aparece en las plataformas digitales como Instagram, que factores como la pobreza, la alimentación y el acceso temprano a la educación infantil, que dependen en buena parte de la capacidad económica de cada persona y de cada familia, inciden de manera directa en la salud física y mental. «La comida sana es más cara y la comida malsana es más barata, pero es que además tiene menos información y tiene más publicidad depredadora para los niños y para los adultos», sostiene en la entrevista Basulto.
«Cuanta menos cultura, más vulnerabilidad ante la manipulación de la industria alimentaria»
Esta brecha no solo se manifiesta en los escaparates o en los hábitos alimentarios, sino también en el acceso al ejercicio físico, la educación en salud y el tiempo disponible. En palabras del autor del libro ‘Todos gordos (con perdón)’ o ‘Dieta y cáncer’: «Yo puedo permitirme practicar CrossFit porque cuesta 90 euros al mes, pero no todo el mundo tiene ese dinero».
Añade que la falta de recursos y los largos horarios laborales impiden, a menudo, que las familias puedan organizarse para cocinar de forma saludable o practicar actividad física de manera regular. «Si tú trabajas de lunes a sábado, de 8 de la mañana a 8 de la tarde, cuando llegas a tu casa, que estás harto de currar y que no llegas para pagarte el alquiler, qué escoges ¿una zanahoria o una palmera de chocolate?», se pregunta Basulto.
-
La longevidad española no depende solo de la genética ni de la dieta mediterránea. Factores como el nivel socioeconómico y el lugar de residencia influyen decisivamente en la salud y esperanza de vida.
-
El código postal pesa más que el código genético. Según Basulto, vivir en un barrio u otro puede restar hasta once años de vida, reflejando una clara desigualdad social en salud.
-
Los barrios más pobres están más expuestos a la publicidad de ultraprocesados. Los estudios citados indican que los niños de zonas desfavorecidas reciben el doble de impactos publicitarios de este tipo que los de zonas ricas.
-
Combatir la desigualdad requiere políticas públicas. No basta con promover dietas sanas o ejercicio individual: se necesitan medidas sociales y urbanas que igualen oportunidades en salud.
La paradoja, apunta, es que en los barrios con menor nivel educativo y económico la comida ultraprocesada es más barata y accesible, mientras que los alimentos frescos y saludables -frutas, verduras, pescado o frutos secos- se perciben como productos de lujo.
Esta realidad se agrava con la exposición a mensajes publicitarios y a la influencia de redes sociales repletas de soluciones mágicas para perder peso, promovidas por famosos e influencers que, según el experto, distorsionan la percepción de lo que significa una vida saludable. «Las personas con menos cultura o menos tiempo son más vulnerables frente a la manipulación de la industria alimentaria», concluye Basulto.
Artículo solo para suscriptores
RSS de noticias de bienestar
