Si al final se confirma su existencia, podría ser un mundo casi idéntico al nuestro. Un planeta rocoso, apenas un 6% más grande que la Tierra y que tarda unos 355 días en dar una vuelta completa alrededor de su estrella. Un lugar donde, desde su superficie, veríamos un sol familiar, quizás un poco más tenue y anaranjado que el nuestro, pero un sol al fin y al cabo. Suena bien. Tanto, que podría tratarse del ‘Santo Grial’ que los astrónomos llevan décadas buscando: la ansiada ‘Tierra 2.0’.Ahora bien, aunque así fuera, existen notables diferencias. Porque si pudiéramos recorrer los 146 años luz que nos separan de este nuevo mundo, lo más probable es que no encontráramos allí bosques verdes ni océanos azules, sino un infierno blanco. Un planeta atrapado en una edad de hielo eterna, más frío incluso que Marte, y con temperaturas que se desploman hasta los 68 grados bajo cero.Oculto en los archivosSu nombre técnico es HD 137010 b, y acaba de ser presentado en sociedad por un equipo internacional de astrónomos en la revista ‘The Astrophysical Journal Letters’. Y el hallazgo es fascinante no solo por el planeta en sí, sino por cómo se ha encontrado: escondido, esperando ser descubierto, en los archivos de una misión de la NASA que terminó hace casi ocho años. A veces, los mayores descubrimientos no se hacen mirando al cielo, sino rebuscando entre los datos que otros ya vieron pero no supieron interpretar.Esto es exactamente lo que ha ocurrido aquí. El telescopio espacial Kepler, el mayor cazador de planetas de la historia, se retiró con honores en 2018 . Pero su legado, una montaña de datos fotométricos, sigue siendo una mina de oro para los científicos.Si pudiéramos viajar los 146 años luz que nos separan de él, probablemente no encontraríamos bosques verdes ni océanos azules, sino un infierno blanco más frío que MarteBajo la dirección de Alexander Venner, astrofísico del Instituto Max Planck de Astronomía en Alemania, los investigadores decidieron volver a revisar algunos de esos datos. En concreto, se fijaron en la campaña K2 del telescopio. Y allí, en una observación de 2017, vieron algo: una pequeña, casi imperceptible caída en el brillo de la estrella HD 137010.Noticia Relacionada estandar Si «¿Qué demonios es esto?»: Hallan un raro planeta con forma de limón fuera del Sistema Solar J. de JorgeFue apenas un parpadeo. Un ‘eclipse en miniatura’, un ‘tránsito’ que duró alrededor de 10 horas, casi lo mismo que dura el de la Tierra. De hecho, cuando nuestro planeta pasa frente al Sol visto desde lejos, tarda unas 13 horas en hacerlo. Una similitud asombrosa. «Este -explican los investigadores- podría ser el primer exoplaneta con propiedades similares a las de la Tierra que, desde nuestra perspectiva, cruza la cara de una estrella similar al Sol lo suficientemente cercana y brillante».Con todo, es necesario tener cautela, y bastante paciencia antes de confirmar el hallazgo. Porque por ahora HD 137010 b es solo un ‘candidato’. ¿Qué significa esto? Pues que, para confirmar que un planeta es realmente un planeta, las reglas de la astronomía exigen que los astrónomos lo vean pasar por delante de su estrella por lo menos tres veces. Es la única forma de calcular con exactitud su órbita y descartar que se trate de ‘otra cosa’, como un error del instrumento o una simple mancha estelar.Hay, sin embargo, un problema: HD 137010 b tarda casi un año en dar una vuelta completa a su estrella. Kepler ya no funciona, y los telescopios actuales como TESS (de la NASA) o CHEOPS (de la ESA) suelen mirar zonas del cielo durante períodos mucho más cortos, de apenas un mes. ‘Cazar’ un planeta con una órbita tan larga es, paradójicamente, mucho más difícil que encontrar mundos que giran frenéticamente, en apenas días u horas, alrededor de su estrella.Una enorme ‘bola de nieve’Pero seamos optimistas, y supongamos que finalmente el planeta se confirma, algo en lo que el equipo de Venner, basándose en sus modelos matemáticos, confía