El país centroamericano asiste a una votación imprevisible por la creciente influencia externa Leer El país centroamericano asiste a una votación imprevisible por la creciente influencia externa Leer
«Hay que hacer el cambio porque Dios no quiere que sigamos en lo mismo», reflexionó sin estridencias María Valencia, sentada en las gradas de la Villa Olímpica de Tegucigalpa y sorprendida por la intensa afluencia de votantes en sus mesas electorales. Mientras aprovechaba para vender algunas delicias locales, como panes de coco o plátano, la emprendedora garífuna se expresaba a EL MUNDO con profunda sabiduría popular: «Los gobiernos que llegan son sólo para minorías y nada para el pueblo. Queremos el cambio«.
La mujer contrastó para este periódico la primera gran certeza de una jornada que comenzó entre incertidumbres nacionales y presiones desde el norte. La intensa afluencia a las urnas en Honduras, con largas filas para votar, descolocaban, en principio, los planes oficialistas, que había preparado al detalle un entramado para seguir en el poder pese a haber perdido buena parte de su apoyo popular.
«¿Aceptarán el resultado del Consejo Nacional Electoral (CNE)? Aceptaremos el resultado del pueblo hondureño», matizó Héctor Manuel Zelaya, hijo del matrimonio Xiomara Castro/ Mel Zelaya y hombre fuerte del gobierno. La candidatura izquierdista ya ha adelantado que no reconocerá los resultados preliminares que avance esta noche el CNE. Lo mismo ha repetido el obediente general Roosvelt Hernández, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, quien estuvo presente, junto a otro miembro de la familia Zelaya, en el megafraude orquestado el año pasado por Nicolás Maduro. Los Zelaya y el chavismo son estrechos aliados. El estado de excepción está vigente en el país.
«En sus manos está dirigir la constitucionalidad por la senda democrática», espetó a Roosvelt la consejera presidenta del CNE, Ana Paola Hall.
En el mismo centro donde Valencia apostaba en el cambio apareció de repente Salvador Nasralla, el outsider liberal que representa ese mismo sentimiento. Entre gritos de apoyo de sus seguidores e insultos de las barras bravas del oficialismo, el periodista de 72 años acompañó a su esposa. «Este país se empieza a cambiar desde actos sencillos pero valientes, como levantarse, ir al centro de votación y marcar una opción con conciencia», disertó el candidato favorito.
En el bando nacional, su abanderado, el exalcalde capitalino Nasry Tito Asfura, conocido como Papi a la orden, aguantó estoicamente su cola para votar en Tegucigalpa. Los ecos del apoyo vehemente y por duplicado de Donald Trump, al que se sumó Javier Milei, marcan también la jornada electoral. Tanto como el polémico indulto al ex presidente narco, Juan Orlando Hernández, que estaba condenado en EEUU a 45 años de prisión.
«El pueblo volverá a triunfar», insistió por su lado la candidata oficialista, Rixi Moncada.
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