Trump está alterando equilibrios. Pero no se confundan con su hiperactividad, está reforzando el nacionalismo económico, y ahora político y militar, presente ya en las dos presidencias anteriores. Dejando de lado aranceles, hoy quisiera pasar revisión a algunos aspectos que implican una vuelta de tuerca, una más, en el ya imparable proceso de redefinición del capitalismo posliberal hacia una versión nacional-populista cuyos tintes se asemejan cada vez más a la que emergió en los años 30.
Trump está alterando equilibrios. Pero no se confundan con su hiperactividad, está reforzando el nacionalismo económico, y ahora político y militar, presente ya en las dos presidencias anteriores. Dejando de lado aranceles, hoy quisiera pasar revisión a algunos aspectos que implican una vuelta de tuerca, una más, en el ya imparable proceso de redefinición del capitalismo posliberal hacia una versión nacional-populista cuyos tintes se asemejan cada vez más a la que emergió en los años 30.Seguir leyendo…
Trump está alterando equilibrios. Pero no se confundan con su hiperactividad, está reforzando el nacionalismo económico, y ahora político y militar, presente ya en las dos presidencias anteriores. Dejando de lado aranceles, hoy quisiera pasar revisión a algunos aspectos que implican una vuelta de tuerca, una más, en el ya imparable proceso de redefinición del capitalismo posliberal hacia una versión nacional-populista cuyos tintes se asemejan cada vez más a la que emergió en los años 30.
En el exterior, destacan diversas victorias de esa política. Una, que México haya impuesto aranceles (hasta el 50%) para 1.400 productos chinos, evitando así su entrada en los EE.UU. libres de cargas arancelarias. La segunda, la recuperación de soberanía fiscal: los países del G-7, entre ellos los europeos, han aceptado que el acuerdo del mínimo del 15% de impuestos a las multinacionales no se aplique a las estadounidenses. La tercera, el abandono de la financiación y pertenencia a más de 60 organizaciones internacionales. Finalmente, acuerdo del Gobierno con Korea Zinc, mediante préstamos y subvenciones, para la construcción de una planta de procesamiento de minerales estratégicos (antimonio, germanio o galio) y de otros (zinc, cobre o plomo) necesarios para reducir la dependencia de China en automóvil, defensa o semiconductores; todo ello, enmarcado en la decisión coreana de invertir 350.000 millones de dólares en EE.UU. con el fin de reducir los aranceles inicialmente impuestos por Trump (del 25% al 15%)
Las decisiones iniciales de Trump sobre aranceles se tomaron a broma, pero no lo eran
Añadan otras modificaciones sustanciales en el ámbito interno. Primera, el publicitado conflicto con la Fed, y el posible procesamiento de Powell, que ha generado critica general entre los bancos centrales de Occidente y sobre el que
habrá que regresar por su inevitable impacto en el mercado de deuda pública americana, la base del sistema financiero global. Segunda, el acuerdo de la Administración Trump de comprar 200.000 millones de dólares de bonos hipotecarios con la finalidad de reducir los intereses de las hipotecas (en el 6,16% a 30 años) y mejorar, con ello, la accesibilidad a la vivienda, limitando además la compra de viviendas familiares por grandes inversores. Finalmente, para las empresas de defensa, la posible prohibición de reparto de dividendos, recompra de acciones e imposición de topes a las remuneraciones de sus ejecutivos si no hay nuevas inversiones en plantas más modernas.
Cuando ganó las elecciones, el consenso apuntaba que la personalidad de Trump le impedía una visión estratégica del futuro de EEUU: sus primeras decisiones sobre aranceles fueron tomadas un tanto a broma de mal gusto. No me pareció entonces que lo fueran, y menos ahora tras ese primer año en el que los ejemplos de deriva nacional-populista son continuos. Guste más o menos, un nuevo capitalismo se impone. Y Europa ha comenzado a seguirlo.
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