plenamente. ¿Cómo sería estar allí?Veamos. La estrella anfitriona es una enana tipo K. Es ‘pariente’ de nuestro Sol (que es una enana del tipo G), pero algo más fría, más pequeña y menos luminosa. Lo cual tiene una consecuencia directa: aunque el planeta orbita a una distancia casi idéntica a la nuestra, recibe menos de un tercio de la luz y el calor que nosotros recibimos del Sol.A diferencia de otros ‘gemelos’ de la Tierra alrededor de estrellas débiles o que están demasiado lejos, este nuevo mundo orbita un sol brillante y está lo suficientemente cerca como para estudiarlo a fondoEl resultado es un mundo gélido. Los cálculos preliminares sugieren una temperatura superficial de unos -68 grados centígrados, incluso más frío que Marte, cuya temperatura media ronda los -65 grados. A pesar de lo cual, los autores del estudio no descartan la posibilidad de que HD 137010 b pueda albergar vida, y en su artículo recuerdan que la habitabilidad es un concepto flexible.Por ejemplo, si HD 137010 b tuviera una atmósfera densa, rica en dióxido de carbono (mucho más que la nuestra), el efecto invernadero podría calentar la superficie lo suficiente para mantener agua líquida. Según los modelos de los investigadores, hay un 51% de probabilidades de que el planeta caiga dentro de la ‘zona habitable optimista’ y un 40% de que esté en la zona conservadora. Es una moneda lanzada al aire, en la que ‘cara’ sería una bola de nieve inerte y ‘cruz’, un mundo con océanos fríos bajo una atmósfera pesada.Un planeta ‘diferente’¿Y por qué un planeta aún no confirmado está levantando tanto revuelo cuando se han encontrado ya un buen puñado de mundos con características similares a las de la Tierra? Porque, hasta ahora, los que se parecen a la Tierra suelen tener un problema: o bien orbitan estrellas enanas rojas (muy diferentes al Sol, propensas a fulguraciones letales), o están tan lejos de nosotros que resultan imposibles de estudiar.Según los modelos de los investigadores, hay un 50% de posibilidades de que sea una bola de nieve inerte, y otro 50% de que una atmósfera densa proteja océanos de agua líquida bajo el hieloAhí tenemos, por ejemplo, a Kepler 452b, anunciado en 2015 como el ‘primo mayor’ de la Tierra pero que está a 1.400 años luz de distancia, demasiado lejos para estudiar su atmósfera. O a Kepler-186f, que fue el primer planeta del tamaño de la Tierra en zona habitable, pero que además de estar a casi 500 años luz de nosotros, orbita alrededor de una enana roja mucho más fría y tenue que el Sol.HD 137010 b, sin embargo, está ‘aquí al lado’, a sólo 146 años luz. Y su estrella es lo suficientemente brillante (magnitud 10) como para que podamos apuntar nuestros telescopios y obtener datos de calidad. En palabras de Chelsea Huang, coautora del estudio, «el siguiente mejor planeta alrededor de una estrella similar al Sol en zona habitable está unas cuatro veces más lejos y es 20 veces más débil».Buscando la confirmaciónLa confirmación de HD 137010 b está ahora en manos de las próximas generaciones de telescopios. Y será una tarea titánica debido a su larga órbita. Quizás el telescopio espacial PLATO de la Agencia Espacial Europea, cuyo lanzamiento está previsto a finales de 2026, tenga la ‘paciencia’ necesaria para mirarlo fijamente hasta conseguir ver otro tránsito. O tal vez tengamos que esperar al Habitable Worlds Observatory, la futura gran apuesta de la NASA en cuanto a búsqueda de exoplanetas, previsto para la década de 2040.Mientras, lo que está claro es que HD 137010 b es, hoy por hoy, nuestro mejor laboratorio. Puede que sea un mundo inerte, una esfera de hielo flotando en la oscuridad. O puede que, bajo esa corteza helada o gracias a una gruesa atmósfera protectora, ese planeta oculte secretos que ni siquiera alcanzamos a imaginar. El nuevo mundo no es, o no parece ser, la Tierra 2.0 que esperábamos, pero es lo que tenemos. Y ahí está, a la espera de que tengamos los instrumentos necesarios para averiguarlo. Si