Así son los fans de Bad Bunny

¿Qué tienen en común artistas globales de hoy como Kendrick Lamar, Rosalía, C. Tangana y Bad Bunny? Que conectan con su identidad y reivindican una herencia cultural, ya sea las Grecas, George Clinton, Camarón o al puertorriqueño Héctor Lavoe. Hasta el punto que esa identidad la acaba haciendo suya cualquier persona de cualquier generación, estrato social y punto geográfico. Eso explica por qué entre los y las fans de Bad Bunny que se darán cita en el Estadi Olímpic de Barcelona este viernes y sábado, en su primera aparición en España de la gira Debí tirar más fotos, se puede encontrar tanto a quinceañeras catalanas de ambientes acomodados como a jóvenes inmigrantes latinoamericanos o profesionales del sector cultural vanguardista de Barcelona.

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 Qué tienen en común una quinceañera de la escuela suiza, un segurata hondureño, un editor de ‘Metal’ y la directora del Sónar+D  

¿Qué tienen en común artistas globales de hoy como Kendrick Lamar, Rosalía, C. Tangana y Bad Bunny? Que conectan con su identidad y reivindican una herencia cultural, ya sea las Grecas, George Clinton, Camarón o al puertorriqueño Héctor Lavoe. Hasta el punto que esa identidad la acaba haciendo suya cualquier persona de cualquier generación, estrato social y punto geográfico. Eso explica por qué entre los y las fans de Bad Bunny que se darán cita en el Estadi Olímpic de Barcelona este viernes y sábado, en su primera aparición en España de la gira Debí tirar más fotos, se puede encontrar tanto a quinceañeras catalanas de ambientes acomodados como a jóvenes inmigrantes latinoamericanos o profesionales del sector cultural vanguardista de Barcelona.

“Estos son artistas con una credibilidad, una potencia y una genuinidad que no encontrabas en el modelo tradicional de artistas de música urbana, que a veces trataba de hacerse pasar por americanos. No había un rasgo diferencial con el que la gente se pudiera identificar”, considera Marcelus Airlinz, socio de La Séptima, el estudio de L’Hospitalet desde donde se toma el pulso a esta ciudad obrera y luchadora, con perfil joven de hijos de inmigrantes que reivindican a sus artistas. Como Morad.

Es el fenómeno post trap y post reguetón: la forma en que reivindica sus raíces y conecta con el público es algo nuevo

En el éxito de Bad Bunny hay el factor de la necesidad de la juventud de romper con lo que la generación anterior ha establecido. “Él representa el fenómeno post trap y post reguetón: es algo nuevo la forma en que reivindica sus raíces, en que conecta con el público. No es Arcángel, es otra cosa. Ni tampoco un Calle 13 que basa su carrera en posicionamientos políticos, sino que de manera natural y fluida lleva la batuta de lo que esta bien o mal”, añade Airlinz.

Y las redes sociales han sido fuente de contagio y sentimiento de pertenencia que han consolidado a este artista. Andrea Faroppa (1990), responsable del Sónar+D e hija de diplomático de Uruguay amante de la música, es de las fans que pasa una noche en vela con las amigas para asegurarse una entrada para el concierto. Su conexión con el puertorriqueño, al principio más vinculado al trap, no fue inmediata, cuenta.

Fue en 2018 que empezó a presentarse como un hombre latino abierto a la diversidad e inclusividad. En 2019 causó revuelo al pintarse las uñas, lo cual fue motivo de celebración para las mujeres ver como un artista mandaba un mensaje importante rompiendo estereotipos y, especialmente, dándole en la línea de flotación a las actitudes machistas.

Un grafiti del artista Alberto León en el centro de Barcelona, reivindica la paz frente al presidente estadounidense con una imagen del cantante puertorriqueño Bad Bunn
Un grafiti del artista Alberto León en el centro de Barcelona, reivindica la paz frente al presidente estadounidense con una imagen del cantante puertorriqueño Bad BunnMarta Perez / EFE

Que Sónar lo confirmara para su edición de 2019 fue para ella un momento de éxtasis, aunque Enric Palau, cofundador del festival, recuerda las críticas apasionadas que sufrieron por parte del fan electrónico: “Se lo tomaron como un insulto a la inteligencia, para los puristas era el enemigo en casa. Pero su actuación fue un fenómeno. Por primera vez había un concierto de baladas en el escenario principal, algo impresionante, excelente espectáculo y gente con banderas de Puerto Rico, público que no había venido nunca a Sónar… y algunos críticos asistieron y se callaron para siempre jamás”.

