Niscemi, un pueblo en el abismo

La localidad siciliana sufre un derrumbamiento que obliga a desalojar a 1.500 vecinos Leer La localidad siciliana sufre un derrumbamiento que obliga a desalojar a 1.500 vecinos Leer  

Una cruz hundiéndose por el precipicio. La imagen se ha convertido en el emblema de la situación que vive en estos días el pueblo italiano de Niscemi, aún en riesgo de derrumbamientos de tierra tras más de tres semanas de inestabilidad. Un fenómeno que ya ha obligado al desplazamiento de más de 1.500 vecinos y ha dejado inhabitables más de 200 edificios de esta localidad siciliana. Los bomberos continúan asistiendo a la población local, especialmente a los residentes que, por primera vez, comienzan a recuperar algunos de sus efectos personales de viviendas situadas en la zona roja, a apenas unas decenas de metros de la línea del despeñadero. Muchos lograron acceder de forma momentánea a sus casas apenas unas horas antes de que, a lo largo de esta semana, se produjeran nuevos corrimientos de tierra.

El monumento blanco, con la cruz hueca en el centro, había sido durante casi 30 años un símbolo para los habitantes de Niscemi, en recuerdo de otro derrumbe ocurrido en 1997, que dañó la iglesia de la localidad siciliana. Sin embargo, hace unos días, un nuevo desprendimiento golpeó el territorio a las 19:00 horas. La caída al vacío de una cruz tan significativa para la historia del pueblo ha generado una mezcla de sensaciones entre los vecinos de Niscemi, especialmente para su alcalde, Massimiliano Conti, quien confirmó personalmente el derrumbe del monumento y aseguró que «este derrumbamiento apesadumbra aún más nuestro corazón». La esperanza de Niscemi se ha hundido un poco más junto a esa cruz.

El corrimiento de tierras en el pueblo sigue en marcha. Tras la primera fase de los derrumbamientos, que tuvo lugar hace tres semanas, las autoridades italianas confirmaron que la fractura de unos cuatro kilómetros de longitud es solo una parte de un desprendimiento mucho mayor. Según los expertos, se estaría derrumbando progresivamente toda la colina de la zona de Niscemi, situada en la llanura de Gela, en la provincia siciliana de Caltanissetta.

El presidente de la región de Sicilia, Renato Schifani, ha anunciado daños que, por el momento, superan los 2.000 millones de euros, aunque se trata de una cifra destinada a crecer. En las últimas semanas, sin embargo, el Ejecutivo italiano de Giorgia Meloni ha sido objeto de polémica tras destinar tan solo 100 millones de euros en ayudas para tres regiones —Sicilia, Calabria y Cerdeña—, aunque la premier ha asegurado que se trata de «una primera ayuda inmediata».

Las autoridades italianas trabajan diariamente desde el inicio de los derrumbamientos para asistir a la población local. En los últimos días, por primera vez desde hace semanas, los bomberos han comenzado su labor de acompañamiento a los vecinos que desean recuperar sus principales efectos y recuerdos personales de las viviendas situadas en la zona roja, entre 30 y 50 metros de distancia respecto a la línea actual del corrimiento de tierras en Niscemi, un pueblo de más de 25.000 habitantes.

En la localidad italiana operan también numerosos voluntarios dispuestos a apoyar a los vecinos, tanto desde un punto de vista material como emocional. «Las personas a las que asistimos son, a menudo, ancianos que se han visto obligados a abandonar sus casas debido a los derrumbamientos. Lloran y nos agradecen lo que estamos haciendo», aseguran los voluntarios de la asociación Outsider, llegados desde Palermo, la capital de Sicilia. «Las personas no necesitan ser compadecidas, sino entendidas y queridas. Nosotros ofrecemos apoyo a los ciudadanos que, al perder su casa, han perdido también una parte de su historia».

El principal motivo de la fragilidad geológica de Niscemi y su entorno está relacionado con el tipo de terreno de la zona, compuesto principalmente por arcilla. Este material, aunque presenta una baja permeabilidad, no es completamente impermeable. De hecho, los terrenos arcillosos son capaces de absorber agua lentamente y retenerla durante largos periodos de tiempo. En un contexto medioambiental en el que, como ocurre cada vez con mayor frecuencia, las lluvias son copiosas, el agua permanece en el terreno sin lograr ser evacuada.

Las lluvias intensas y continuadas, como las provocadas recientemente por el ciclón Harry en Sicilia, hacen que un terreno arcilloso se vuelva inestable durante días e incluso semanas, aun después de que cesen las precipitaciones. Un área arcillosa como la de Niscemi pierde, tras lluvias intensas, al menos el 50% de su resistencia. A ello se suma que la mitad sur de Sicilia es una de las zonas más frágiles de Italia.

Según los datos publicados por el Instituto Superior para la Protección y la Investigación Ambiental (ISPRA), vinculado al Ministerio de Medio Ambiente del Gobierno italiano, más de ocho millones de personas viven en zonas de riesgo hidrogeológico en el país. Unos 6,8 millones de italianos residen actualmente en áreas con probabilidad de inundaciones y otros 1,3 millones en zonas que, como en el caso del pueblo siciliano de Niscemi, presentan un alto riesgo de desprendimientos de tierra. Sobre la base de estos datos científicos, desde el punto de vista hidrogeológico, el país con forma de bota es uno de los más frágiles del continente, ya que el 67% de los corrimientos de tierra que se registran en Europa tienen lugar precisamente en Italia.

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