al final se confirma su existencia, podría ser un mundo casi idéntico al nuestro. Un planeta rocoso, apenas un 6% más grande que la Tierra y que tarda unos 355 días en dar una vuelta completa alrededor de su estrella. Un lugar donde, desde su superficie, veríamos un sol familiar, quizás un poco más tenue y anaranjado que el nuestro, pero un sol al fin y al cabo. Suena bien. Tanto, que podría tratarse del ‘Santo Grial’ que los astrónomos llevan décadas buscando: la ansiada ‘Tierra 2.0’.Ahora bien, aunque así fuera, existen notables diferencias. Porque si pudiéramos recorrer los 146 años luz que nos separan de este nuevo mundo, lo más probable es que no encontráramos allí bosques verdes ni océanos azules, sino un infierno blanco. Un planeta atrapado en una edad de hielo eterna, más frío incluso que Marte, y con temperaturas que se desploman hasta los 68 grados bajo cero.Oculto en los archivosSu nombre técnico es HD 137010 b, y acaba de ser presentado en sociedad por un equipo internacional de astrónomos en la revista ‘The Astrophysical Journal Letters’. Y el hallazgo es fascinante no solo por el planeta en sí, sino por cómo se ha encontrado: escondido, esperando ser descubierto, en los archivos de una misión de la NASA que terminó hace casi ocho años. A veces, los mayores descubrimientos no se hacen mirando al cielo, sino rebuscando entre los datos que otros ya vieron pero no supieron interpretar.Esto es exactamente lo que ha ocurrido aquí. El telescopio espacial Kepler, el mayor cazador de planetas de la historia, se retiró con honores en 2018 . Pero su legado, una montaña de datos fotométricos, sigue siendo una mina de oro para los científicos.Si pudiéramos viajar los 146 años luz que nos separan de él, probablemente no encontraríamos bosques verdes ni océanos azules, sino un infierno blanco más frío que MarteBajo la dirección de Alexander Venner, astrofísico del Instituto Max Planck de Astronomía en Alemania, los investigadores decidieron volver a revisar algunos de esos datos. En concreto, se fijaron en la campaña K2 del telescopio. Y allí, en una observación de 2017, vieron algo: una pequeña, casi imperceptible caída en el brillo de la estrella HD 137010.Noticia Relacionada estandar Si «¿Qué demonios es esto?»: Hallan un raro planeta con forma de limón fuera del Sistema Solar J. de JorgeFue apenas un parpadeo. Un ‘eclipse en miniatura’, un ‘tránsito’ que duró alrededor de 10 horas, casi lo mismo que dura el de la Tierra. De hecho, cuando nuestro planeta pasa frente al Sol visto desde lejos, tarda unas 13 horas en hacerlo. Una similitud asombrosa. «Este -explican los investigadores- podría ser el primer exoplaneta con propiedades similares a las de la Tierra que, desde nuestra perspectiva, cruza la cara de una estrella similar al Sol lo suficientemente cercana y brillante».Con todo, es necesario tener cautela, y bastante paciencia antes de confirmar el hallazgo. Porque por ahora HD 137010 b es solo un ‘candidato’. ¿Qué significa esto? Pues que, para confirmar que un planeta es realmente un planeta, las reglas de la astronomía exigen que los astrónomos lo vean pasar por delante de su estrella por lo menos tres veces. Es la única forma de calcular con exactitud su órbita y descartar que se trate de ‘otra cosa’, como un error del instrumento o una simple mancha estelar.Hay, sin embargo, un problema: HD 137010 b tarda casi un año en dar una vuelta completa a su estrella. Kepler ya no funciona, y los telescopios actuales como TESS (de la NASA) o CHEOPS (de la ESA) suelen mirar zonas del cielo durante períodos mucho más cortos, de apenas un mes. ‘Cazar’ un planeta con una órbita tan larga es, paradójicamente, mucho más difícil que encontrar mundos que giran frenéticamente, en apenas días u horas, alrededor de su estrella.Una enorme ‘bola de nieve’Pero seamos optimistas, y supongamos que finalmente el planeta se confirma, algo en lo que el equipo de Venner, basándose en sus modelos matemáticos, confía