Faroppa justifica la apuesta del Sónar: “No era solo por su música sino por su posicionamiento. Pintarse las uñas fue el preámbulo a momentos icónicos como su canción Yo perreo sola o Andrea , dedicada a una persona transgenero asesinada en Puerto Rico. Luego hubo su involucración con la situación sociopolítica en el apagón de Puerto Rico. Y nos acompañó en la pandemia con Safaera . Bad Bunny sigue con capacidad de explorar y romper con una industria muy ready made de copia y pega. Le da visibilidad a ritmos y artistas de Latinoamérica y eso es algo que va impactando en todo el sector y en la creación musical. Y a la industria no le queda otra que responder. El ritmo lo marca el público, que está preparado y quiere conectar con las raíces, la historia, las tradiciones…”.

Otro fan acérrimo es Arnau Salvado, editor de la revista de tendencias METAL , natural de Mataró y criado en el polígono y la cultura del reguetón. Él ve en Bad Bunny la nueva ola. “Es verdad que yo al principio lo rechacé; quería ser una persona más guay e interesante y me metí en otras movidas, como la movida underground electrónica, porque esa era una escena sin las barreras que encuentra un maricón en un polígono donde la música es mega machista y va de tíos ligando con tías. Hasta que vi que por qué iba a rechazar algo que me interesaba y que me hacía bailar y sentir, que al final es el objetivo del arte. No creo en la distinción de alta y baja cultura”.

La pandemia fue decisiva también, cuando Bad Bunny sacó el álbum Yo hago lo me da la gana , y yo me puse noche y día y le puso en un mapa mundial y el mainstream. La generación de mis padres siguen pensando que es una superficialidad y una machistada, y puedo entenderlo. Pero él saca Yo perreo sola y se disfraza de tía cuando las barreras de entre intereses culturales de gays y heteros se diluyen. Esto lo acercó mucho a la juventud. Sabe capturar las vibraciones de lo que está pasando: si antes eran machirulos, cochazos y AK-47 y prostitutas en trasparencias en una casa de Miami súper fea, él decidió hacer un clipazo que parece sacado del K-pop, con gran coreografía, millones de extras super bien vestidos y él drageado vivo. Y era mucho más interesante que todo lo que habíamos visto hasta entonces. Y el reguetón no es más machista que otros géneros. La música que escuchas es una parte pequeña de tu formación y pensamiento cultural e ideológico. Puedes separar y decir que este sábado te quieres pillar un pedo y perrear hasta el suelo y sexualizarme y ser feliz, y el 8M iré a la mani y pediré derechos”.

Al mismo tiempo, Nora Benhamou (16), estudiante en la Escuela Suiza de Barcelona y jugadora de vóley con el Barça, cuenta que descubrió a Bad Bunny con 8 años por sus padres, que trabajan en un festival de música. Ella no consiguió entrada el día que salieron a la venta. Qué llorera. Habría tenido un disgusto descomunal si su madre no habría logrado una entrada para el Olímpic. “Habría sufrido FOMO de ver que todo el mundo iba y yo no”.

“Yo con 8 años no entendía ni las letras con ese acento que él tenía –explica–. Pero veía que le gustaba a todo el mundo. Algo bueno tendría. Y ahora me gusta el cambio que ha hecho de aquel reguetón más machista a hablar de cosas políticas y cotidianas, muy de su tierra. Me gusta que parece que sabe de dónde viene. No se avergüenza de nada. Y el tema de Estados Unidos y Trump lo ha querido expresar e hizo un homenaje precioso en la Superbowl. Me gusta no solo la música sino él como personaje público. Mis amigas somos todas muy fans y hablamos mucho de su música”.

Por último, hay un joven hondureño, Edgar Manito (31), que lleva cuatro años residiendo en Manlleu. Dejó colgado su último año de ingeniería en su país y ahora trabaja en una empresa de seguridad. Y no, no ha conseguido entrada para el concierto y ha seguido mirando. “Hubo un tiempo que se limitaron todas y aparecieron luego a un precio muy elevado. Mi límite habrían sido 150 o 200 euros. Si eres seguidor de alguien, lo compras y ya luego te recuperas. Yo he sido más fiel seguidor de Bad Bunny desde su álbum de 2025. No me parece extraño que en Catalunya haya tanto fan de este artista. A mucha gente, joven y mayor, les gustan los ritmos y las mezclas. Y él es un artista que sabe llegar a la gente. Impresionante sí que es. Y me gusta que sea así, me representa como latino, te hace sentir en conexión con mi familia… no sé. A mí me gusta que ha sido él mismo, que es lo que todos deberíamos ser. Vivimos en países de libres expresiones. Y él es un chaval que empezó de la nada y que ha reivindicado a los países latinos a los que muchas veces se nos tiene marginados”.

Pero… ¿de su estilo que es lo que más le atrae?

“Más que todo, el plan de fiesta. A mí si me pones rumba catalana y me pierdo también”.

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