En el año 2026, la humanidad ha conseguido que la mayoría de los cánceres tengan cura, ha rodeado la Luna y la Inteligencia Artificial escribe mejor que la mayoría de los universitarios. Pero en las farmacias españolas los boticarios siguen recortando con un cúter el cupón precinto de los medicamentos financiados y pegándolos con celo en una hoja para mandarlos a la Administración y que se los reembolse.
El real decreto para cambiar el sistema está listo para su aprobación. La incorporación será progresiva por la diferencia de modelos de cada comunidad autónoma
En el año 2026, la humanidad ha conseguido que la mayoría de los cánceres tengan cura, ha rodeado la Luna y la Inteligencia Artificial escribe mejor que la mayoría de los universitarios. Pero en las farmacias españolas los boticarios siguen recortando con un cúter el cupón precinto de los medicamentos financiados y pegándolos con celo en una hoja para mandarlos a la Administración y que se los reembolse.
Si esto sigue sucediendo, asegura Marta Galipienzo, vicepresidenta del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, es porque no hay una norma legal que ampare una alternativa tecnológicamente más acorde a los tiempos. Pero esto está a punto de cambiar. El Ministerio de Sanidad ya tiene listo el real decreto que dará paso a un sistema digital que sustituirá al cúter y al celo. Su aprobación es inminente y podría llegar esta misma semana, según fuentes del sector.
Pero el recortar no se va a acabar tan rápido. Galipienzo advierte de que durante un tiempo convivirán los dos modelos: el cupón de papel y el justificante digital. “Estamos recomendando solapar una facturación de cupón con una digital hasta que se compruebe que cuadra el céntimo”, explica. La razón es que cada comunidad tiene sus procedimientos, sus calendarios y sus sistemas de facturación, pero el dinero que se paga a las farmacias exige precisión.
El nuevo modelo se apoyará en el repositorio nacional de medicamentos, en funcionamiento desde 2019, que permite identificar cada envase mediante un código único. Pero para el Consejo General de Colegios Farmacéuticos no basta con capturar ese código en el momento de la dispensación. Hace falta acreditar que el envase no puede volver a entrar en el circuito comercial. “Necesitas un justificante de que ha pasado ese tiempo y de que ese envase nunca más va a poder ser introducido al repositorio nacional y vuelto a poner en la venta”, resume Galipienzo.
El problema, insiste, no es tecnológico, sino normativo y de garantías. La farmacia necesita demostrar que ha dispensado un medicamento financiado y la Administración comprobar que debe pagarlo. “Mientras no haya real decreto, no hay un sitio donde ir a hacer ese cotejo”, afirma. Por eso el sector defiende que el criterio sea común para toda España, aunque luego cada comunidad autónoma mantenga sus competencias para organizar la presentación de facturas y el pago.
La Comunidad Valenciana se ha adelantado al resto en un proyecto piloto. Según la Conselleria de Sanidad, ha consolidado ya el modelo de verificación digital tras un año de funcionamiento y 113 millones de envases dispensados desde la implantación del sistema. Marciano Gómez, conseller de Sanidad, lo presenta como “un avance muy relevante en trazabilidad”, porque permite identificar de forma unívoca cada medicamento dispensado y vincularlo a una receta y a un paciente concreto.
El sistema valenciano se basa en la captura del código DataMatrix y la verificación del identificador único del envase. Con esa información, la Administración puede conocer también el lote y la fecha de caducidad de cada medicamento dispensado. Esto resulta especialmente útil ante una alerta de calidad o la retirada de un lote: según la Conselleria, permite identificar en pocas horas a los pacientes afectados, el número de envases dispensados y las oficinas de farmacia en las que se entregaron.
La implantación fue progresiva. Empezó en septiembre de 2024 en Castellón, con cerca de 300 farmacias; continuó en diciembre de ese año en Alicante, con más de 800; y culminó en febrero de 2025 en Valencia, con 1.240. Hoy, según Sanidad, el sistema está operativo en las 2.345 oficinas de farmacia de toda la Comunitat Valenciana, la primera y por ahora única autonomía que ha sustituido el cupón precinto físico por un justificante digital.
La Conselleria calcula que el nuevo modelo evita cada año la impresión de unos 54 millones de hojas justificantes y la gestión física de más de 72.500 cajas de documentación, cada una con hasta 500 hojas llenas de cupones recortados. Para la Administración valenciana, el ahorro directo supera los 650.000 euros por la reducción de papel, almacenamiento y destrucción documental. Para las farmacias, las estimaciones sectoriales elevan el ahorro operativo a 4,7 millones de euros anuales.
También ahorra tiempo. El que no gasten los farmacéuticos en recortar y pegar los códigos de barras, “podrán dárselo a los pacientes”, reflexiona Galipienzo. Es realmente lo único que cambia de cara a los clientes de las farmacias.
No todos los medicamentos financiados podrán incorporarse de inmediato al nuevo sistema: algunos no llevan identificador único porque no requieren receta, y esos seguirán necesitando cupón físico. Tampoco desaparecerá el papel de un día para otro. Como ocurrió con la receta electrónica, la transición será progresiva.
Sociedad en EL PAÍS