plenamente. ¿Cómo sería estar allí?Veamos. La estrella anfitriona es una enana tipo K. Es ‘pariente’ de nuestro Sol (que es una enana del tipo G), pero algo más fría, más pequeña y menos luminosa. Lo cual tiene una consecuencia directa: aunque el planeta orbita a una distancia casi idéntica a la nuestra, recibe menos de un tercio de la luz y el calor que nosotros recibimos del Sol.A diferencia de otros ‘gemelos’ de la Tierra alrededor de estrellas débiles o que están demasiado lejos, este nuevo mundo orbita un sol brillante y está lo suficientemente cerca como para estudiarlo a fondoEl resultado es un mundo gélido. Los cálculos preliminares sugieren una temperatura superficial de unos -68 grados centígrados, incluso más frío que Marte, cuya temperatura media ronda los -65 grados. A pesar de lo cual, los autores del estudio no descartan la posibilidad de que HD 137010 b pueda albergar vida, y en su artículo recuerdan que la habitabilidad es un concepto flexible.Por ejemplo, si HD 137010 b tuviera una atmósfera densa, rica en dióxido de carbono (mucho más que la nuestra), el efecto invernadero podría calentar la superficie lo suficiente para mantener agua líquida. Según los modelos de los investigadores, hay un 51% de probabilidades de que el planeta caiga dentro de la ‘zona habitable optimista’ y un 40% de que esté en la zona conservadora. Es una moneda lanzada al aire, en la que ‘cara’ sería una bola de nieve inerte y ‘cruz’, un mundo con océanos fríos bajo una atmósfera pesada.Un planeta ‘diferente’¿Y por qué un planeta aún no confirmado está levantando tanto revuelo cuando se han encontrado ya un buen puñado de mundos con características similares a las de la Tierra? Porque, hasta ahora, los que se parecen a la Tierra suelen tener un problema: o bien orbitan estrellas enanas rojas (muy diferentes al Sol, propensas a fulguraciones letales), o están tan lejos de nosotros que resultan imposibles de estudiar.Según los modelos de los investigadores, hay un 50% de posibilidades de que sea una bola de nieve inerte, y otro 50% de que una atmósfera densa proteja océanos de agua líquida bajo el hieloAhí tenemos, por ejemplo, a Kepler 452b, anunciado en 2015 como el ‘primo mayor’ de la Tierra pero que está a 1.400 años luz de distancia, demasiado lejos para estudiar su atmósfera. O a Kepler-186f, que fue el primer planeta del tamaño de la Tierra en zona habitable, pero que además de estar a casi 500 años luz de nosotros, orbita alrededor de una enana roja mucho más fría y tenue que el Sol.HD 137010 b, sin embargo, está ‘aquí al lado’, a sólo 146 años luz. Y su estrella es lo suficientemente brillante (magnitud 10) como para que podamos apuntar nuestros telescopios y obtener datos de calidad. En palabras de Chelsea Huang, coautora del estudio, «el siguiente mejor planeta alrededor de una estrella similar al Sol en zona habitable está unas cuatro veces más lejos y es 20 veces más débil».Buscando la confirmaciónLa confirmación de HD 137010 b está ahora en manos de las próximas generaciones de telescopios. Y será una tarea titánica debido a su larga órbita. Quizás el telescopio espacial PLATO de la Agencia Espacial Europea, cuyo lanzamiento está previsto a finales de 2026, tenga la ‘paciencia’ necesaria para mirarlo fijamente hasta conseguir ver otro tránsito. O tal vez tengamos que esperar al Habitable Worlds Observatory, la futura gran apuesta de la NASA en cuanto a búsqueda de exoplanetas, previsto para la década de 2040.Mientras, lo que está claro es que HD 137010 b es, hoy por hoy, nuestro mejor laboratorio. Puede que sea un mundo inerte, una esfera de hielo flotando en la oscuridad. O puede que, bajo esa corteza helada o gracias a una gruesa atmósfera protectora, ese planeta oculte secretos que ni siquiera alcanzamos a imaginar. El nuevo mundo no es, o no parece ser, la Tierra 2.0 que esperábamos, pero es lo que tenemos. Y ahí está, a la espera de que tengamos los instrumentos necesarios para averiguarlo.
