El comandante de la Patrulla Fronteriza ha sido destituido y regresará a su antiguo puesto en California, «donde se espera que se jubile pronto» Leer El comandante de la Patrulla Fronteriza ha sido destituido y regresará a su antiguo puesto en California, «donde se espera que se jubile pronto» Leer
El abrigo largo de corte militar no crea autoritarismo, pero lo evoca: es una prenda diseñada para imponer presencia, borrar al individuo y subrayar la obediencia al Estado. El comandante Greg Bovino, bisnieto de un inmigrante sin papeles italiano que llegó en barco a EEUU en 1909, eligió la semana pasada abrigarse con su great coat (de dotación, según él) que lleva usando desde que comenzó su servicio activo en la patrulla fronteriza hace 25 años y que ahora abandonará tras ser destituido. Regresará a su antiguo puesto en California, «donde se espera que se jubile pronto», según informaba ‘The Atlantic’ este lunes, citando a un funcionario de Seguridad Nacional y a dos personas con conocimiento del cambio.
Con el cadáver aún caliente de la ciudadana Renee Nicole Good, acribillada a tiros por uno de sus agentes, Bovino y sus agentes del ICE irrumpió en las calles de Minneapolis con su corte de pelo uppercut a la moda de los años 30 y esa prenda, de verde oliva, charreteras y doble fila de botones dorados, retrotrae a las fotografías de los militares nazis de las SS llevando su offiziersmantel, de un corte similar pero en cuero negro. El parecido formal con el abrigo de las SS no implica equivalencia moral, pero explica por qué ciertas prendas activan una memoria histórica asociada al poder autoritario.
La elección de esa prenda en ese momento de gran tensión en las calles, en las que muchas voces comienzan a alertar del viraje autoritario de la Administración Trump, no fue casual. Además añadió un cinturón Sam Browne sujeto por una correa de cuero colgada en diagonal sobre el hombro, similar a los usados por los oficiales de la Gestapo y de clara «estética fascista», como el escritor alemán Arno Frank lo describió en Der Spiegel: «Es el estilo distintivo» de la «intervención autoritaria». «No es de extrañar que figuras como Greg Bovino recurran a modelos de eficacia comprobada», escribe Frank. «Mientras que los demás agentes federales parecen usar lo que tienen a mano, destaca entre esta turba de matones como un elegante oficial de las SS destaca entre la alborotada turba de las SA. El corte de pelo también es perfecto; solo falta un monóculo para el disfraz perfecto».
Aunque la referencia visual más evidente entronca con el periodo nazi en Alemania, en realidad se trata de una prenda mucho más antigua, heredera de los mantos de guerra medievales, perfeccionados durante siglos hasta llegar a los ejércitos prusianos o franceses durante las guerras napoleónicas. Su estética se afina en la Primera Guerra Mundial, con el ejército del káiser y sus abrigos de color feldgrau o los azules celestes de los galos.
Con el great coat de los años 30, más destinados al cuartel que a la trinchera, ya no hablamos de ropa, sino de lenguaje del poder. Lo popularizaron los alemanes pero también los aliados, incluyendo los soviéticos, que lo bautizaron como shinel y lo eligieron para vestir a los oficiales del ejército rojo y los agentes del temible NKVD (precursor del KGB). En la URSS, el shinel no distinguía entre guerra y poder: lo llevaban quienes combatían, quienes vigilaban y quienes mandaban, y eso incluía al propio Josef Stalin.
Con el abrigo offiziersmantel sucede algo parecido que con la gorra de plato, un complemento que busca añadir altura y verticalidad incluso a oficiales bajitos, aunque el great coat persigue otra cosa complementaria, pero más profunda: crea una silueta maciza que tapa la cintura, oculta las piernas y elimina rasgos personales.
Tricia McLaughlin, subsecretaria de asuntos públicos del Departamento de Seguridad Nacional, quiso aclarar que el abrigo forma parte del «uniforme de invierno estándar de la Patrulla Fronteriza», aunque The New York Times cita un documento de 2025 que detallaba las Normas de Uniformes y Aseo de la Patrulla Fronteriza, en el que el abrigo en cuestión no figura como parte de ningún uniforme oficial.
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