Diversos estudios dermatológicos coinciden en que el agua a altas temperaturas elimina los aceites naturales de la piel, aumenta la pérdida de agua transepidérmica y favorece la sequedad, la irritación e incluso patologías como la dermatitis. Organismos como la Academia Americana de Dermatología recomiendan duchas tibias y de corta duración precisamente para preservar esa función protectora.Y es que lo que para muchos, sobre todo en los meses más fríos del año, es un auténtico placer, para la salud de nuestra piel es un tormento. Pese a lo reconfortable que parezca una buena ducha caliente, con su sensación de calor y relajación muscular inmediata, detrás se esconden algunos riesgos.Y así lo advierte en una de sus últimas publicaciones Xavi Batalla, doctor experto en medicina regenerativa, quien durante una entrevista en el pódcast ‘Focus ON’, asegura que «las duchas de agua caliente envejecen tu piel y dañan el pelo».Lejos de ser una acción inofensiva, el especialista explica que el impacto del agua muy caliente sobre la piel tiene una base biológica clara. «Las células son como ladrillos y entre ellas hay un ‘cemento’ formado por lípidos y ceramidas que sellan la barrera cutánea. El agua muy caliente daña ese cemento», detalla. El calor excesivo altera la estructura de la queratina y aumenta la fragilidad del peloEl cabello tampoco queda al margen. Según el divulgador, el agua caliente «abre las cutículas», debilitando la fibra capilar y favoreciendo la rotura y la pérdida de brillo. La evidencia científica respalda esta afirmación, puesto que el calor excesivo altera la estructura de la queratina y aumenta la fragilidad del pelo, especialmente en cabellos ya dañados o tratados químicamente.Pese a ello, el experto matiza que no todo es negativo en el uso del agua caliente. Los contrastes térmicos, combinando agua fría y caliente, pueden tener efectos beneficiosos sobre la circulación y la inflamación, aunque insiste en que no se debe abusar si se quiere cuidar la piel. Diversos estudios dermatológicos coinciden en que el agua a altas temperaturas elimina los aceites naturales de la piel, aumenta la pérdida de agua transepidérmica y favorece la sequedad, la irritación e incluso patologías como la dermatitis. Organismos como la Academia Americana de Dermatología recomiendan duchas tibias y de corta duración precisamente para preservar esa función protectora.Y es que lo que para muchos, sobre todo en los meses más fríos del año, es un auténtico placer, para la salud de nuestra piel es un tormento. Pese a lo reconfortable que parezca una buena ducha caliente, con su sensación de calor y relajación muscular inmediata, detrás se esconden algunos riesgos.Y así lo advierte en una de sus últimas publicaciones Xavi Batalla, doctor experto en medicina regenerativa, quien durante una entrevista en el pódcast ‘Focus ON’, asegura que «las duchas de agua caliente envejecen tu piel y dañan el pelo».Lejos de ser una acción inofensiva, el especialista explica que el impacto del agua muy caliente sobre la piel tiene una base biológica clara. «Las células son como ladrillos y entre ellas hay un ‘cemento’ formado por lípidos y ceramidas que sellan la barrera cutánea. El agua muy caliente daña ese cemento», detalla. El calor excesivo altera la estructura de la queratina y aumenta la fragilidad del peloEl cabello tampoco queda al margen. Según el divulgador, el agua caliente «abre las cutículas», debilitando la fibra capilar y favoreciendo la rotura y la pérdida de brillo. La evidencia científica respalda esta afirmación, puesto que el calor excesivo altera la estructura de la queratina y aumenta la fragilidad del pelo, especialmente en cabellos ya dañados o tratados químicamente.Pese a ello, el experto matiza que no todo es negativo en el uso del agua caliente. Los contrastes térmicos, combinando agua fría y caliente, pueden tener efectos beneficiosos sobre la circulación y la inflamación, aunque insiste en que no se debe abusar si se quiere cuidar la piel.
I. Asenjo
Diversos estudios dermatológicos coinciden en que el agua a altas temperaturas elimina los aceites naturales de la piel, aumenta la pérdida de agua transepidérmica y favorece la sequedad, la irritación e incluso patologías como la dermatitis. Organismos como la Academia Americana de Dermatología recomiendan duchas tibias y de corta duración precisamente para preservar esa función protectora.
Y es que lo que para muchos, sobre todo en los meses más fríos del año, es un auténtico placer, para la salud de nuestra piel es un tormento. Pese a lo reconfortable que parezca una buena ducha caliente, con su sensación de calor y relajación muscular inmediata, detrás se esconden algunos riesgos.
Y así lo advierte en una de sus últimas publicaciones Xavi Batalla, doctor experto en medicina regenerativa, quien durante una entrevista en el pódcast ‘Focus ON’, asegura que «las duchas de agua caliente envejecen tu piel y dañan el pelo».
Lejos de ser una acción inofensiva, el especialista explica que el impacto del agua muy caliente sobre la piel tiene una base biológica clara. «Las células son como ladrillos y entre ellas hay un ‘cemento’ formado por lípidos y ceramidas que sellan la barrera cutánea. El agua muy caliente daña ese cemento», detalla.
El calor excesivo altera la estructura de la queratina y aumenta la fragilidad del pelo
El cabello tampoco queda al margen. Según el divulgador, el agua caliente «abre las cutículas», debilitando la fibra capilar y favoreciendo la rotura y la pérdida de brillo. La evidencia científica respalda esta afirmación, puesto que el calor excesivo altera la estructura de la queratina y aumenta la fragilidad del pelo, especialmente en cabellos ya dañados o tratados químicamente.
Pese a ello, el experto matiza que no todo es negativo en el uso del agua caliente. Los contrastes térmicos, combinando agua fría y caliente, pueden tener efectos beneficiosos sobre la circulación y la inflamación, aunque insiste en que no se debe abusar si se quiere cuidar la piel.
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