Si al final se confirma su existencia, podría ser un mundo casi idéntico al nuestro. Un planeta rocoso, apenas un 6% más grande que la Tierra y que tarda unos 355 días en dar una vuelta completa alrededor de su estrella. Un lugar donde, desde … su superficie, veríamos un sol familiar, quizás un poco más tenue y anaranjado que el nuestro, pero un sol al fin y al cabo. Suena bien. Tanto, que podría tratarse del ‘Santo Grial’ que los astrónomos llevan décadas buscando: la ansiada ‘Tierra 2.0’.
Ahora bien, aunque así fuera, existen notables diferencias. Porque si pudiéramos recorrer los 146 años luz que nos separan de este nuevo mundo, lo más probable es que no encontráramos allí bosques verdes ni océanos azules, sino un infierno blanco. Un planeta atrapado en una edad de hielo eterna, más frío incluso que Marte, y con temperaturas que se desploman hasta los 68 grados bajo cero.
Oculto en los archivos
Su nombre técnico es HD 137010 b, y acaba de ser presentado en sociedad por un equipo internacional de astrónomos en la revista ‘The Astrophysical Journal Letters’. Y el hallazgo es fascinante no solo por el planeta en sí, sino por cómo se ha encontrado: escondido, esperando ser descubierto, en los archivos de una misión de la NASA que terminó hace casi ocho años. A veces, los mayores descubrimientos no se hacen mirando al cielo, sino rebuscando entre los datos que otros ya vieron pero no supieron interpretar.
Esto es exactamente lo que ha ocurrido aquí. El telescopio espacial Kepler, el mayor cazador de planetas de la historia, se retiró con honores en 2018. Pero su legado, una montaña de datos fotométricos, sigue siendo una mina de oro para los científicos.
Si pudiéramos viajar los 146 años luz que nos separan de él, probablemente no encontraríamos bosques verdes ni océanos azules, sino un infierno blanco más frío que Marte
Bajo la dirección de Alexander Venner, astrofísico del Instituto Max Planck de Astronomía en Alemania, los investigadores decidieron volver a revisar algunos de esos datos. En concreto, se fijaron en la campaña K2 del telescopio. Y allí, en una observación de 2017, vieron algo: una pequeña, casi imperceptible caída en el brillo de la estrella HD 137010.
Fue apenas un parpadeo. Un ‘eclipse en miniatura’, un ‘tránsito’ que duró alrededor de 10 horas, casi lo mismo que dura el de la Tierra. De hecho, cuando nuestro planeta pasa frente al Sol visto desde lejos, tarda unas 13 horas en hacerlo. Una similitud asombrosa. «Este -explican los investigadores- podría ser el primer exoplaneta con propiedades similares a las de la Tierra que, desde nuestra perspectiva, cruza la cara de una estrella similar al Sol lo suficientemente cercana y brillante».
Con todo, es necesario tener cautela, y bastante paciencia antes de confirmar el hallazgo. Porque por ahora HD 137010 b es solo un ‘candidato’. ¿Qué significa esto? Pues que, para confirmar que un planeta es realmente un planeta, las reglas de la astronomía exigen que los astrónomos lo vean pasar por delante de su estrella por lo menos tres veces. Es la única forma de calcular con exactitud su órbita y descartar que se trate de ‘otra cosa’, como un error del instrumento o una simple mancha estelar.
Hay, sin embargo, un problema: HD 137010 b tarda casi un año en dar una vuelta completa a su estrella. Kepler ya no funciona, y los telescopios actuales como TESS (de la NASA) o CHEOPS (de la ESA) suelen mirar zonas del cielo durante períodos mucho más cortos, de apenas un mes. ‘Cazar’ un planeta con una órbita tan larga es, paradójicamente, mucho más difícil que encontrar mundos que giran frenéticamente, en apenas días u horas, alrededor de su estrella.
Una enorme ‘bola de nieve’
Pero seamos optimistas, y supongamos que finalmente el planeta se confirma, algo en lo que el equipo de Venner, basándose en sus modelos matemáticos, confía plenamente. ¿Cómo sería estar allí?
Veamos. La estrella anfitriona es una enana tipo K. Es ‘pariente’ de nuestro Sol (que es una enana del tipo G), pero algo más fría, más pequeña y menos luminosa. Lo cual tiene una consecuencia directa: aunque el planeta orbita a una distancia casi idéntica a la nuestra, recibe menos de un tercio de la luz y el calor que nosotros recibimos del Sol.
