El Oceanogràfic de Valencia recibirá a dos de las 30 belugas que se salvaron de la eutanasia de Canadá

El futuro de las 30 belugas que se salvaron de la eutanasia en Canadá tras cerrar las instalaciones en las que vivían se esclarece: dos pasarán el resto de su vida en el Oceanogràfic de Valencia y las demás serán reubicadas en cuatro acuarios acreditados de Estados Unidos. El traslado de los dos mamíferos marinos a España cuenta con todas las autorizaciones de importación. Ahora, el Oceanogràfic está ultimando los detalles de un viaje muy complejo, en el que la seguridad y bienestar de los animales marca el ritmo. El acuario valenciano cuenta con cuatro belugas en sus instalaciones, dos de ellas rescatadas desde Ucrania.

Seguir leyendo

 El traslado tiene luz verde, pero aún quedan por cerrar los detalles de una compleja operación que debe garantizar la seguridad de los ejemplares  

El futuro de las 30 belugas que se salvaron de la eutanasia en Canadá tras cerrar las instalaciones en las que vivían se esclarece: dos pasarán el resto de su vida en el Oceanogràfic de Valencia y las demás serán reubicadas en cuatro acuarios acreditados de Estados Unidos. El traslado de los dos mamíferos marinos a España cuenta con todas las autorizaciones de importación. Ahora, el Oceanogràfic está ultimando los detalles de un viaje muy complejo, en el que la seguridad y bienestar de los animales marca el ritmo. El acuario valenciano cuenta con cuatro belugas en sus instalaciones, dos de ellas rescatadas desde Ucrania.

Las belugas son animales muy sociales y, en este caso, han logrado esquivar no solo su sacrificio, sino su traslado a parques de entretenimiento en China, sobre los que las organizaciones ecologistas alertan de falta de transparencia y de garantías sobre el bienestar de los cetáceos. Las 30 belugas vivían en el parque acuático de Marineland, en Ontario (Canadá), que cerró sus puertas en 2024 debido al bajón de visitantes, lastrado por las denuncias por bienestar animal y el creciente rechazo social al cautiverio de cetáceos.

Sus propietarios aseguraron que no se podían hacer cargo de ellas y amenazaron incluso con eutanasiar a los 30 animales. Esas belugas quedaron en un limbo similar al de las orcas Wikie y su hijo Keijo tras el cierre del acuario Marineland de Antibes, en la Costa Azul francesa. Ambos parques cerraron sus puertas después de que sus países aprobaran leyes para poner fin al encierro de estos animales con fines de exhibición. Canadá lo hizo en 2019 y Francia en 2021, este último país con un periodo de transición hasta 2026.

Cuando las dos belugas designadas a España lleguen a Valencia, no estarán solas. El centro acuático alberga ya a cuatro ejemplares: Yulka, que llegó en 2003 junto al macho Kairo (fallecido en 2022), y su hijo Kylu nacido en 2016; además de Plombir y Miranda, rescatadas de un delfinario de Járkov (Ucrania) en 2024, una ciudad sometida a bombardeos y situada muy cerca de las instalaciones donde vivían.

Fuentes del Oceanogràfic aseguran que “todavía no pueden adelantar nada de los detalles concretos de su llegada”. Pero cuentan con la experiencia del rescate de los dos ejemplares de Ucrania. Detrás de estas operaciones hay meses de planificación, logística y cuidados veterinarios, junto a una coordinación internacional muy compleja. Y cuando llegan empieza otra etapa no menos compleja: el trabajo de adaptación, que dura meses, añaden.

Plombir y Miranda viajaron más de 12 horas por carretera, de Járkov hasta Odesa. De ahí, fueron trasladadas en avión a Valencia, siempre acompañadas por especialistas en mamíferos marinos y bienestar animal. El proceso desde Canadá seguirá un patrón similar que todavía no se conoce porque los equipos implicados continúan con los preparativos.

Al llegar al acuario valenciano no pasarán directamente a las instalaciones visitables. Durante los primeros meses permanecerán en áreas no accesibles al público, en las que recibirán atención veterinaria especializada, seguimiento nutricional y una observación continua por parte de veterinarios, biólogos, especialistas en comportamiento y cuidadores.

La incorporación de las nuevas belugas a las residentes se hará poco a poco y seguirá el patrón de las ucranianas. Estas mantuvieron durante semanas contacto visual y acústico a través de las compuertas de seguridad, mientras los equipos técnicos evaluaban sus interacciones y establecían las condiciones adecuadas para los primeros encuentros controlados. Incluso se organizaron turnos de vigilancia durante las 24 horas del día en las primeras fases del proceso.

La joven beluga Kylu, de 10 años, fue fundamental al facilitar la interacción entre los distintos animales. “Los cuidadores diseñaron las primeras presentaciones para generar experiencias positivas y respetaron en todo momento el ritmo marcado por las propias belugas”, indican desde el Oceanogràfic. La integración completa no se alcanzó hasta enero de 2025, siete meses después de su llegada.

En este proceso, se observó que estos dos ejemplares emitían vocalizaciones diferentes a las de las residentes, Yulka y Kylu, “probablemente como consecuencia de haber convivido durante años con delfines en el acuario de Járkov”. Con el paso de los meses se observó una evolución progresiva de esos patrones vocales y procesos de adaptación entre los distintos individuos del grupo.

La ONG Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (Faada), que tiene en marcha la campaña SOS Delfines, considera que el cierre de este tipo de instalaciones “es un problema sin resolver en un mundo en el que se continúan realizando capturas de cetáceos para el comercio internacional en Cuba, Japón y Rusia y que pueden existir en países de África y del Pacífico Sur, como China e Indonesia, para su uso nacional”. En España, la ley de bienestar animal limita la cría a la investigación y conservación, “pero como se supone que esta es una de las prácticas de los acuarios, todo sigue igual”, comentan.

“Son animales que están siendo explotados económicamente en shows y cuando dejan de ser una fuente de ingresos, se tienen que deshacer de ellos, y es la empresa la que debería buscar una solución”, explica Virginia Iniesta, técnico de la organización del Área de Animales Salvajes.

La reincorporación de las belugas a otras instalaciones de acuarios “se presenta como una solución para ellas y, ante el sacrificio, esto vale”, continúa Iniesta. “Pero nosotros apostamos por los santuarios marinos”, avisa. En la actualidad, esta posibilidad todavía queda lejana porque aún está en construcción el primer lugar de este tipo en Norteamérica, una zona de 40 hectáreas dentro de la bahía de Port Hilford (Canadá).

El lugar está diseñado para albergar ballenas, delfines y belugas de parques acuáticos. “Pero son proyectos privados que tienen que buscar financiación. Creemos que los países que legislan para que no existan cetáceos encerrados deberían ayudar a su vez para que los santuarios salieran adelante y ofrecer una solución que no signifique perpetuar su encierro”, plantea Iniesta.

 Sociedad en EL PAÍS

Te Puede Interesar