Fue devuelto a Rusia en un intercambio en el que Moscú soltó a un grupo fundamentalmente formado por disidentes políticos y periodistas Leer Fue devuelto a Rusia en un intercambio en el que Moscú soltó a un grupo fundamentalmente formado por disidentes políticos y periodistas Leer
La Justicia polaca dará hasta febrero a Pablo González para que se presente ante el tribunal antes de dictar una orden de detención contra él. Polonia celebró este martes la primera vista del proceso contra González, ciudadano español y ruso. Se le acusa de espiar para el servicio de inteligencia militar de Rusia (GRU) de 2016 hasta 2022, cuando fue detenido en Polonia. La siguiente vista será el 25 de febrero. En la audiencia de hoy a puerta cerrada se han empezado a examinar los materiales, que son secretos. Teóricamente, si González no se presenta el juicio no podrá seguir adelante sin él. Pero algunas fuentes cercanas al caso apuntan que en algunas ocasiones la justicia polaca ha emitido veredictos estando el acusado huido.
A Pablo González se le imputa haber investigado infraestructuras polacas usando la identidad de periodista español. Tras pasar dos años y cinco meses en una prisión polaca a la espera de juicio, fue devuelto a Rusia en un intercambio en el que Moscú soltó a un grupo fundamentalmente formado por disidentes políticos y periodistas a cambio de recibir de vuelta a espías, delincuentes y algún sicario.
Tal y como se esperaba, González no compareció en la vista de hoy y sigue en Moscú, donde se ha instalado al amparo del Gobierno ruso. Mientras que en España su caso encarnó una discusión sobre su inocencia e incluso una supuesta defensa del periodismo, en Polonia su figura se ha convertido en arma arrojadiza en la guerra política interna sobre quién es más blando con la injerencia rusa: los liberales que fueron contactados por él o los conservadores que lo entregaron a Rusia sin liberar a cambio a ningún polaco preso.
La Fiscalía Nacional afirma que obtuvo y transmitió datos, difundió desinformación y realizó reconocimiento operativo. La información sobre la posible presencia de González como agente ruso fue proporcionada a Polonia por los servicios de Inteligencia de un aliado de la OTAN: según varias fuentes, fue Reino Unido.
La audiencia de hoy no fue pública, según decidió el Tribunal de Distrito de Varsovia. El tribunal ha excluido abrir el proceso al público porque se discutió información de los servicios secretos. El caso llega a juicio después de meses de bloqueo: el tribunal había suspendido el procedimiento hasta conocer las condiciones exactas del canje y si la propia Polonia había vetado la entrada de González al país. Si el juicio avanza, podría dictarse una sentencia en ausencia, algo que se menciona como escenario probable.
Desde Moscú, González ha denunciado que fue víctima de una campaña porque, según él, sabe más que nadie en España sobre Ucrania y habla un ruso tan excelente que sus crónicas en la prensa regional vasca hacían peligrar las narrativas occidentales: «Querían quitarme del medio. En el momento clave en el que se hace una campaña de propaganda occidental por la intervención rusa en Ucrania. Saben perfectamente que más experto que yo en ese tema no había nadie en castellano», ha difundido en redes sociales.
Polskie Radio y otros medios próximos al Gobierno dan por hecho que, bajo cobertura periodística, habría recabado información sobre infraestructura crítica y objetivos clave para la seguridad de Polonia. En los dispositivos de Pablo se encontraron algunas fotos de centrales energéticas, pero queda por demostrar si era su faceta de periodista o de agente la que le llevó a esos lugares. Destacados miembros de la disidencia rusa y bielorrusa han declarado que Pablo González se acercó a ellos para luego elaborar informes para Moscú. En sus dispositivos se halló incluso correspondencia privada de Zhanna Nemtsova, hija del disidente ruso Boris Nemtsov, con quien tuvo una relación. Algunos de los perfiles que redactó aparecieron escritos en ruso. Pero muchas de esas labores de inteligencia no se llevaron a cabo en Polonia, y el tribunal tiene que probar que la seguridad del país se vio afectada.
El caso ha traído marejada a la siempre polarizada política polaca. Para medios conservadores como wPolityce, el arranque del juicio es una prueba de si el actual gobierno realmente quiere esclarecer a fondo la «actividad de espionaje» de Pablo González o prefiere dejar el caso de lado. Otros sectores utilizan el caso para recordar que la infiltración de Pablo González se produjo bajo los gobiernos conservadores del partido PiS. «Cabe preguntarse si las autoridades actuales están realmente comprometidas con la investigación de las actividades de espionaje de Pavel Rubtsov, alias Pablo González, en Polonia. Esto pronto se aclarará», opina Konrad Koodziejski, columnista del semanario Sieci. Mientras en España su larga detención a la espera de juicio se señaló como un abuso desde algunos sectores, en Polonia su entrega sin ser juzgado se ve en otros ámbitos como una traición a la soberanía legal polaca.
También la suspensión y reanudación del caso ha causado controversia y acusaciones cruzadas de no querer llegar hasta el fondo del asunto. La Cancillería del Primer Ministro y el Tribunal de Distrito de Varsovia chocaron la transferencia de documentos secretos relativos al caso. El caso fue devuelto al Tribunal de Distrito de Varsovia después de que el Tribunal de Apelación revocara la sentencia que suspendía el proceso penal señalando que habría salido en virtud de un acuerdo secreto. Pero el acuerdo bajo el cual González salió de Polonia no incluía la prohibición de regresar al país. La decisión del tribunal de reabrir el proceso se tomó en agosto pasado tras revisar material clasificado proporcionado por los servicios de inteligencia y la Cancillería del primer ministro. El Tribunal de Apelación consideró que la decisión se dictó de forma prematura.
En la prensa polaca casi nadie discute ya la etiqueta: se habla de «espía ruso» o «agente del GRU» más que de periodista, y evitan usar su apellido español, pese a ser tan verdadero como el ruso. En un momento en el que la presión rusa ha aumentado a través de la entrada de drones y recientes sabotajes, su caso se usa como ejemplo de la penetración de los servicios rusos en la oposición y los medios del país.
Pablo González reaccionó en redes sociales con ironía: «Sorpresón mayúsculo en Las Gaunas: hoy no he comparecido en los juzgados en Varsovia. No tenía ni idea, no me lo han comunicado«. En realidad, sus abogados, tanto en España como en Polonia, estaban al tanto de la vista. Los letrados polacos acudieron a la cita, pero renunciaron a hacer declaraciones a la prensa. «Si no fuera por la presión política, el caso estaría ya suspendido, cerrado o lo que sea», añadió González en X. Desde Moscú se mostró seguro de que «con la ley polaca en mano están en un callejón sin salida», pero que si el juicio avanzase «la opinión pública sabría la farsa que es y yo podría hablar sin tapujos de todo».
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