A diferencia de otros ‘gemelos’ de la Tierra alrededor de estrellas débiles o que están demasiado lejos, este nuevo mundo orbita un sol brillante y está lo suficientemente cerca como para estudiarlo a fondo
El resultado es un mundo gélido. Los cálculos preliminares sugieren una temperatura superficial de unos -68 grados centígrados, incluso más frío que Marte, cuya temperatura media ronda los -65 grados. A pesar de lo cual, los autores del estudio no descartan la posibilidad de que HD 137010 b pueda albergar vida, y en su artículo recuerdan que la habitabilidad es un concepto flexible.
Por ejemplo, si HD 137010 b tuviera una atmósfera densa, rica en dióxido de carbono (mucho más que la nuestra), el efecto invernadero podría calentar la superficie lo suficiente para mantener agua líquida. Según los modelos de los investigadores, hay un 51% de probabilidades de que el planeta caiga dentro de la ‘zona habitable optimista’ y un 40% de que esté en la zona conservadora. Es una moneda lanzada al aire, en la que ‘cara’ sería una bola de nieve inerte y ‘cruz’, un mundo con océanos fríos bajo una atmósfera pesada.
Un planeta ‘diferente’
¿Y por qué un planeta aún no confirmado está levantando tanto revuelo cuando se han encontrado ya un buen puñado de mundos con características similares a las de la Tierra?
Porque, hasta ahora, los que se parecen a la Tierra suelen tener un problema: o bien orbitan estrellas enanas rojas (muy diferentes al Sol, propensas a fulguraciones letales), o están tan lejos de nosotros que resultan imposibles de estudiar.
Según los modelos de los investigadores, hay un 50% de posibilidades de que sea una bola de nieve inerte, y otro 50% de que una atmósfera densa proteja océanos de agua líquida bajo el hielo
Ahí tenemos, por ejemplo, a Kepler 452b, anunciado en 2015 como el ‘primo mayor’ de la Tierra pero que está a 1.400 años luz de distancia, demasiado lejos para estudiar su atmósfera. O a Kepler-186f, que fue el primer planeta del tamaño de la Tierra en zona habitable, pero que además de estar a casi 500 años luz de nosotros, orbita alrededor de una enana roja mucho más fría y tenue que el Sol.
HD 137010 b, sin embargo, está ‘aquí al lado’, a sólo 146 años luz. Y su estrella es lo suficientemente brillante (magnitud 10) como para que podamos apuntar nuestros telescopios y obtener datos de calidad. En palabras de Chelsea Huang, coautora del estudio, «el siguiente mejor planeta alrededor de una estrella similar al Sol en zona habitable está unas cuatro veces más lejos y es 20 veces más débil».
Buscando la confirmación
La confirmación de HD 137010 b está ahora en manos de las próximas generaciones de telescopios. Y será una tarea titánica debido a su larga órbita. Quizás el telescopio espacial PLATO de la Agencia Espacial Europea, cuyo lanzamiento está previsto a finales de 2026, tenga la ‘paciencia’ necesaria para mirarlo fijamente hasta conseguir ver otro tránsito. O tal vez tengamos que esperar al Habitable Worlds Observatory, la futura gran apuesta de la NASA en cuanto a búsqueda de exoplanetas, previsto para la década de 2040.
Mientras, lo que está claro es que HD 137010 b es, hoy por hoy, nuestro mejor laboratorio. Puede que sea un mundo inerte, una esfera de hielo flotando en la oscuridad. O puede que, bajo esa corteza helada o gracias a una gruesa atmósfera protectora, ese planeta oculte secretos que ni siquiera alcanzamos a imaginar. El nuevo mundo no es, o no parece ser, la Tierra 2.0 que esperábamos, pero es lo que tenemos. Y ahí está, a la espera de que tengamos los instrumentos necesarios para averiguarlo.
Límite de sesiones alcanzadas
- El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a la vez. Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Volver a intentar
Has superado el límite de sesiones
- Sólo puedes tener tres sesiones iniciadas a la vez. Hemos cerrado la sesión más antigua para que sigas navegando sin límites en el resto.
Sigue navegando
Artículo solo para suscriptores
RSS de noticias de ciencia
