Daniil Trifonov, el mejor Brahms del verano musical

Daniil Trifonov se dirige al piano que preside el escenario del Espai Ter rodeado de los músicos de la Mahler Chamber Orchestra con la actitud de un poeta que carga el peso emocional del universo. Y tal vez es así, porque el que es probablemente el pianista más fascinante de su generación se prepara para abordar el Concierto núm. 1 de Johannes Brahms, todo un reto técnico y anímico al que este artista –al que tanto le da si está tocando en Torroella o en la cima del Everest, está por la obra y nada más– se enfrenta con el compromiso de un orfebre de la honestidad musical. 

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 El público de Torroella enloquece con el pianista ruso y la batuta de Harding al frente de la Mahler Chamber  

Daniil Trifonov se dirige al piano que preside el escenario del Espai Ter rodeado de los músicos de la Mahler Chamber Orchestra con la actitud de un poeta que carga el peso emocional del universo. Y tal vez es así, porque el que es probablemente el pianista más fascinante de su generación se prepara para abordar el Concierto núm. 1 de Johannes Brahms, todo un reto técnico y anímico al que este artista –al que tanto le da si está tocando en Torroella o en la cima del Everest, está por la obra y nada más– se enfrenta con el compromiso de un orfebre de la honestidad musical. 

Y a medida que avanza el concierto va logrando contagiar de su universo poético a toda la orquesta, liderada por su director honorífico Daniel Harding. El piano se confunde con la densa masa orquestal, tal como lo concibió Brahms en esta gran obra marcada por su cercanía emocional con Clara Schumannel y por el intento de suicidio de su mentor Robert Schumann, cuando en febrero de 1854 se arrojó al Rin.

El enigmático pianista ruso es un ejemplo único de sinceridad, personalidad y poesía al piano. “Nadie reúne hoy estas tres cualidades”, advierte Josep Maria Prat

Es lunes [anteayer] y así arranca en el festival estratégico de la Generalitat de Catalunya la gira estival que la orquesta que fundó Claudio Abbado ha trabado con Harding, el maestro británico que fue su pupilo –“mi pequeño prodigio”, le llamaba–, y con el enigmático pianista ruso, un ejemplo único de sinceridad, personalidad y poesía al piano. “Nadie reune hoy estas tres cualidades”, advierte Josep Maria Prat, presidente de Ibercamera y su agente en España.

Juntos están llevando a cabo la que sin duda es una de las giras sinfónicas más importantes del verano europeo. En realidad, antes de cruzar los Pirineos hubo solo dos paradas, en Wiesbaden y Lübeck. Hoy están en Pollença, mañana en la Quincena de San Sebastián y al siguiente en Santander. Y si la gira se amplió al Festival Torroella fue por la insistencia de su directora artística, Montse Faura, que peleó para ofrecer ese proyecto diferencial a un público que ya no solo se nutre de excelentes conjuntos barrocos.

Un momento de la interpretación de Daniil Trifonov
Un momento de la interpretación de Daniil TrifonovRoger Lleixà

La audiencia del festival se lo agradeció este lunes infinitamente a tenor de las grandes ovaciones que se dedicaron al pianista ruso. La profundidad de su discurso –algo esencial en Brahms– había llegado al corazón de muchas personas, especialmente en el crescendo del Rondo final, con un poderoso empuje rítmico que equilibra la tensión previa. Un Primero de Brahms para no olvidar.

“¿Has visto cómo usa el pedal? Parece irracional y poco identificable con lo que se escucha, y sin embargo el sonido está lleno, limpio, redondo. Es una maravilla”, decía entre el público una fan que agradece que Trifonov no busque “la perfección, sino hablar a su manera”.

Torroella le arrancó dos bises, dos piezas que aparecen en su inminente último trabajo titulado My America – South . Una era El vals de Santo Domingo del dominicano Rafael Bullumba Landestoy y la otra, Milonga, del argentino Alberto Ginastera. Y quienes temían que el baluarte ruso se meta en repertorios que le son ajenos quedaron gratamente sorprendidos.

También fue agasajado Harding con un aplauso cerrado tras la Octava sinfonía de Dvorák que completaba el programa y que, todo hay que decirlo, puso a prueba la capacidad del Espai Ter para absorber con sus dimensiones medias las monumentales dinámicas sinfónicas en las que se movió la batuta con la Mahler Chamber. Harding conoce bien esta orquesta, y se permite ser flexible y transparente pero al mismo tiempo intensamente expresivo, comentaba Faura, mientras atendía a la consellera de Cultura, Sònia Hernández, que no quiso perderse una cita de tal relevancia.

La Mahler Chamber puso a prueba la capacidad que tiene el Espai Ter de absorber su monumental dinámica sonora
La Mahler Chamber puso a prueba la capacidad que tiene el Espai Ter de absorber su monumental dinámica sonoraRoger Lleixà

“Hoy estamos más cerca que hace unos años de que, en el momento en que estas giras se gestan, Torroella esté presente desde el primer momento de la conversación. Y eso es fruto del prestigio y la coherencia artística que el festival ha construido a lo largo de casi cincuenta años”, añadió la directora artística del Festival. El mérito no es solo haber programado un gran concierto, sino haberse situado en el circuito internacional en el que pasan cosas importante.

Si el lema de esta edición es que el amor deja rastro, ¿no será que la sensibilidad estimulada año tras año por Torroella va dejando también su rastro?

Se lo preguntaba la filósofa Eulàlia Bosch. Y Faura respondía: “El rastro no es solo el recuerdo de una noche excepcional; es la confianza y la credibilidad construidas a lo largo de años, que hacen posible que hoy Torroella sea una parada natural en el recorrido de grandes giras”.

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